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Antisistema

Por qué ser feliz es contracultural (y fácil), según Borja Vilaseca

El escritor español dijo que vivimos una “epidemia de malestar” y que, para peor, la normalizamos.

06.11.2026 07:00

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Cuando alguien recuerda el día más feliz de su vida, rara vez elige un martes cualquiera. Lo habitual es que nombre su casamiento, el nacimiento de un hijo, un ascenso o la final que ganó su cuadro. ¿Y qué tienen en común todas ellas? Que son fechas marcadas por algo que llegó desde afuera y que, por un rato, hizo que todo pareciera perfecto en la vida de esa persona.

Para el escritor español Borja Vilaseca, esa manera de entender la felicidad es justamente donde empieza el problema. En un video publicado en YouTube, el fundador de la comunidad de autoconocimiento Kuestiona sostuvo que “la felicidad es una de las palabras más maltratadas y prostituidas por la sociedad”, y criticó que “la cosmovisión occidental” la ubica afuera de la persona, como algo que se consigue.

Lo que explica Vilaseca es que buena parte de lo que llamamos felicidad en el día a día, en realidad son “sucedáneos de felicidad”. Entre ellos están el placer, la euforia, el entretenimiento y la evasión, emociones que dependen de las circunstancias externas. Y como esos sustitutos no colman el anhelo de sentirse en paz con uno mismo, todo el tiempo tenemos que salir a buscar más.

“Cada vez necesitas más de estos estímulos externos y te vas volviendo adicto”, advirtió. De ahí surge lo que él llamó una felicidad “egoica”, que tiene que ver con el ego y marca que, si lo que te hace feliz es una persona o un trabajo, aparece la necesidad de poseerlo y el miedo a que te lo quiten. En sus palabras, “eso que llamas felicidad se acaba convirtiendo en tu cárcel”.

La felicidad como un estado interior

Pero Vilaseca aseguró que se puede salir de esa “trampa”. El primer paso que propuso fue desaprender: cuestionar las creencias de una cultura que describió como materialista y consumista y abrirse a una visión “más oriental de la vida”.

“La verdadera felicidad es un estado, no tiene una causa externa, la verdadera causa es interna”, sostuvo. Para él, la felicidad es “nuestra verdadera naturaleza” y el problema es que vivimos boicoteándola al mirar hacia afuera. “La felicidad deviene cuando la mente se disuelve, cuando nos desidentificamos del ego”, explicó, y sumó otras condiciones como que los pensamientos se calmen, poder regular las emociones y liberarse del dolor.

Pero sobre todo, remarcó que la clave está en “vivir aquí y ahora”, sin postergar la felicidad para un futuro ideal mientras se pierden “las pequeñas grandes cosas de la vida”.

Ser feliz en una época de malestar normalizado

Por otra parte, en una newsletter enviada a su comunidad, Vilaseca propuso reflexionar sobre la felicidad y el marco social de estrés crónico, ansiedad, depresión, insomnio, “pastillas para dormir y pastillas para despertarse” en el que nos encontramos.

“Vivimos una auténtica epidemia de malestar. Y lo más curioso es que la hemos normalizado”, escribió. Por eso, aseguró que “ser feliz es profundamente contracultural”.

Otro de los puntos sobre los que llama la atención respecto a la cultura de ser infelices es la educación. Dijo que tras pasar décadas en el sistema educativo, las personas aprenden a memorizar, a obedecer y a sacar buenas notas, pero nadie les enseña qué hacer con el miedo, la ira o la tristeza. “No hay educación emocional. Hay adiestramiento”, resumió. El resultado, a su entender, es una mentalidad normativa que desemboca en “un vacío existencial tremendo”.

Hasta que la educación cambie de raíz, afirmó, el autoconocimiento tendrá que hacerse de forma autodidacta, y eso lo convierte en una rebelión, porque al sistema no le interesa que la gente se haga demasiadas preguntas. Pese a eso, dijo ver cada vez más grietas, por las que “empieza a entrar la luz”.

El mismo punto de partida aparece en su libro Ser feliz es fácil, donde habla del método más simple para disfrutar de la vida y admite que hablar de felicidad en medio de tanto malestar puede sonar a provocación, pero sostiene que es alcanzable. Su propuesta combina filosofías orientales con hallazgos de la neurociencia para cuidar el cuerpo, la mente, el espíritu y el sistema nervioso.

Y un punto central: se trata de una mirada que no sustituye la consulta con profesionales de la salud mental.

El autoconocimiento como la pastilla roja de Matrix

Entre las formas que plantea para salir de ese círculo que solo asegura vivir en malestar, el autor recurrió a una metáfora que involucra a la película Matrix, donde Neo, el protagonista, elige entre la pastilla azul, que lo devuelve a su vida dormida, y la roja, que le muestra la verdad. “El autoconocimiento es la pastilla roja. Y no voy a mentirte: no es agradable”, afirmó.

Tomarla, según detalló, implica:

  • Cuestionar lo que siempre se dio por sentado.
  • Mirar hacia adentro en lugar de buscar culpables afuera.
  • Lidiar con el dolor que se viene evitando desde hace años.
  • Sanar las heridas de la infancia e iluminar las propias sombras.
  • Revisar las creencias limitantes heredadas de la familia y de la sociedad.

Para él, ese costo explica por qué este discurso está “tan demonizado”: conocerse es doloroso y resulta mucho más cómodo seguir dormido. Pero cada vez más personas lo aceptan, porque en el fondo todos quieren ser felices, y en eso, sentenció, “el sistema ha fracasado estrepitosamente”.