Perfeccionismo y malestar: cuando querer hacer todo tan bien nos termina haciendo mal
Tener metas altas y temer al error no se asocian igual con el malestar psicológico. Qué se sabe y cómo se trata.
Hay quien relee un mensaje de trabajo cuatro veces antes de enviarlo y, ya enviado, sigue pensando en una coma que quizás quedó fuera de lugar o que la persona puede haberlo malinterpretado. Tener estándares altos suele verse como una virtud, y en muchos casos lo es. Pero la psicología distingue entre ponerse metas exigentes y vivir pendiente de no equivocarse, y esas dos cosas no se relacionan de la misma manera con la salud mental.
Como señala un artículo publicado en el sitio neuro-class.com, buscar la excelencia no siempre tiene las mismas motivaciones. Para la psicología clínica, la autoexigencia funciona como un concepto que engloba diferentes patrones cognitivos y conductuales. En este sentido, diferencia dos grandes grupos:
- Los esfuerzos perfeccionistas (perfectionistic strivings), ligados directamente a la búsqueda de altos estándares.
- Las preocupaciones perfeccionistas (perfectionistic concerns), caracterizadas por el temor a cometer errores y la percepción de altas expectativas externas.
Incluso, según un estudio citado por el sitio, se habla de “perfeccionismo clínico”, que “implica una autoestima excesivamente dependiente del cumplimiento de determinados estándares. Este patrón es capaz de mantenerse incluso cuando perseguirlos genera consecuencias negativas”.
Al mismo tiempo, dice el artículo, “aparecen la autocrítica y la interpretación de las equivocaciones como fracasos personales” y eso lleva a que las personas eviten exponerse, estén preocupadas constantemente y procrastinen la realización de tareas, por miedo a cometer errores. En definitiva, estas situaciones “terminan afectando negativamente la salud mental y el funcionamiento cotidiano”.
Terapia cognitivo-conductual para el perfeccionismo
Entre los abordajes que suelen recomendar los psicólogos para tratar estos problemas vinculados con el sufrimiento que desencadena el perfeccionismo está la terapia cognitivo-conductual (TCC).
Con ella se abordan los pensamientos y las conductas que sostienen los patrones rígidos de exigencia y malestar. Entre sus estrategias, indica el mismo estudio citado, están la identificación y modificación de cogniciones disfuncionales, la reestructuración cognitiva, los experimentos conductuales y los ejercicios dirigidos a revisar los errores.
En base a estas herramientas, se pueden trabajar las interpretaciones rígidas sobre el rendimiento, el fracaso y los estándares personales.
Los autores del estudio citado evaluaron, en un ensayo aleatorizado, una intervención de TCC por internet en la que participaron 101 adultos con niveles elevados de perfeccionismo. El programa tenía cinco módulos estructurados sobre el reconocimiento de la autoexigencia, los estándares poco realistas, los pensamientos automáticos y el miedo a cometer errores, además de planes para mantener los cambios logrados.
El grupo que hizo el programa digital redujo de forma significativa la preocupación por los errores. También se observaron reducciones significativas de la ansiedad y un aumento de la satisfacción con la vida. En cambio, no hubo diferencias significativas entre los grupos en las expectativas y la crítica de los padres ni en las dudas sobre las propias acciones.
Los resultados sugieren que algunos componentes podrían requerir intervenciones diferentes o más prolongadas.
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