Facundo Arena, de Laboratorio Gaiki, dijo que “la falta de plata y tiempo son las dos grandes excusas que nos ponemos para matar los sueños”
Por Patricia Vicente.
El comienzo de enero suele tener una mezcla de sabores para quienes disfrutamos de planificar el año. Un poco de amargo por los pendientes que dejó diciembre; algo dulce por ver las metas cumplidas y, seguramente, lo que predomine sea el agridulce. Porque seguro hubo éxitos, pero también fracasos, proyectos olvidados, otros modificados e ideas que quedaron pendientes y que podemos retomar en los meses que vienen.
Entonces, en este arranque de año, consultamos a un especialista en diseño de procesos creativos y de innovación para que nos ayude a elegir la mejor forma de planificar —o sistematizar— los objetivos para 2026. La charla fue con Facundo Arena, argentino, creador del Laboratorio Gaiki.
¿Qué recomendás para empezar el año? ¿Dirías que es mejor ponerse mil planes, arrancar con poco, mirar primero atrás?
Algo que yo hago es tratar de identificar aquellas cosas que el año pasado me cansaron, que tuve que sostener demasiado, que me resultaron tediosas y ver qué —de todo eso— puedo traducir en un deseo. Porque cuando uno hace ese ejercicio ve que el año pasado tuvo que sostener demasiado un trabajo, una situación, un proyecto o una persona... lo que sea. ¿Y cuál era el deseo detrás?
A veces se dice que hay que soltar todas las cosas que a uno lo cargan, pero capaz que no se trata de soltar, sino de tener ideas que te ayuden a tomar mejores decisiones este año. Entonces, una de las cosas que propongo es identificar qué cosas del año pasado no quiero seguir sosteniendo. Pero no porque las vaya a soltar, sino porque las voy a usar como fuente de inspiración para pensar ideas.
¿El objetivo sería reformularlas? ¿Podrían estar mal planteadas y por eso no salieron?
Ejercicios
Sí, reformularlas. Y también rever la forma en que me estoy vinculando con el proyecto, con la persona, con el proceso, el trabajo, con lo que sea y encontrar una que me permita hacerlo más llevadero.
A veces no se trata de arrancar el año y tener muchos proyectos nuevos, sino de arrancar el año y ver qué ajustes puedo hacer a los proyectos que ya tenía, revigorizarlos, revincularme con ellos e inyectarles nueva energía.
Y, por otro lado, siempre hay que tratar de ser superespecífico en qué es lo que quiero para este año. Qué quiero, de verdad, con claridad. El otro día hablaba con una persona y me decía: “Este año quiero pasarla mejor”. Pero eso no sirve como objetivo.
¿Por qué?
Porque no es concreto. ¿En qué sentido pasarla mejor? ¿En qué dimensión? ¿En la emocional, en la vinculada al trabajo? ¿En dónde querés pasarla mejor?
Entonces, enero me parece un buen mes para hacerse esas preguntas bien específicas y que vayan más allá de lo evidente, porque de ahí aparecen ideas de cosas concretas que uno puede hacer.
¿Es buena idea tomar enero como un mes de planificación y de pensamiento en lugar de la vieja idea de “tirar la chancleta” y retomar todo a la vuelta de la playa?
Lo que suele pasar con enero en este lado del mundo, donde se suele tomar como vacaciones o receso, es que no tiene la carga de actividad y la carga emocional que tienen los meses de alta demanda. Un octubre, un septiembre, un abril, un mayo... uno ahí ya está con la rutina, con la agenda tapada y todo eso te lleva a tomar decisiones resolutivas. Ahí estás haciendo que la máquina funcione y que todo se sostenga, y eso está bien porque si no, muchas cosas se derrumbarían.
Pero como enero no tiene esa altísima carga de demanda, uno puede animarse a tomar decisiones no tan resolutivas, sino más bien estratégicas; más de mediano y largo plazo. Y por eso es que aplica la pregunta de ¿qué quiero de verdad? Y por ahí no tiene una respuesta inmediata, pero al menos se traza un horizonte a tres, cinco o seis meses, por ejemplo.
