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Salud emocional

Mario Alonso Puig: “Aguantarse enferma” y explica por qué llorar y reír ayudan al cuerpo

El médico español plantea que reprimir lo que sentimos mantiene al organismo en alerta y propone reconocer las emociones sin juzgarlas.

30.08.2026 13:03

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Montevideo Portal

El médico español Mario Alonso Puig sostiene que guardarse las emociones enferma y que reír y llorar son las cosas que más curan. Trabajó como cirujano durante 26 años antes de dedicarse a hablar sobre emociones y salud, y resumió su idea de este modo: “Aguantarse enferma”, comentó en Ok diario.

Según Alonso Puig, cuando alguien tiene ganas de llorar pero se aguanta, quiere reír fuerte pero se contiene, o se calla por miedo a verse débil, entra en una rutina que se repite cada día y va acumulando tensión en el cuerpo. “La emoción no se va, se queda atrapada adentro”, afirma. Ese bloqueo, si no se suelta, termina enfermando.

Alonso Puig plantea que mostrar las emociones tiene un sentido evolutivo y físico ligado a la supervivencia y al equilibrio del cuerpo. Las emociones son reacciones del cuerpo pensadas para mantenernos vivos, y bloquearlas afecta directamente ese sistema.

En su visión, el llanto funciona como válvula de escape: cuando alguien sufre un golpe emocional, el cerebro se llena de químicos del estrés, y llorar actúa como un drenaje natural que saca el exceso de esas hormonas. La risa activa el sistema nervioso que calma la alerta, baja los latidos del corazón y le ordena al cuerpo reparar los tejidos dañados por la tensión acumulada.

Bloquear cualquiera de estas dos cosas, dice Alonso Puig, rompe ese equilibrio. Si alguien se aguanta, frena el mecanismo natural de descarga y el cuerpo entiende que el peligro sigue ahí, lo que mantiene los músculos tensos, el corazón acelerado y las defensas bajas.

Para el médico español, aprender a reír y llorar más no se trata de forzar la emoción, sino de sacar las barreras mentales que no dejan sentirla. Para el llanto, propone detectar frases como “llorar es de débiles” y cambiarlas por la idea de que llorar es una limpieza natural. Buscar un lugar donde estar solo, usar música triste o películas que conmueven, y dejar que el nudo en la garganta suba en vez de tragárselo ayudan a destrabar esa reacción.

Para la risa, Alonso Puig señala que sonreír de forma física durante unos segundos baja el cortisol y hace que el cerebro se relaje. Cambiar el consumo constante de noticias tristes por comedia, bajar el nivel de exigencia para poder reírse de los propios errores, y estar con personas que tengan risa contagiosa refuerzan ese hábito.

En su enfoque, reconocer las señales físicas de la represión, apretar la mandíbula, cruzar los brazos con fuerza, tragar saliva de forma forzada o respirar de manera corta, es clave. Una emoción tarda solo 90 segundos en recorrer el sistema nervioso y desaparecer si no se alimenta ni se bloquea.

Validar la emoción sin filtros también ayuda, según Alonso Puig. Cambiar el “no debería estar enojado por esto” por un “estoy enojado y tengo derecho a sentirlo” evita que la represión vuelva.

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