Vos sos un flaco bueno

Ozempic y Wegovy podrían frenar la conducta violenta, según un estudio

Un análisis con miles de adultos halló un patrón inesperado entre estos fármacos y la agresividad.

25.06.2026 10:00

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Montevideo Portal

Se hicieron famosos por hacer bajar de peso y ordenar la diabetes, y de paso coparon farmacias y charlas de sobremesa. Pero ahora el Ozempic y sus parientes aparecen en un lugar bastante inesperado de las noticias: una revista de criminología. Un nuevo análisis sugiere que estos fármacos podrían estar asociados a cambios en conductas vinculadas a la violencia. No porque vuelvan dócil a nadie, sino por algo más fino: cómo se pasa del impulso a la acción.

El trabajo lo firman Daniel Semenza y Christopher Thomas, de la Universidad Rutgers (Estados Unidos), y se publicó en la revista Criminology. La pregunta de partida era directa: ¿Influyen los agonistas del receptor GLP-1 en la conducta violenta de los adultos? Para responderla, los investigadores miraron su relación con dos factores muy ligados a la violencia: la impulsividad y el consumo de alcohol.

Conviene aclarar de qué se habla. Los GLP-1 son la familia a la que pertenece la semaglutida, el principio activo de Ozempic y Wegovy, fármacos que ya resultan familiares en todo el mundo por su uso en la diabetes y en el tratamiento de la obesidad.

Impulsividad y alcohol

Los autores analizaron datos de una encuesta de 2025 que incluyó a 7.521 adultos de Estados Unidos. El foco estuvo puesto en 821 personas que habían usado un medicamento GLP-1 en algún momento. La comparación clave fue entre quienes lo estaban tomando entonces, los usuarios actuales y quienes ya lo habían dejado, los exusuarios.

La conducta violenta se midió con un cuestionario autoinformado validado, que abarcaba acciones como peleas, agresiones y robos. Sobre esa base, el equipo examinó cómo el uso del medicamento modificaba la relación entre la violencia, la impulsividad y el alcohol.

Un vínculo que se afloja

En el conjunto de la muestra, tanto la impulsividad más alta como el mayor consumo de alcohol aparecieron fuertemente ligados a la conducta violenta. Pero esas conexiones se veían bastante más débiles entre quienes estaban tomando GLP-1.

Según los investigadores, la relación con la impulsividad era alrededor de un 62% más débil entre los usuarios actuales que entre los exusuarios. Y con el alcohol era cerca de un 52% más débil entre los usuarios actuales, aunque ese resultado fue menos consistente en los análisis adicionales.

“El hallazgo más fuerte del estudio fue que el vínculo bien establecido entre la impulsividad y la conducta violenta era sustancialmente más débil entre los usuarios actuales de GLP-1 en comparación con los exusuarios”, señaló Semenza, autor principal del trabajo y director de investigación del Centro de Investigación sobre Violencia con Armas de Nueva Jersey, en Rutgers, según cita Science Daily.

Cómo lo explican los autores

La hipótesis no es que el fármaco borre los impulsos, sino que interfiere en el tramo que va del impulso a la acción. “Nuestros hallazgos son consistentes con que estos medicamentos funcionen como la terapia cognitivo-conductual, debilitando el camino del impulso a la acción”, explicó Thomas.

Dicho de otro modo: la persona podría seguir sintiendo el mismo impulso, pero con menos chances de que eso desemboque en una conducta violenta. La misma lógica que persigue cierta psicoterapia, que no busca borrar la emoción, sino cambiar la respuesta.

El planteo se apoya en un dato de contexto difícil de ignorar: estos medicamentos se usan cada vez más. Para los autores, mapear todos sus efectos sobre la conducta no es un detalle menor, sino parte de entender su impacto en la salud y la seguridad de la población.

“A medida que los medicamentos GLP-1 se vuelven cada vez más extendidos, es importante comprender todos sus posibles efectos conductuales, incluidos los relevantes para la seguridad pública”, dijo Semenza.

Una señal, no una prueba

Pese al optimismo sobre los resultados, los autores se encargaron de poner el freno de mano y advirtieron que el estudio no puede probar que los medicamentos GLP-1 reduzcan directamente la conducta violenta. Al ser observacional y transversal, permite identificar asociaciones, no relaciones de causa y efecto.

Para saber si realmente generan una baja sustancial del riesgo de violencia, y por qué, harán falta estudios longitudinales y experimentales. Por ahora, lo que hay es una correlación llamativa que abre una hipótesis.

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