Por Patricia Vicente
Andamos malhumorados, dormimos mal, nos cuesta concentrarnos y terminamos el día agotados aunque no hicimos nada fuera de lo común. El médico no encuentra nada, probamos algún suplemento, un cambio de rutinas y nunca se nos ocurrió que la solución a ese bienestar que nos faltaba estaba en la neuroarquitectura.
El entorno influye en nuestro estrés, en nuestro cerebro, en cómo dormimos y hasta en cómo nos relacionamos con los demás. Y no solo en casa, también en el lugar de trabajo o de estudio, en un hospital. La ciencia lo confirma.
Y eso es la neuroarquitectura: entender que no se trata solo de estar en espacios lindos o con los muebles y los colores de moda, sino en lugares donde podamos habitar desde el bienestar; espacios personalizados que cuidan nuestra mente y nuestro cuerpo. Y esto, aunque pueda sonar a algo carísimo, casi como contratar un diseñador de interiores de lujo, está al alcance de cada uno.
Qué es la neuroarquitectura y por qué importa
La neuroarquitectura es la aplicación de la neurociencia a la arquitectura. Esta nueva capa de conocimiento se obtiene de estudios científicos que miden cómo reacciona el cuerpo ante estímulos como la luz, el sonido, el color o las formas. En base a eso se construye la teoría que, luego, pasará a la práctica en un living, un corredor o el diseño de muebles.
Victoria Silva Goñi, arquitecta especializada en neuroarquitectura, explicó a Montevideo Portal que con esos estudios hoy es posible medir desde la actividad cerebral hasta la frecuencia cardíaca o la sudoración de la piel que generan determinados espacios. Esa información se traduce luego en decisiones de diseño que pueden ayudar a mejorar el descanso, por ejemplo, o a reducir el estrés o favorecer la concentración.
Pero hay un punto clave: la neuroarquitectura no se trata solo de hacer casas nuevas. Se trata de “aprender a habitar” lo que ya tenemos, dijo la experta.
No es redecorar: es aprender a habitar
Durante años, la arquitectura estuvo muy enfocada en la estética. “Y la belleza importa, claro que sí. Pero cuando el diseño no responde a cómo vivimos, dormimos o sentimos, se vuelve una inversión vacía. La arquitectura es tan necesaria como una consulta médica”, dijo la neuroarquitecta.
“Podemos elegir la mejor luminaria y el mejor diseño estético, todo divino, pero si la lámpara es de luz fría y yo la tengo de noche prendida, no me va a dejar descansar bien. Entonces, ¿eso está respondiendo al problema de la persona que contrató al arquitecto? No. Está dejando más lindo el dormitorio y no lo está mejorando. Es una acción simple, con un impacto más profundo. Por eso, el objetivo de mi trabajo es que la gente tome conciencia, tal como si fuera un recurso de salud”, explicó.
Por eso ella habla de “arquitectura preventiva”, o sea de usar el entorno como un recurso para mantenernos en equilibrio, no solo para embellecer los espacios. Además, aseguró, con la misma plata o incluso con menos, se pueden tomar decisiones de mejora en casa aplicando la neuroarquitectura.
Pequeños cambios que pueden mejorar el bienestar
La iluminación: El cuerpo responde a la luz
como a un reloj biológico. Si se usa luz blanca o fría de noche, el cerebro
interpreta que todavía es de día y no activa correctamente los procesos del
sueño. Son los ritmos circadianos, que quizá no asociamos a un consejo de parte
de un arquitecto, pero que provienen de las investigaciones realizadas por la
neurociencia y que, con poco, se pueden mejorar.
Una decisión sencilla como cambiar la lamparita de la mesa de luz de luz fría a
luz cálida hará una gran diferencia.
La contaminación sonora: Vivimos rodeados de ruido y quizá no lo registramos de forma consciente, pero el cuerpo sí. La exposición constante a sonidos intensos eleva el estrés y agota. Sin embargo, está estudiado científicamente que los sonidos de la naturaleza, como el canto de los pájaros, reducen el nivel de alerta del sistema nervioso. “Esto se vincula a nuestro cerebro reptiliano, el más primitivo, que entiende que si un ave canta es porque no hay peligro cerca”, dijo Silva.
Entonces, podemos elegir una música suave con sonidos de la naturaleza, ya sea para cuando llegamos a casa o a la oficina. Y para eso, claramente, no es necesario contratar a un arquitecto.
