Ozempic, Wegovy y Mounjaro: los tres fármacos de moda para adelgazar ya están en Uruguay
Qué es cada uno, en qué se diferencian, por qué no son para todos ni están pensados para bajar unos kilitos y “llegar al verano”.
Adelgazar es uno de los temas centrales de la conversación de los uruguayos. Hay que tomar en cuenta que, por estas tierras, 3 de cada 10 adultos en el país tienen obesidad y 7 de cada 10, sobrepeso, según las cifras oficiales. Pero, en los últimos años, comenzó a pasar que la charla, invariablemente, terminaba en Ozempic. Que lo usan los famosos, que yo conozco a alguien que bajó un montón, que una amiga amiga lo trae de Argentina, que es peligroso, que no...
Incluso había médicos uruguayos que lo recomendaban, aunque no lo podían recetar porque no estaba en el mercado local. Pero ese medicamento, que nació pensado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, llegó a Uruguay en octubre de 2025. Y este año, en cuestión de un mes, se anunció que también está disponible para su venta Wegovy (específico para bajar de peso, del mismo laboratorio y con la misma molécula de base) y Mounjaro, que es otra droga y de otro laboratorio y se utiliza para los mismos fines.
Hoy los uruguayos tienen a su disposición la trilogía de los medicamentos de moda para adelgazar, de la que habla todo el mundo, de la que hay miles de videos en las redes, publicaciones virales con medias verdades o mentiras flagrantes, y fotos de famosos raquíticos por su supuesto uso. Y de la que, también (y afortunadamente), hay cada vez más información de médicos y nutricionistas que explican y enseñan al respecto.
Los fármacos para adelgazar en Uruguay
El último en sumarse fue Wegovy, que fue presentado por el laboratorio Novo Nordisk y Megalabs la semana pasada y ya está disponible en farmacias. Así como Ozempic, tiene como compuesto principal a la semaglutida, pero está diseñado especialmente para el manejo crónico del peso en personas mayores de 12 años con obesidad o con sobrepeso acompañado de comorbilidades, y no para la diabetes tipo 2.
Semanas antes había desembarcado en Uruguay Mounjaro, cuyo principio activo es la tirzepatida, es desarrollado por el laboratorio estadounidense Eli Lilly y representado en Uruguay por Adium. En el comunicado que anunciaba su llegada se informaba que su lanzamiento “amplía las opciones terapéuticas para la diabetes tipo 2 y marca un hito al incorporar el primer fármaco de una nueva clase terapéutica registrado para el tratamiento de la obesidad en el país”.
La endocrinóloga Mariana Elhordoy, jefa del Servicio de Obesidad del Hospital Militar y vicepresidenta de la Sociedad Uruguaya de Obesidad, atribuyó la fama de esta especie de trilogía a lo que ocurrió en redes sociales y en Hollywood, donde “explotó todo, la viralización de la información y de la desinformación, que es lo más peligroso”. Y en nota con Modo Saludable aclaró que, si bien estos tres son los más conocidos, la lista de fármacos para adelgazar disponibles en Uruguay es mucho más larga.
Tres nombres famosos, dos moléculas
Al hablar de estos medicamentos, se suelen plantear varios malentendidos. El más común es pensar que son los tres lo mismo.
Se podría decir que Ozempic y Wegovy son primos, ya que utilizan la misma molécula, la semaglutida y provienen del mismo laboratorio, pero tienen dos etiquetas. El primero está aprobado para diabetes tipo 2 y se usa en dosis más bajas. El boom de su utilización para el descenso de peso fue un ‘efecto secundario’ y, de hecho, determinó que en varios países del mundo los diabéticos se quedaran sin tratamiento porque se agotaba en farmacias. Y otra diferencia está en la dosis: Wegovy se utiliza en dosis más altas, de hasta 2,4 miligramos semanales, y está aprobado para el manejo del peso.
Mounjaro sí es otra cosa. Su principio activo es la tirzepatida, es de otro laboratorio y quedó registrado con doble indicación: diabetes tipo 2 no controlada y control del peso en adultos con obesidad o con sobrepeso sumado a al menos una comorbilidad, como hipertensión, dislipidemia, apnea del sueño o prediabetes.
The New York Times
Cómo actúan la semaglutida y la tirzepatida
La semaglutida imita a una hormona intestinal, la GLP-1 (péptido similar al glucagón-1), que el cuerpo libera cuando comemos y le avisa al cerebro que ya fue suficiente. Al copiar esa señal, enlentece el vaciado del estómago y baja el apetito. La tirzepatida hace lo mismo, pero además activa el receptor de una segunda hormona, la GIP. Es el primer fármaco que trabaja sobre las dos vías a la vez, algo que, según su fabricante, mejora también el metabolismo de las grasas.
Lo que sí tienen en común es que los tres se aplican en una inyección subcutánea, una vez por semana, y sus dosis van aumentando. En el caso de Wegovy, “el tratamiento empieza en 0,25 mg y puede ir hasta 2,4 mg, que es lo que está habilitado. En Estados Unidos, por ejemplo, ya está aprobada la dosis de 7.2”, explicó Elhordoy a Modo Saludable.
