Más proteínas y menos grasas a los 45 años, mejor audición a los 80
Los factores relacionados con la salud auditiva en la vejez podrían empezar a actuar décadas antes de que aparezcan.
Pedir que repitan una frase en una reunión un poco ruidosa o subir mucho el volumen de la tele suele tomarse como un peaje inevitable de los años. Sin embargo, la calidad de la audición después de los 80 años podría empezar a definirse mucho antes, y en un lugar un poco inesperado: el plato.
La pérdida auditiva es un problema de salud pública entre las personas mayores. No solo complica la comunicación, sino que se relaciona con el aislamiento social, el deterioro cognitivo y una menor calidad de vida. Aun así, se sabe poco sobre el papel que juega la alimentación en las etapas previas de la vida.
Una investigación en la que participaron la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), la Johns Hopkins Bloomberg School y especialistas de la Universidad de Nueva York, encontró un dato por demás interesante: una mejor alimentación en la mediana edad se asocia a una mejor audición en la vejez.
El trabajo, publicado en la revista The Journals of Gerontology, consistió en el análisis de datos de 2.773 personas de Estados Unidos, que tenían entre 45 y 64 años al comienzo del seguimiento. Su alimentación se evaluó en dos ocasiones mediante cuestionarios validados sobre la frecuencia con que consumían distintos alimentos. Su audición, en tanto, se midió hasta tres décadas después con audiometrías de tonos puros, la prueba en la que se escuchan sonidos de distintas frecuencias e intensidades para detectar a partir de qué punto se perciben.
Lo que se determinó en base a esos análisis fue que las personas que consumían más proteínas en total mostraron una mejor función auditiva, una asociación que se vio con más claridad en las frecuencias medias y altas. Según publica la UAM en su web oficial, una ingesta elevada de proteínas se vinculó con un 37% menos de probabilidad de tener algún grado de pérdida auditiva, ya fuera leve, moderada o grave.
Foto: Magnific
Con las grasas ocurrió lo contrario. Una mayor ingesta total se relacionó con peores indicadores auditivos, mientras que quienes seguían más de cerca un patrón de alimentación bajo en grasas presentaron menos pérdida de audición.
Una pérdida que podría gestarse temprano
Para los autores, los hallazgos sugieren que los factores relacionados con la salud auditiva en la vejez podrían empezar a actuar décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas. La pérdida de audición asociada a la edad no dependería únicamente de cuestiones biológicas o genéticas, sino que también podría estar vinculada a exposiciones y hábitos modificables a lo largo de la vida, entre ellos la alimentación.
El detalle de las frecuencias no es menor: los sonidos agudos suelen ser los primeros que cuesta percibir con el paso de los años, y son los que permiten distinguir muchas consonantes y entender una conversación con claridad.
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