Por Patricia Vicente
“¡Es la edad!”, solemos decir —un poco en broma y otro poco en serio— cuando nos olvidamos de algún nombre o de dónde dejamos aquella cosa que íbamos a buscar y que ahora ya ni sabemos qué era. Está grabado a fuego en el imaginario social que la pérdida de memoria es el peaje que pagamos cuando vamos rumbo a la llamada “tercera edad”. Sin embargo, la ciencia y la medicina dicen lo contrario. Mantener la mente activa es la estrategia fundamental.
En entrevista con Montevideo Portal la neuropsicóloga Rosario Lemus, especializada en psicogerontología, demencias, rehabilitación neurocognitiva y creadora de los talleres gratuitos “Mente Activa”, que este año cumplen una década en el Centro Cultural de España (CCE), recalcó que el envejecimiento no es causa necesaria de la pérdida de memoria.
Además, explicó cómo nuestras redes neuronales se benefician del desafío constante y dio algunos consejos y ejercicios para poner en práctica en el día a día.
El mito de la edad
Cedida a Montevideo Portal
Uno de los principales obstáculos para la salud mental en adultos mayores es el prejuicio que se genera al pensar que el paso del tiempo implica pérdida de memoria o deterioro cognitivo. Lemus fue clara al respecto: “No se le puede atribuir a la edad que haya fallas en la memoria”.
Si bien los años son un factor de riesgo, no son un componente de una enfermedad neurodegenerativa por sí mismos, apuntó la especialista. “Es un mito que por la edad perdemos la memoria, pero se ve en todos los sistemas de salud del mundo y se sigue escuchando la frase: ‘¡Y con esta edad, qué quiere!’”, dijo.
Lo recomendable, apuntó, es que ante una pérdida de memoria notoria se haga una consulta médica con neurólogo. Aunque lo mejor, en caso de ser posible, es una consulta interdisciplinaria, ya que el origen puede ir desde carencias vitamínicas hasta otros factores orgánicos.
Los olvidos y la ansiedad
Es común preocuparse por no recordar un dato puntual, pero Lemus aclaró que la tarea principal del cerebro no es funcionar a modo de enciclopedia, sino que es mantenernos vivos. “No es un problema no acordarse del nombre del director de cine de aquella película que viste hace 10 años. De hecho, es lo más probable que nadie se acuerde”, ejemplificó.
La diferencia radica en el malestar que generan los olvidos frecuentes cuando se presentan en edades más avanzadas. Por ejemplo, a un joven de 20 años, no le causa estrés no recordar un dato, pero a alguien de 60 y pico, sí. “Aparece esa ansiedad porque se asocian los olvidos a la edad y ese malestar, a su vez, va a llevar a mantener esa falla, porque para el mejor funcionamiento mental necesitamos tener un escenario propicio en todo el organismo”, dijo.
Si hay preocupación excesiva, se desencadenan mecanismos químicos que afectan la atención y, por ende, la memoria, resumió.
El rol de la atención
A menudo, lo que percibimos como un fallo de memoria es, en realidad, un problema de atención. En un mundo de notificaciones constantes, de sonidos y luces que nos distraen permanentemente desde el celular, “la capacidad de registro se debilita”.
“Si uno mejora la atención, va a mejorar también la memoria, porque la atención es un proceso que forma parte de los mecanismos de la memoria”, explicó Lemus y contó que ella misma le quitó todas las notificaciones a su celular. “Lo que les digo a mis alumnos, lo hago”, aseguró.
Salud sensorial: un factor de prevención
Un punto clave que suele pasar desapercibido es la relación entre los sentidos y lo cognitivo. La especialista advirtió sobre la importancia de atender a la baja visión o la baja audición que se puede presentar en personas de edad avanzada.
Si bien no son fallos cognitivos, “son patologías orgánicas que pueden aislar a la persona y le restan la posibilidad de interactuar y de focalizar su atención”. El aislamiento, sumado a la soledad no deseada, genera un entorno que no colabora con el bienestar mental y acelera el deterioro cognitivo y de la salud en general.
“Segundo Proyecto de Vida”
La estimulación cognitiva, al igual que el ejercicio físico, no debe abandonarse. Especialmente tras la jubilación —etapa en la que son usuales los casos de depresión, sobre todo en hombres— es vital construir lo que Lemus llama un “segundo proyecto de vida”.
“Si no trabajamos los músculos, no van a estar activados; lo mismo pasa con las redes neuronales”, señaló. En ese sentido, recomendó sumar actividades que mantengan la mente activa y también las relaciones interpersonales.
Las “redes” que sí
La neurociencia sostiene que el aprendizaje continuo genera nuevas conexiones en el cerebro. “Cuanto más aprendemos, generamos más redes neuronales y cuando tengo un cerebro con más redes, voy a poder llevar a cabo cualquiera de mis funciones cognitivas de mejor manera”, dijo Lemus. Esta red es la que sostiene el sistema para evitar que el deterioro cognitivo avance.
Para esto, un factor clave es el vínculo social. Citando estudios de la Universidad Karolinska, de Suecia, que vienen desde el año 2000, Lemus destacó que está probado científicamente que mantener buenos vínculos y preocuparse por el otro es factor de prevención tan relevante como la dieta o el ejercicio.
Consejos prácticos para entrenar el cerebro
Consultada sobre consejos o ejercicios que se pueden sumar al día a día para trabajar con la memoria y ayudar a revertir o ralentizar el deterioro cognitivo, Lemus sugirió las siguientes actividades:
- Leer: “Pero darse el momento de leer, preparar ese espacio; tener buena luz, ver cuánto tiempo le puedo dedicar; analizar si me cansa leer un libro y buscar alternativas, como revistas por ejemplo”, dijo.
- Leer y comentar con otros: “No hay por qué hacer una reunión académica, pero sí contarle a algún familiar o amigo: ¡No sabés qué interesante lo que leí! Eso ayuda a recordarlo también porque la repetición es una de las técnicas clave. De hecho, la enseñamos en los talleres”, apuntó.
- Releer y problematizar: Volver sobre un texto que ya conocemos, para repensarlo o incluso armarse preguntas sobre lo que plantea y problematizar el mensaje.
- Entrenar la observación: Caminar por la calle y registrar detalles, como la corteza de un árbol o el follaje. “Comparar entre las hojas de un árbol y otro ya nos puede generar un aprendizaje y es una acción muy sencilla. Ese dato entra al sistema”, explicó.
- Fomentar la memoria motriz (procedimental): Realizar actividades nuevas que requieran movimientos distintos, como tejer. “Usar una aguja de crochet y lana es un buen ejemplo de esto, porque genera que se active una zona del cerebro en el área cortical y otra en el área subcortical”, afirmó.
Jugar con palabras
Lemus recomendó además un ejercicio sencillo para hacer en casa, que puede transformarse en un juego mientras se trabaja la memoria semántica. La dinámica comienza escribiendo la palabra Amorosamente” en un papel y el desafío consiste en formar con las letras que la componen la mayor cantidad de palabras posibles (de dos o más letras).
Este es uno de los ejercicios más utilizados por Lemus en sus talleres y contó que le han llegado listados de hasta 300 palabras formadas en base a otras.
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