Los aromas: El olor de una casa o de un lugar de trabajo, de un hospital, es muy importante en la experiencia de vida de una persona y en su bienestar. Además, “el olfato es uno de los estímulos que nos llevan mucho más rápido a los recuerdos”, recalcó la neuroarquitecta. “Por ejemplo, se ha comprobado en neurociencia aplicada a la arquitectura que el aroma cítrico y el de lavanda favorecen el sentido de bienestar. Entonces, lo planteo a un cliente que me pide una mejora en su espacio”, indicó.
Si hablamos de recuerdos, la subjetividad se impone y puede ocurrir que surjan asociaciones no felices por experiencias de vida. Por eso hay una clave a la hora de poner en práctica estos conceptos, que Silva maneja como imprescindible: “No se trata solo de aplicar la técnica; cuando uno hace un trabajo está frente a un ser humano y por eso a mí me gusta hablar de neurociencia y psicología aplicada a la arquitectura, porque va más allá”. “Ese ser humano tiene vivencias anteriores, tiene creencias, patrones asociados a memorias, a entornos familiares y culturales a los que no se puede solamente dar recetas; la teoría se mide en cada caso puntual”, remarcó.
Entonces, si alguien desea aplicar este concepto de neuroarquitectura a su casa, puede apelar a sus memorias felices, buscar aromas que lo lleven a sentimientos de plenitud y seleccionarlos para los distintos espacios.
El orden: Un espacio saturado de objetos impide que el cerebro se relaje, ya que el descanso no es solo físico, sino que también es visual. En este caso, la opción es clara y nos la enseñaron desde la infancia: ordenar el cuarto.
En este sentido, Silva introdujo otro concepto que vincula a la neuroarquitectura con la salud, y es el significado de los objetos que nos rodean. “Que uno tenga cosas que hagan sentido. Por ejemplo, un recuerdo agradable antes de ir a dormir, como puede ser un portarretratos con una foto de un recuerdo lindo”, señaló.
“Somos seres naturales”
La profesional recordó que el 99% de la evolución humana ocurrió en entornos naturales y solo el 1% en espacios construidos. “La arquitectura nació con la función principal de construir cosas para poder sobrevivir y después fue evolucionando y se fue enriqueciendo. Por eso mi proyecto personal se llama Origen, porque se trata de ir a los orígenes del término, al para qué sirve, que no es solo para hacer cada vez más construcciones, sino para ayudar al ser humano”, apuntó.
“Para mí, el arquitecto es una figura que puede colaborar con el bienestar de las personas y no es solamente alguien que se contrata para diseñar y construir algo. En la historia, los arquitectos han sido muy influyentes también en las decisiones de la evolución de las ciudades y las comunidades”, agregó.
Pero además, Silva insistió en que la naturaleza está en la base de todo e introdujo un concepto muy ligado a la práctica de mejorar espacios por medio de la neurociencia aplicada a la arquitectura, que es la “biofilia”. “Es el amor por la vida y propone incorporar la naturaleza al espacio cotidiano”. “Y no es solo poner plantitas, sino apelar a formas que encontramos en la naturaleza, más bien curvas y no rectilíneas como el hombre ha diseñado los espacios”, explicó.
Ella aplica su conocimiento especialmente en relación con la salud y ha dado charlas vinculadas a arquitectura y epilepsia, o arquitectura y cáncer de mamas. Las puso como ejemplo para indicar que hay evidencia científica que muestra que las formas curvas reducen el estrés y ayudan a las personas que habitan esos espacios. En el caso de un epiléptico, además, reduce riesgos de golpes con objetos que puedan lastimarlo en caso un ataque. Y señaló que hay estudios que muestran que los enfermos de cáncer procesan mejor su tratamiento cuando hay ventanas que les permiten ver entornos verdes.
“Uno puede pensar que no pasa nada con una mesa cuadrada, pero es algo que ocurre a nivel inconsciente. Cuando es redondeada la mesa, no estás alerta”, señaló. Una forma fácil de aplicarlo en casa: elegir elementos redondeados, ya sean muebles, floreros o cuadros.
Habitar mejor no es lujo
Si pensamos en construir una casa nueva y contratar a un arquitecto especializado en neurociencia aplicada, es posible y, según Silva, no sería mucho más caro. Pero si ya tenemos el lugar, las mejoras se pueden aplicar sin necesidad de gastar millones. Y si eso es cierto —y la ciencia lo confirma—, aprender a habitar mejor no es un lujo estético, sino una forma de autocuidado.
No hay que tirar nada abajo, hay que “apropiarse del habitar”, dijo Silva y recalcó: “Un lugar, por más que no esté diseñado arquitectónicamente para lo que dice la neurociencia, con pequeñas acciones se puede mejorar y mejorar el habitar”.
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