Por Patricia Vicente
“101 kilos. Hoy dejo de esconderme”. Esa frase, en letras blancas y llamativas sobre fondo negro, captó miles de miradas en Instagram y el video que seguía al texto se viralizó en pocas horas. Noelia Lorenzo Aude, creadora de ese contenido, no podía creer la cantidad de mensajes de apoyo, de aliento y de buenos deseos que le llegaron. Había empezado el proceso de descenso de peso que irá compartiendo en su Instagram en tiempo real.
Activa, deportista desde la niñez y entrenadora física desde muy joven, con sus 48 años y su 1,56 metros de altura, Noelia contó a Montevideo Portal que tenía que poner un punto final a su aumento de peso, porque se dio cuenta de que no le iban a quedar muchos años de vida si no lo hacía.
Una tragedia que la marcó
Su problema con los kilos comenzó a los 24 años, tras vivir un momento de quiebre en su vida. Estaba embarazada, casi a término, cuando su esposo se dio cuenta de que estaba durmiendo mucho más de lo normal. Fueron al médico a consultar y llegó la peor noticia: “Germain se llamaba mi bebé y la perdí. Yo no entendía dónde estaba parada. Había sido un embarazo alucinante. Pero me miré el abdomen, lo tenía por allá abajo, Germain ya no estaba”.
“Me preguntaron si quería parto natural o cesárea y yo no estaba preparada para nada. Pero esa burocracia de los lugares, la falta de adaptación al trato que tienen que dar psicológicamente… Tuve una cesárea y yo ahí, con mis pechos llenos de leche, con bebés naciendo alrededor. Fue terrible”, relató. Su vida cambió y, aunque hoy no se explica mucho por qué, asoció el deporte a la pérdida del embarazo y pasó a enojarse mucho con la que hasta ese momento era su principal actividad.
La depresión ganó, empezó a sufrir claustrofobia y la comida se volvió su refugio. “Me venían muchos ataques de pánico durante las clases, y las alumnas ni se enteraban. Empecé a comer, a comer y a comer, y a sentir esa satisfacción, esa calma. Era como llenar ese vacío tan grande que me dejó la pérdida”, recordó.
Pasaron muchos años y Noelia siguió sumando kilos, pese a varios intentos que hizo por detener la escalada en la balanza. Hizo tratamientos con nutricionistas, hizo dietas, fue a Gordos Anónimos, tomó esos polvitos que prometen adelgazar para siempre y también se hizo un balón gástrico. “He pasado por todo lo que una persona puede pasar para adelgazar, menos por una cirugía bariátrica. Pero la diferencia es que nunca me había animado a mostrarme, nunca había hablado de mi situación”, dijo.
En tiempo real y con apoyo
Hoy Noelia decidió compartir en sus redes su proceso de adelgazamiento y sabe que no será fácil, pero está convencida. En el primer video que publicó ella planta su bandera: “La obesidad es mi realidad, pero no mi destino”. Con ese lema se puso en marcha, sumando el apoyo de su esposo (con quien comparte la vida desde los 14 años), de sus hijas, sus amigos, su psicóloga y también de su hermano. Y ese último es especial.
Noelia no lo sabía, pero él decidió ser nutricionista para ayudarla con su lucha contra el sobrepeso. Ella se enteró de esto ahora y también fue un punto importante de su decisión de aceptar lo que pasa y enfrentarlo. La charla que tuvieron, y que la emocionó mucho, quedó grabada en video.
Con la ayuda de su hermano, algunos cambios ya se pusieron en marcha. Por ejemplo: “Yo me paso mucho tiempo sentada en la cocina de mi casa y atrás tenía un cajón con comida. Giraba, agarraba, comía; giraba, agarraba y comía. Y así me pasaba horas. Era como que estaba pegada, no podía cortar. Entonces, vino mi hermano y me preguntó dónde me siento, me cambió el lugar, cambió lo que había dentro del cajón, me puso algunas cosas lejos, en lugares bastante incómodos”.
