AgregarAgreganos en GoogleGoogle

¡No me digas!

Por qué a veces preferimos no saber, según la psicología

Evitamos algunas noticias y buscamos otras. Estudio de Universidad de Tel Aviv explica la lógica emocional de la ignorancia deliberada

02.07.2026 08:00

Lectura: 4'

Compartir en

Montevideo Portal

Comprás algo, quedás contento, y a la semana lo ves en otra tienda. Sabés que no lo podés devolver, que averiguar el precio no cambia nada, pero allá vas corriendo a mirar para confirmar que pagaste mucho más. Del otro lado, la escena opuesta: el que no quiere saber y deja en un cajón ese sobre cerrado con los resultados de los análisis médicos hasta después de las vacaciones.

¿Por qué a veces evitamos una información y otras no podemos parar de buscarla, aunque duela? Un trabajo de la Universidad de Tel Aviv se metió con esa contradicción. Sus autores, el profesor Yaniv Shani y el profesor Marcel Zeelenberg, de la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos, publicaron una amplia revisión de la literatura psicológica en la revista Current Opinion in Psychology.

La idea central va a contramano de una creencia bastante extendida. Solemos pensar que la "ignorancia deliberada", o sea el hecho de elegir no saber algo, es sobre todo una manera de esquivar responsabilidades frente a los demás. Pero el trabajo propuso algo más amplio: muchas veces evitamos, o buscamos, información para regular nuestras propias emociones y manejar la sobrecarga psicológica.

Según los hallazgos, buena parte de las personas posterga recibir información importante porque teme sus consecuencias emocionales. No abrir los resultados médicos antes de un viaje, no mirar la app del banco cuando sabemos que el saldo será menor del que querríamos. Esa evitación, señalaron los investigadores, no nace de la indiferencia, sino del deseo de posponer el momento de la confrontación emocional. No es que no importe: importa tanto que se prefiere elegir cuándo enfrentarlo. El miedo, en esos casos, no suele ser al dato en sí, sino a lo que ese dato obliga a hacer o a sentir después.

Cuando buscamos lo que duele

Lo curioso es que el mismo mecanismo también empuja para el lado contrario. En situaciones de incertidumbre, las personas salen a buscar información dolorosa incluso cuando no les sirve de nada. El ejemplo más cotidiano es el del precio: revisar cuánto sale hoy algo que ya compramos, solo para saber si perdimos plata, aunque la decisión no tenga vuelta atrás. "Buscábamos identificar las razones que llevan a la gente a buscar información inútil, por ejemplo, por qué los consumidores comparan precios de productos que compraron hace tiempo", explicó Shani.

Detrás de esas conductas, apuntó el estudio, están las emociones "contrafácticas": el alivio, el arrepentimiento o la desilusión que aparecen cuando comparamos lo que pasó con lo que podría haber pasado, ese "y si hubiera…". Son las mismas comparaciones que asoman en frases como "si hubiera estudiado otra cosa" o "podría estar en otro lado ahora", y que tiñen lo que hacemos con la información a mano. A veces, la molestia de no saber termina pesando más que el dolor de saber.

La "ignorancia deliberada" también asoma en el plano moral, y no siempre con mala intención. Hay quien prefiere "no saber" cómo sus decisiones afectan a otros para no cargar con la culpa. Pero esa evitación tiene un límite: cuando no saber puede derivar en un daño serio para otra persona, es justamente la dificultad para tolerar la incertidumbre la que termina empujando a enfrentar la verdad.

Dos preguntas que definen la conducta

Al comparar los dos comportamientos, los autores armaron un modelo simple, ordenado alrededor de dos preguntas: "¿Soy capaz de soportar la incertidumbre?" y "¿Soy capaz de soportar la verdad?". Según el trabajo, evitar y buscar información no son opuestos: nacen del mismo mecanismo emocional, que intenta equilibrar el miedo a saber contra el dolor de no saber. La balanza se inclina para un lado o para el otro según cuál de los dos resulte más tolerable en ese momento.

En el fondo, ambas conductas cumplen una función parecida. Evitar puede aplazar el malestar; buscar, aun cuando duela, puede traer cierre y aliviar la incertidumbre. Lo que cambia es qué necesita cada persona para sentirse en equilibrio.

Ese ida y vuelta ayuda a explicar una paradoja: por qué alguien puede perseguir un dato que solo le va a doler y, al mismo tiempo, esquivar otro que sí podría serle útil. El estudio ofreció una lente para pensar las decisiones en un mundo donde la información está siempre a un clic, saturado de datos y notificaciones. Lo que sabemos, plantearon los autores, no es lo único que importa: cuenta igual cómo nos sentimos cuando elegimos saber o cuando preferimos quedarnos en la duda.

Montevideo Portal