Hay que moverse

La medicina gratis y sin contraindicaciones que no se receta contra ansiedad y depresión

El ejercicio incrementa de forma natural los niveles de neurotransmisores esenciales como la serotonina y la norepinefrina.

18.05.2026 10:10

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A pesar de la casi inabarcable evidencia científica que respalda los beneficios de la actividad física sobre la salud mental, el deporte sigue brillando por su ausencia en las recetas de los sistemas de salud. Un análisis reciente publicado por el sitio The Conversation plantea una pregunta incómoda: si conocemos tan bien su efectividad, ¿por qué los médicos no lo prescriben de manera habitual como tratamiento de primera línea contra trastornos tan comunes como la ansiedad y la depresión?

El sitio cita un estudio con casi 80,000 participantes que confirmó que la actividad física reduce los síntomas de depresión y ansiedad en igual forma o incluso mayor que los psicofármacos y la psicoterapia.

Además, apunta a una revisión publicada en la revista World Psychiatry bajo el título “La eficacia, los mecanismos y la implementación de la actividad física como tratamiento coadyuvante en los trastornos mentales (2025)”, que sugiere que estos efectos podrían superar a los tratamientos convencionales.

Desde una perspectiva neurobiológica, los efectos del deporte están totalmente justificados. El ejercicio incrementa de forma natural los niveles de neurotransmisores esenciales como la serotonina y la norepinefrina, que son exactamente los mismos componentes químicos que regulan los medicamentos antidepresivos tradicionales. Además, el entrenamiento regular ayuda a modular el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, agrega el sitio en base a un informe elaborado por especialistas de la Universidad Complutense de Madrid, entrenando al organismo para emitir una respuesta mucho menor de cortisol (la hormona del estrés). Esto se traduce, a nivel psicológico, en una resiliencia mucho mayor ante las adversidades cotidianas.

La dosis exacta

Una de las claves para que cualquier prescripción médica funcione radica en la personalización de la “dosis”, recuerda el artículo. El impacto de la actividad física varía considerablemente según el trastorno que se busque tratar.

-         Para la depresión: Los ejercicios aeróbicos, como correr, caminar a paso ligero, nadar o andar en bicicleta, muestran los efectos más potentes y tienen más beneficios cuando se hacen bajo supervisión profesional o en formatos grupales, ya que se suma un componente de socialización y soporte emocional.

-         Para la ansiedad: Las personas que sufren de ansiedad generalizada o ataques de pánico pueden interpretar erróneamente la activación fisiológica extrema de un entrenamiento de alta intensidad (taquicardia, sudoración, agitación) como un ataque de ansiedad inminente. Para evitarlo, la ciencia recomienda actividades moderadas y regulares, paseos diarios o disciplinas cuerpo-mente como el yoga.

A pesar de estos datos, las guías clínicas oficiales, como las del Ministerio de Sanidad de España, continúan priorizando de forma casi exclusiva la terapia cognitivo-conductual y la farmacología. El ejercicio físico queda relegado con frecuencia a una recomendación, y suele ser catalogado como una opción “difícil de implementar” o de baja adherencia por parte del paciente.

Para ampliar este panorama, es importante destacar que la Asociación Mundial de Psiquiatría identificó la promoción de estilos de vida saludables, con especial énfasis en la actividad física, como una de sus prioridades globales para la preservación el tratamiento y la mejora de la salud mental de la población.

“Un enfoque importante del Plan de Acción es promover estilos de vida saludables como un componente fundamental del bienestar mental. A través del Centro de Estilos de Vida Saludables, la AMP promueve los beneficios de la actividad física, la buena nutrición y la higiene del sueño en la prevención y el manejo de las afecciones de salud mental”, dice el documento. 

También instituciones como Mayo Clinic recuerdan que la constancia a largo plazo con el ejercicio es el único factor capaz de mantener estos cambios neurobiológicos en el tiempo, ayudando además a romper el bucle de pensamientos negativos que caracteriza a estas condiciones. La conocida clínica señala que hacer ejercicio con regularidad permite:

-         Liberar endorfinas, que son sustancias químicas naturales del cerebro que pueden mejorar la sensación de bienestar.

-         No pensar en cosas que le preocupan y alejar a la persona del ciclo de pensamientos negativos que alimentan la depresión y la ansiedad.

-         Ganar confianza, ya que alcanzar las metas o los desafíos del ejercicio, incluso los más pequeños, puede promover la confianza en sí mismo.

-         Enfrentar los problemas de manera saludable. “Hacer algo positivo para controlar la ansiedad o la depresión es una estrategia sana de afrontamiento. Tratar de sentirse mejor bebiendo alcohol, obsesionarse con lo mal que se siente o esperar que la depresión o la ansiedad desaparezcan por sí solas puede empeorar los síntomas”, apunta.