La especialista aclaró que no son medicamentos que generen adicción o tolerancia (cuando el organismo “se acostumbra”), pero dijo que el tratamiento está pensado con dosis que van aumentando paulatinamente. De hecho, señaló que hay casos de pacientes que, después de algunos meses de estar recibiéndolos, plantean que ya no les hace efecto. “Eso es porque no avanzamos, y hay que avanzar. O sea, el tratamiento incluye ese aumento de dosis progresivo”, explicó la médica.
El freno en el avance se da, muchas veces, por la barrera que impone el precio elevado de cada inyección. Los medicamentos ya están disponibles en farmacias uruguayas y sus precios varían de acuerdo a la dosis requerida. Hay desde 8.000 pesos hasta más de 20.000.
Wegovy
Para quiénes son Ozempic, Wegovy y Mounjaro
Hay un punto que es clave: ninguno de los tres fue pensado para bajar unos kilitos y “llegar al verano”. Los criterios aprobados apuntan a personas con diabetes tipo 2 o con obesidad y sobrepeso sumado a comorbilidades, no a quien busca perder peso rápido.
Elhordoy explicó que no hay una duración estimada en cuanto a la prescripción de estos medicamentos. “Es de largo plazo”, dijo, y lo vinculó con el hecho de que la obesidad es una enfermedad crónica. Además, no a todos los pacientes les hace el mismo efecto en el mismo tiempo y por eso, especificó, es clave tener controles periódicos.
La dietista-nutricionista española María Merino, directora del centro Comiendo con María, dijo en su podcast que hay ciertos grupos para los que este tipo de medicamentos están desaconsejados: embarazadas y lactantes, personas con antecedentes de carcinoma medular de tiroides o de pancreatitis y quienes conviven con un trastorno de la conducta alimentaria.
En este último caso, especificó que el fármaco apaga el ruido mental en torno a la comida, pero usarlo para frenar atracones sin abordaje psicológico y nutricional hace que el problema reaparezca con más fuerza al suspenderlo.
Qué pasa al dejarlo: el efecto rebote
Una de las primeras preguntas que se plantean acerca del uso de estos fármacos es si al abandonar su uso hay “efecto rebote”. Y la respuesta es clara: sí, hay. Lo que ocurre es que vuelve el hambre, porque la señal de saciedad que genera el efecto que simula el GLP-1 desaparece. Entonces, el cuerpo pide más comida y los kilos pueden volver.
La clave para que eso no suceda, dijo Elhordoy y también Merino, es haber desarrollado hábitos saludables durante el tratamiento. Porque de nada sirve inyectarse semaglutida o tirzepatida si no se lo acompaña de una alimentación saludable, un estilo de vida sano y, sobre todo, ejercicio de fuerza.
Este último punto es destacado por todos los profesionales que hablan del tema, ya que además de la pérdida de masa grasa, se da una pérdida de masa muscular que es importante atajar. No se trata solo de mantenerse en movimiento o hacer cardio, sino de cuidar especialmente la musculatura y sumar carga a los ejercicios, sean en casa o en el gimnasio.
Foto: Juan Manuel López
En su podcast, Merino destacó que si durante la aplicación del medicamento no se protegió el músculo con proteína suficiente y ejercicio de fuerza, el peso que se recupera vuelve en forma de grasa. Eso tiene nombre: obesidad sarcopénica.
Y una recomendación más: no solo durante el tratamiento. El ejercicio de fuerza debe llegar para quedarse.
¿A qué médico tengo que ir si quiero empezar a tratarme?
Si bien en Uruguay no existe la especialidad médica en obesidad, “la gran mayoría hemos hecho la diplomatura en Argentina o a nivel internacional”, señaló Elhordoy. Además, ahora hay cursos en universidades privadas y el tema avanza. Por eso, a los efectos de consultar si uno es candidato a iniciar el tratamiento con estos fármacos, la consulta puede iniciarse con el médico de medicina general, con el nutricionista, el endocrinólogo o incluso con el psicólogo.
“Nos llegan muchos pacientes derivados de psicólogos o psiquiatras”, dijo.
Uno de los puntos más importantes que destacó la médica es que se debe dejar atrás la estigmatización de la obesidad. Hay muchos casos de personas que no consultan porque les da vergüenza haber engordado mucho o haber recuperado kilos que habían perdido antes. “Yo siempre les digo: ¿Cómo una enfermedad te va a dar vergüenza? ¿Te da vergüenza que te duela el pecho y no vas al cardiólogo?”.
En ese sentido, también remarcó que es necesario dejar atrás el prejuicio que hay sobre los fármacos para adelgazar. “Si uno va a tratar un paciente con cáncer, no se cuestiona si el tratamiento es químico o quirúrgico”, puso como ejemplo. “Por ejemplo, yo trabajo con cirugía bariátrica, estoy a favor del uso de fármacos y el tema es que hay que individualizar qué es lo mejor para cada paciente”, sostuvo Elhordoy.
“Tener todas las opciones nos abre un abanico y yo no tengo que darle a un paciente lo que hay, sino lo que necesita”, enfatizó.
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