¿Qué le dirías a alguien que no se quiere poner muchas metas en enero porque cuando llegue fin de año se va a frustrar si no las cumplió?
Eso lo veo como una historia o un discurso de hace muchos años. Creo que ya todos vivimos la experiencia de ponernos metas, que llegue diciembre y no haber logrado ninguna. Pero el tema es que probablemente lograste otras. A mí me ha pasado en años anteriores que quería lograr determinada cosa y no lo hice, pero observé y descubrí que había logrado otras que ni me hubiera imaginado.
Y una cosa que notamos en el Laboratorio Gaiki en este último diciembre, fue que las personas quizá no estaban tan conectadas con ponerse metas. Había más una sensación de necesitar un descanso, de soltar un poco y tomar aire para después empezar a tomar decisiones... A mí me resulta una visión más amable de cómo uno puede transitar estos meses.
O sea, ir más por el lado de pensar en lo que uno quiere, pero no cargarse de objetivos.
El primer programa que nosotros dictamos en el año es el de Autoliderazgo, que termina con la definición de un proyecto. Pero las cuatro semanas que dura el curso, que son las primeras cuatro semanas de enero, en realidad se tratan de trabajar con uno mismo, de observarse, explorar, aprender a enfocarse. Y recién al final, ahí sí empezar a pensar en el proyecto.
Creo que todos necesitamos ese aire para poder respirar de otro modo y para inspirarnos, que es lo más necesario.
Uno de tus lemas en cursos y charlas es que más que armar un plan, es mejor generar un sistema. ¿Cómo sería un sistema de arranque de año?
Siembre abogo más por un sistema que por un plan, porque los planes suelen ser rígidos y definen cosas. Y en el mundo en el que vivimos, con tanta incertidumbre y tantos vaivenes, definir cosas es un acto bastante osado. Muchas veces, los planes no se pueden ejecutar como uno querría y eso frustra. No digo que está mal planificar, pero me parece más importante sistematizar.
¿Y qué es sistematizar? Es encontrar un modo de operar en la diaria; un modo que a uno le funcione. Hay dos puntos clave para sistematizar. Uno: tener un sistema de auto-observación en el día a día para ver cómo funciona e ir haciendo los ajustes necesarios. Y dos: tener una acción consciente, porque el sistema funciona para algo. Entonces, necesito tener claro qué es lo más importante, qué es lo que quiero hacer. Pero no lo que tengo que hacer, sino lo que quiero.
¡Esa diferencia es muy importante!
Es fundamental. Entonces, uno piensa: ¿Qué quiero que pase este año? Y en base a eso, en vez de planificar, en el día a día me voy estudiando a mí mismo, voy haciendo, probando y aprendiendo. Eso me va acercando al objetivo. Esta visión tiene que ver con aprender a través del hacer.
¿Y cuando hay proyectos concretos, qué pasa? Por ejemplo: si vamos a escribir un libro, necesitamos un plan con fechas definidas.
Yo los llamo hitos. Y está bueno tenerlos, está bueno visualizarse como si ya se hubieran cumplido. Si es un libro, verse a uno mismo presentándolo, porque eso te motiva. Pero también está la parte de organizarse y bajar al sistema: ¿Cuándo lo presentarías? ¿Qué capacidad de escritura tenés? ¿Cuánto podrías escribir en una tarde? ¿Podés escribir dos tardes por semana? Entonces se empieza a armar el proyecto.
Es común que cuando hablamos de metas u objetivos se piensa en temas laborales, pero uno mismo puede ser el proyecto. Cuidarse, mejorar la salud, la calidad de vida. ¿Eso también puede definirse como un proyecto y tener su sistema?
A mí me gusta decir que el proyecto es lo que uno proyecta. Si miro al Sol, me proyecta luz, energía. Y yo, como ser humano, ¿qué proyecto?
Esa es una buena manera de mirarlo, porque un proyecto puede estar vinculado al trabajo, otro a mi creatividad, otro a mi familia... Pero nunca deja de ser una expresión de quién soy. Entonces, está bueno vivir la vida en función de proyectos, porque incluso los proyectos nos terminan sosteniendo en los momentos más difíciles.
