Linfoma: especialistas instan a agilizar el acceso a terapias innovadoras en Uruguay
En el mes de concientización sobre el linfoma, una hematóloga explicó los avances en inmunoterapia y por qué es clave que lleguen a tiempo.
Un ganglio inflamado en el cuello o en la axila suele atribuirse a un resfrío o a alguna infección menor y pasa sin generar mayor preocupación. Pero cuando se suma a fiebre sin causa aparente o a un descenso de peso sin razón, la cosa cambia. Esos son síntomas ante los cuales conviene consultar pronto, según recomiendan los médicos, ya que podría ser una señal de linfoma.
Setiembre es el mes mundial de concientización sobre esta enfermedad y, según datos dados a conocer por la Alianza de Pacientes Uruguay (APU), en el país el linfoma no Hodgkin representa más del 80% de los casos, con cerca de 480 nuevos diagnósticos por año.
En ese marco, Sofía Grille, médica internista, hematóloga, doctora en Ciencias Médicas y docente de la Universidad de la República (Udelar), dijo que “en los linfomas agresivos, unas pocas semanas pueden ser importantes” y por eso es necesario que haya “circuitos asistenciales ágiles que permitan que una persona con sospecha de linfoma llegue rápidamente al diagnóstico y pueda comenzar el tratamiento indicado”.
Qué es el linfoma y cuáles son sus tipos
“El linfoma es un tipo de cáncer que afecta el sistema linfático. El sistema linfático está formado por órganos, glándulas, vasos tubulares y grupos de células llamados ganglios linfáticos. Es parte del sistema inmunitario del cuerpo, encargado de combatir los gérmenes. El linfoma puede afectar los ganglios linfáticos, la sangre, la médula ósea, el bazo y otros tejidos de todo el cuerpo, como el aparato digestivo, el sistema nervioso central, los huesos o la piel”, explica Mayo Clinic.
Existen muchos tipos de linfoma, pero se agrupan en dos grandes familias: uno es el linfoma de Hodgkin y el resto se conoce como linfoma no Hodgkin. La diferencia entre uno y otro está marcada por el tipo de célula involucrada, que se observa al examinar las células cancerosas con un microscopio: si aparece un tipo específico llamado célula de Reed-Sternberg, se trata de un linfoma de Hodgkin, agrega el sitio.
El linfoma no Hodgkin comienza cuando un tipo de glóbulos blancos, las células B o las células T, se vuelven anormales y empiezan a dividirse una y otra vez, con capacidad de extenderse a casi cualquier parte del cuerpo. Este es el más común de los dos y el que “puede tener menos posibilidad de curación y suele tener un peor pronóstico”, agrega el sitio de la clínica estadounidense.
Además, “algunos linfomas no Hodgkin se comportan como afecciones crónicas porque pueden tener recaídas por muchos años”.
En cuanto a las causas de uno y otro, no están del todo claras. Pero lo que sí se sabe es que los factores de riesgo para que se presente son similares: antecedentes familiares de linfoma y de algunas infecciones. Ambos tipos pueden relacionarse con enfermedades autoinmunitarias, aunque el linfoma no Hodgkin está más fuertemente relacionado con ellas.
Foto: Magnific
Los síntomas del linfoma de Hodgkin y del linfoma no Hodgkin
El sitio cancer.gov detalla específicamente cuáles son los síntomas:
Los signos y síntomas del linfoma no Hodgkin
- Hinchazón (aumento de tamaño) de los ganglios linfáticos del cuello, la axila, la ingle o el estómago.
- Fiebre sin razón conocida.
- Sudores nocturnos excesivos.
- Sensación de mucho cansancio.
- Pérdida de peso sin razón conocida.
- Sarpullido o picazón en la piel.
- Dolor en el tórax, el abdomen o los huesos sin razón conocida.
A veces se presentan otros signos y síntomas de linfoma no Hodgkin que dependen de las siguientes características:
- Lugar del cuerpo donde se formó el cáncer.
- Tamaño del tumor.
- Rapidez con que crece el tumor.
Los signos y síntomas de linfoma de Hodgkin son similares:
- Ganglios linfáticos inflamados no dolorosos en el cuello, la axila o la ingle.
- Fiebre sin razón conocida.
- Sudores nocturnos excesivos.
- Pérdida de peso sin razón conocida durante los últimos 6 meses.
- Prurito (picazón en la piel), en particular después de bañarse o consumir bebidas alcohólicas.
- Sensación de mucho cansancio.
Nuevas respuestas cuando la enfermedad vuelve
El mayor desafío aparece cuando el linfoma reaparece o deja de responder a la quimioterapia convencional. “En los últimos años se incorporaron terapias dirigidas y nuevas formas de inmunoterapia, entre ellas los anticuerpos biespecíficos y las células CAR-T, que han logrado respuestas incluso en pacientes que ya habían recibido varias líneas de tratamiento”, señaló Grille.
La médica destacó además que Uruguay ya comenzó a desarrollar experiencia local en terapias celulares CAR-T a nivel académico.
Sobre los anticuerpos biespecíficos, que “han conseguido respuestas profundas, e incluso remisiones prolongadas”, la hematóloga agregó: “funcionan como un puente, con una parte reconocen una proteína presente en la célula del linfoma [...] y con la otra se unen a los linfocitos T del paciente. De esta forma acercan físicamente al sistema inmunológico a la célula tumoral para que pueda destruirla”.
Los avances de la medicina también cambian la forma en que cada paciente atraviesa el tratamiento. “Hoy también debemos preguntarnos cómo vive la persona durante y después del tratamiento [...] Determinados tratamientos pueden administrarse en forma ambulatoria o subcutánea. Esto puede traducirse, para pacientes seleccionados, en menos tiempo dentro del hospital y más tiempo en su casa, con su familia”, afirmó Grille.
El reto de que la innovación llegue a los pacientes
Lo que pasa con estas terapias es que, en varios casos, no tienen todavía una cobertura total en Uruguay. No están incluidas en el Formulario Terapéutico de Medicamentos (FTM) y eso impide o complica el acceso de muchos pacientes. Frente a eso, Grille planteó que es clave “identificar qué pacientes realmente se benefician de cada estrategia” y buscar la manera de “integrarla con los tratamientos ya disponibles para obtener el mayor beneficio posible con los recursos del sistema”.
La hematóloga destacó que el Ministerio de Salud Pública (MSP), junto a la Udelar y distintos grupos de trabajo, están buscando soluciones conjuntas para los tratamientos de alto costo.
“Es fundamental que herramientas como el FTM puedan actualizarse mediante procesos rigurosos y transparentes, pero también suficientemente ágiles para acompañar la generación de evidencia científica. La evaluación debería considerar [...] su eficacia, seguridad, duración de la respuesta, impacto sobre la calidad de vida y, especialmente, su potencial para curar”, sostuvo.
“El objetivo debe ser que la innovación que demuestra un beneficio real pueda llegar, en tiempo adecuado, al paciente que la necesita”, concluyó.
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