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Aliviar la carga

Las 8 formas de hacer tu vida más fácil: psicóloga uruguaya las explica

“Las personas piensan que necesitan tener todo perfecto, ser el más famoso, el más millonario, pero la felicidad está en lo simple”, dijo.

03.09.2026 08:00

Lectura: 7'

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Las preocupaciones reales y las que nos inventamos; los tiempos que no alcanzan, las obligaciones, el trabajo, las críticas que nos hacemos... El día a día está lleno de cuestiones que nos hacen cargar una mochila pesada y que, muchas veces, nos llevan a pasarla realmente mal. Afortunadamente, ante estas cuestiones, de las que casi nadie escapa, hay opciones. La psicología positiva plantea algunas formas de enfrentar la vida y organizar nuestros días para aliviar la carga y simplificar las cosas.

No se trata de “positivismo fácil” o tóxico, ni de que todo sea color de rosa, sino de ser realistas y buscar la mejor manera de atravesar las circunstancias que nos tocan. Mariana Álvez, psicóloga uruguaya, especializada en psicología positiva, compartió con Modo Saludable una serie de ideas para ir a lo más simple.

“La energía psíquica, que es la energía que tiene nuestra mente, es limitada. Entonces, tenemos que pensar cómo la utilizamos: Si estamos demasiado cansados, demasiado estresados, no vamos a tomar las mejores decisiones vitales y eso va a tener un impacto negativo en nuestro estado emocional. La idea de estos tips es poder administrar mejor nuestros recursos mentales”, explicó.

Los 8 consejos para “hacerla más fácil”

Álvez publicó algunos de estos consejos en sus redes y los complementó en nota con Modo Saludable.

1. No todo merece tu atención

Como la atención es limitada, la manera más sencilla de ahorrar energía mental es cambiar menos de foco. “Cada vez que estamos haciendo una tarea, y nos cae una notificación, una llamada, un mensaje o lo que sea, y apartamos el foco, demoramos 15 minutos en volver al nivel de concentración en el cual estábamos”, sostuvo.

Cuando el corte es inevitable —un compañero, un jefe, los estímulos de una oficina—, lo ideal es que cada uno pueda armarse su “burbuja de concentración”.

La psicóloga recomendó la técnica Pomodoro para quienes tengan que enfrentar esto muy seguido. Se trata de una famosa forma de organizar los tiempos, que permite lapsos de concentración total, intercalados con pequeños “recreos”. Si bien hay distintos tiempos que se pueden manejar, la más conocida es la que propone 25 minutos de foco y 5 de descanso activo.

Foto: Magnific

Foto: Magnific

2. Convertir decisiones repetitivas en hábitos

Cada decisión chica que se toma desde cero consume energía y los hábitos sirven para automatizarlas. La psicóloga puso ejemplos: “Algo que ahorra mucha energía es ya más o menos saber qué vamos a comer durante la semana, qué ropa vamos a usar o los horarios en los que vamos a hacer ejercicio”.

Dejar cosas prontas la noche anterior va en la misma línea: si vas al gimnasio temprano, el deportivo y los championes duermen al lado de la cama.

Y el celular tiene su propio capítulo ante la fuerte adicción que se vive por estos tiempos. Reservarle momentos específicos en vez de responder a cada notificación, o directamente sacarle el sonido a los avisos es una buena idea. “Y a veces hay que volver a lo básico: si estás en la sala de espera del médico, en vez de estar con el celular, podés llevarte un libro o una revista, pero en papel”, recomenzó Álvez.

3. Un lenguaje interno más optimista

Otra clave que marcó la psicóloga es “aprender a tener un lenguaje interno más optimista, más positivo” y no quedarse enganchados en la rumiación ni en escenarios catastróficos que nos armamos en nuestra mente y que nunca terminan ocurriendo. “Está bueno parar un momento y preguntarnos si no existe un pensamiento más realista o más útil o más compasivo ante esta situación”, dijo.

Ahí aparece la autocompasión. “¿Cómo me estoy hablando? ¿Me estoy cuidando? ¿Me estoy respetando o me estoy insultando? Porque a veces tenemos muy fácil la crítica hacia nosotros y eso mina la autoestima”, resaltó.

4. Practicar la gratitud

“La gratitud es como la hermanita del optimismo y te ayuda a focalizar en las cosas que sí funcionan”, definió Álvez, que para arrancar el día recomendó preguntarse qué cosas lindas puede uno hacer por sí mismo.

“Y hablo de ir a lo simple, no tienen que ser grandes cosas. Puede ser tomar un cafecito en un lugar que me guste, o tener algún momento de ocio, ver a un amigo... Focalizar en las cosas que están bien ayuda a sentirnos mejor”, apuntó.

5. Sacar los pendientes de la cabeza

Llevar los pendientes a un sistema externo, ya sea una agenda, una libretita o un calendario, libera al cerebro de recordarlos. La versión más recomendable, según Álvez, es escribirlos a mano: lo anotás y salen de tu cabeza.

6. No resolver hoy los problemas de mañana

“No hace falta resolver mentalmente diez futuros posibles para estar preparados”, marcó la especialista en psicología positiva y recordó que cada meta o plan que tenemos requiere de un tiempo para desarrollarse. “Podemos pensar ¿cuál es el paso más chiquito que puedo hacer hoy para alcanzar ese objetivo? e ir dando minipasos”, explicó. Eso genera una sensación de avance y satisfacción.

7. El ocio también es productividad

Una de las trampas de esta época es tomar el descanso como una pérdida de tiempo. Dormir bien, hacer pausas o caminar no es “no hacer nada”. El cerebro necesita alternar concentración con recuperación, dijo la psicóloga y recalcó que, aunque “hoy se suele pensar que es mejor estar más ocupado, es todo lo contrario”.

Su defensa de los momentos vacíos es clara: “No hay nada más lindo y más necesario para el cerebro que tener esos momentos de la nada misma. Estar tirado en la cama mirando el techo o escuchando una meditación o mirando por la ventana... Esos momentos son sumamente necesarios para bajar la la ansiedad y para dejar que el cerebro descanse”.

8. Buscar experiencias de “flow”

Crear momentos de concentración profunda puede ser más satisfactorio que pasar horas saltando entre tareas chicas. El flow aparece cuando “estás haciendo una actividad que implica tu memoria, tu atención, tu concentración y tu disfrute”, describió Álvez y marcó que suele darse con los hobbies: esas actividades en las que pasó el tiempo y uno nunca se enteró.

¿Y si no hay hobby a mano? Álvez contó que varios de sus consultantes lo encontraron en juegos de mesa, en la pintura o en la cerámica. Incluso, contó que una paciente se anotó en un taller de escritura y terminó publicando libros. “Es un tema de animarse a jugar y a experimentar (...), atarlo a las fortalezas de cada uno, a los gustos, a lo que te hace sentir bien”, dijo.

La otra clave es no juzgarse ni medir todo en función del resultado: no se trata de apuntar a hacer “obras magnánimas”, sino de disfrutar. Cocinar rico o aprender a tocar la guitarra, aunque no sea para poner un restaurante o ser el líder de una banda, por ejemplo. “Muchas veces, las personas piensan que necesitan tener todo perfecto o ser el más famoso, el más hermoso, el más millonario y, en realidad, la felicidad se esconde en lo simple”, cerró.

El aprendizaje que atraviesa la lista es que el bienestar no depende solo de sumar actividades agradables, sino también de restar lo que sobrecarga la atención y los recursos mentales.