¿Cuáles serían las tres claves para arrancar el año, entonces?
Lo primero sería el qué quiero; el deseo; el horizonte. Hay un montón de personas que no se dan espacio para soñar, y eso pasa porque ni siquiera se sienten merecedores. Entonces, yo pondría eso como prioritario: que cada mañana uno piense hacia dónde quiere ir.
Lo segundo es conciencia en la organización y lo explico con una anécdota: mientras entrevistaba gente para mi libro “El camino de la creatividad”, una persona me dijo que Andy Hertzfeld, programador, amigo de Steve Jobs, organizaba su agenda en función del entusiasmo.
¡Quién pudiera!
Y lo que pensé fue: yo quiero eso, a eso quiero ir. Si algo me entusiasma, es prioritario en mi agenda y si no, se programa y después se ve. Pero eso habla de una conciencia en la organización. Cuando uno diseña su día, cuando hace la lista de cosas para hacer, pone esos minutos. Aunque sean 5, 10 o 15, pero los pone a conciencia, lo hace propositivamente, porque quiere que pase algo.
Y lo tercero es la acción. Yo todos los días intento algo, algunas cosas me salen bien, otras no.
Volviendo eso de organizar la agenda por entusiasmo, confieso que lo primero que pienso es que hay que tener plata para organizar la agenda así... ¿O sin plata también se puede?
Conozco gente de los dos mundos: personas que con mucho dinero han aprovechado y lo han usado para crear cosas muy interesantes y de mucho impacto. Y también, personas que no tienen un peso, pero son plenas, felices y se dedican a lo que aman. Yo no podría, pero hay gente que sí y las respeto. Tampoco podría vivir la vida del millonario, soy más del camino del medio.
Creo que cada uno tiene que encontrar cuál es el vínculo con el dinero que le resulte sano, saludable y no lo termine haciendo esclavo.
¿Quizá esa esclavitud es la que lleva a muchos a tapar la agenda de obligaciones ya en enero?
En mi libro “Crear o reventar” hay un capítulo en el que hablo del dinero y del vínculo con él, y comparto algunas cosas que forman parte de mi filosofía. Yo manejo una camioneta que tiene casi 30 años, es re vieja, pero no pago cuota de un auto nuevo. Vivo en un departamento muy chiquito, pero es mío, no pago una hipoteca. No uso tarjetas de crédito, porque no quiero cuotas; si puedo comprar algo lo compro y si no, no.
¿Por qué tomo esas decisiones? Porque necesito tiempo libre y de calidad para poder sentarme a crear. No me da felicidad tener un coche nuevo, me da felicidad tener tiempo para poner el corazón en crear algo que me gusta. Conocí a alguien que ama escribir poesía, que trabaja 9 horas en algo que no tiene nada que ver, pero no le importa porque le paga las cuentas. Sale de ahí, cambia la cabeza y se pone a escribir.
La falta de plata y la falta de tiempo son las dos grandes excusas que nos ponemos para matar todos los sueños. Pero la creatividad te convoca a crear con lo que tenés y con lo que tenés, podés lograr muchas cosas.
Un ejercicio recomendado por Facundo Arena
Un ejercicio muy poderoso y revelador para hacer durante estos primeros días del año.
Encuentra un lugar tranquilo en el que puedas pasar al menos 15 minutos a solas.
Escribe, sin pensar demasiado, una lista de cosas que hoy te cansan, te pesan o te desordenan. Animate a ser absolutamente sincero con lo que incluso te cuesta expresar en palabras.
Ahora leé esa lista y preguntate, una por una: ¿qué deseo hay detrás de esto?
En otra hoja, escribe arriba una frase que empiece así: “Este año deseo…” y continúa con todos los deseos que encuentres detrás de cada cosa que ya no te resuene.
Nada más. El verdadero deseo ya empezó a ordenar. Solo asegúrate de tener esa lista visible en tu día a día.
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