A esos cambios, Noelia le sumó el retorno a la práctica de ejercicio. Porque si bien su vida siempre giró en torno al deporte, y dirige un gimnasio desde hace años, se había apartado de lo activo. Dirigía clases, pero no hacía los ejercicios, solo los indicaba. Perdió movilidad y, como muestra en el video en el que lanzó su proceso, hoy le cuesta incluso cruzarse de piernas.
“Yo trabajo con la salud, pero me fui alejando de la Noelia profesora. No quería mostrarme frente al público estando así, porque yo estaba vendiendo salud. Un día dejé de hacer las clases activas, solo las dirigía. Y eso me trajo cero movimiento y mi depresión y mi claustrofobia no tenían descarga”, recordó.
El punto de inflexión
Tras la pérdida de Germain, Noelia perdió otros embarazos, pero años después pudo volver a ser mamá. Ya tenía a Nicole, que hoy tiene 26 años, y se sumaron Uma y Martina. Junto a ellas y a su esposo y peleando contra la claustrofobia, viajaron a Disney hace ya varios años. Allí sufrió lo que recuerda como “el ataque de pánico más grande de la vida”. “Se me durmieron las manos, sudaba, estaba paralizada, tenía miedo y pensé que me moría ahí, en un parque de Disney. Me entregué a Dios. Pero de a poco me fui sintiendo mejor. Después de eso, dije basta, esto se tiene que terminar y empecé a ir a la psicóloga. Me cambió la vida”, reflexionó.
“Fui descubriendo mi cuerpo, fui ganándole de a poquito los miedos, animándome a más cosas. La claustrofobia la fui tratando, primero con medicación y después ya sin ella. Estoy mucho mejor, porque pude aceptarme y aceptar la situación. Hoy no tengo más pánico, ya no tengo depresión, pero no me encuentro conmigo, siento que estoy en un envase equivocado”, afirmó.
Consultada sobre la tendencia actual del “body positive”, de “aceptar el cuerpo” como sinónimo de lucha contra cánones de belleza impuestos (aunque la salud se vea resentida), Noelia marcó un punto clave: “Cuando lo estético y lo funcional se encuentran, es una bomba”.
A ella la gordura ya no solo le afectaba porque no le gustaba cómo se veía y no se dejaba sacar fotos y no se miraba en los espejos, sino que también le empezó a restar posibilidades. “Se me cae una cosa en el auto y no la puedo agarrar. Tengo que abrir la puerta, sacar los pies para afuera, inclinarme… Y no quiero eso. Son cosas que lamentablemente me empezaron a pasar y no las quiero porque mis funciones se ven totalmente reducidas”, dijo.
“Yo siempre iba y pedía un vaquero dos talles más chico, porque no me aceptaba y no reconocía a esa Noelia. Ahora me acepté, pero no para quedarme así, sino para poner un punto”, dijo. “Hoy elijo tener calidad de vida. Quiero acompañar a mis hijas en todos los procesos, tener nietos, seguir compartiendo la vida con mi esposo y no perder las funciones básicas, que las vengo perdiendo de a poco”, agregó.
“Los análisis me dieron bien”
Noelia es consciente de que el camino no será sencillo ni rápido; que habrá altos y bajos, llantos, enojos y presiones, pero confía en que lo podrá superar y llegar al objetivo que se planteó. Comenzó la ruta haciéndose análisis de sangre y todos le dieron bien, pero en eso también es realista, dijo. “Ahora me dieron bien, pero sé que si sigo así van a dar mal y no me van a quedar muchos años de vida”, aseguró.
El proceso lo acompañará con su psicóloga, con médicos generales, endocrinólogos, con su hermano nutricionista y con su familia. “Empiezo con todo, me siento feliz de haberme enfrentado a mí, de mirarme y aceptarme. Ojalá muchas mujeres se sientan reflejadas y las ayude, pero principalmente, lo hago por mí”, apuntó.
“No espero cambios rápidos, ni tampoco voy a mentir. Si me siento bárbaro, lo diré y si me siento como el culo, también; será todo de lo más natural”, adelantó. Además, contó que hubo algunos “no negociables” con su hermano: la bebida cola la seguirá tomando, aunque en menor cantidad, y las tres empanadas del domingo cuando mira fútbol las va a mantener.
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