Son las cuatro de la mañana y el corazón late como si hubiera que huir de algo. Cuesta respirar, el pecho se cierra y sentís que te vas a morir si te movés o si te dormís. Y si no te movés ni te dormís, también. Al rato pasa y la vida sigue, pero se sufre. Quien atravesó una crisis de ansiedad reconoce la escena: esa certeza tan vívida como infundada de que algo terrible está por pasar y la búsqueda de que se vaya rápido, que desaparezca ya.
Paradójicamente, ese intento de borrarla, de luchar contra la ansiedad para que se vaya, es lo que más la sostiene. Esa es, al menos, la lectura de Ramiro Calle, escritor y maestro de yoga, responsable de introducir esta disciplina en España hace más de medio siglo. Calle es una voz respetada cuando se habla de bienestar emocional, pese a que lo suyo no es la medicina. Autor de más de 250 libros, no habla desde un consultorio, sino desde una larga experiencia personal con la ansiedad y desde las tradiciones contemplativas que estudió para atravesarla.
En una entrevista con Pepe García, “El Estoico”, para el canal Estoicismo en español, remarcó una idea que considera clave: la ansiedad no se combate, se canaliza.
Su recomendación central suena casi a contrasentido, pero él asegura que funciona. “Nunca la tomes como una enemiga. Tómala como una fuerza, una energía”, dice sobre la ansiedad y apunta que, para él, el error más extendido es tratarla como un intruso al que hay que expulsar. Cuanto más se la rechaza, más crece, sostiene. “Cada vez que parcheamos la ansiedad, ella es mucho más ladina y astuta que nosotros y se alimenta de nuestra propia negación”, afirmó.
Además, se suma un factor que agrega molestia a la molestia: nos ponemos ansiosos por estar ansiosos y por dejar de estarlo. ¿Y qué pasa? Se refuerza el malestar.
Acción y no escape de la ansiedad
Antes de proponer qué hacer, Calle insiste en lo que conviene no hacer. El autor distingue entre una manera “neurótica” de encarar esta sensación, que no hace más que “añadir ansiedad a la ansiedad”, y otra manera constructiva. En la primera están las salidas que prometen alivio inmediato, pero que lo que terminan haciendo es alimentar emociones como el odio, la ira o el resentimiento. En ese escalón de “soluciones” pone a las adicciones de todo tipo, la automedicación o los escapes mentales, que tienen una suerte de efecto boomerang: “Lo que tiras por la ventana te entra por la puerta”, dice Calle.
Frente a eso, propone redirigir esa energía hacia afuera en lugar de dejarla girar hacia adentro y da varias ideas:
- el contacto con la naturaleza
- escribir
- tocar un instrumento musical
- hacer ejercicio consciente
- cultivar vínculos sociales genuinos
- meditar
El criterio común de estas recomendaciones es anclar a la persona en el presente, porque la ansiedad suele proyectarse hacia un futuro temido y se retroalimenta. Él mismo cuenta que pasó así buena parte de su vida. Escribió cientos de libros, practicó yoga, judo y distintas formas de meditación. Y sostiene que desde científicos hasta destacados músicos o artistas pueden haber creado sus mayores obras canalizando la ansiedad hacia la creación.
Instagram oficial de Ramiro Calle
La clave: no evadir la ansiedad
Hay un matiz que Calle remarcó y es que, si bien este tipo de actividades funcionan, hay que cuidar que no se transformen en un peso en sí mismas. El deporte llevado al exceso también genera ansiedad, dijo. Entonces, la clave está en no buscar formas de taparla, sino reconocerla y encontrar herramientas para convivir. “Hay que buscar la manera de que la ansiedad se vuelva tu mejor amiga, tu mejor aliada”, sostuvo el escritor y maestro yogui.
Buena parte de su mirada gira en torno a una paradoja: cuanto más se persigue la seguridad, más inseguro se siente uno. Y la ansiedad tiene mucho que ver con la necesidad de sentirse seguro, de tener la certeza de que nada malo pasará. La recomendación a ese respecto es la de relativizar lo que sucede y lo ilustra con el cuento de un hombre que alcanzó la iluminación y al que le preguntan si ahora ya no se deprime más. Él responde que sigue deprimiéndose a veces “como todo el mundo”, pero con una diferencia importante: “Ya no me importa”. Esa capacidad de relativizar el síntoma y de no enfocarse en lo malo, lo aligera.
Los dos tipos de ansiedad
Calle describió las dos caras de la ansiedad. La física se manifiesta en el cuerpo con palpitaciones, sudoración, sensación de ahogo y dolores. Y por otro lado, la psíquica, que se presenta en forma de miedos, anticipaciones y pensamientos catastróficos. En ambos casos, dijo, hay un combustible que les da fuerza y es la imaginación. Basta con creer que el techo se va a caer o que alguien va a entrar de noche a tu casa para que el cuerpo reaccione como si fuera cierto, dijo el español, y reafirma que, ante eso, conviene anclarse en lo que es y no en lo que pudo o podría llegar a ser.
Su postura, que no es médica sino más bien espiritual, coincide con enfoques que tienen respaldo científico. La aceptación, el mindfulness y las terapias de tercera generación (como la terapia de aceptación y compromiso) parten de la idea de que pelearse con el malestar interno, o evitarlo, tiende a perpetuarlo, y trabajan sobre la flexibilidad psicológica más que sobre eliminar el síntoma.
Su consejo final para quienes viven con ansiedad es el siguiente: “Utiliza la ansiedad para que te lleve al autoconocimiento y no a la autodestrucción”. “La ansiedad es como una pértiga, puede ayudarte a dar un gran salto, pero tienes que sacar enseñanzas de ella”, agregó.