Crece el interés entre los viajeros uruguayos y de la región por descubrir cómo se toma el té en otras culturas, según informó la plataforma de reserva en línea de excursiones y visitas guiadas Civitatis, que elaboró un ranking de los ocho mejores destinos del mundo para vivir esta tradición. Esta tendencia se inscribe, según la compañía, en el auge del turismo gastronómico y de bienestar, donde los viajeros buscan experiencias vinculadas a la tradición y a la pausa.
En tiempos de agendas saturadas y atención fragmentada, el té vuelve a aparecer como una excusa para detenerse, para disfrutar del momento presente y conectar con sabores y esencias milenarias. En esa línea, actualmente están creciendo las propuestas que combinan la ceremonia del té con prácticas de bienestar, mindfulness o turismo lento.
Y el té tiene su Día Internacional, que se celebra cada 21 de mayo por iniciativa de las Naciones Unidas para reconocer el peso económico, cultural y social de esta infusión que, según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es la segunda bebida más consumida del planeta, solo por detrás del agua. Su producción sostiene a más de 13 millones de personas en el mundo y sus orígenes se remontan a más de 5.000 años atrás.
Pero su permanencia no se explica solo por números. En la mayoría de las culturas que la adoptaron, la infusión derivó en algo más que una bebida: en un ritual de pausa. Estos fueron los lugares destacados por la plataforma:
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Japón:
La ceremonia del té —conocida como sadou— está vinculada al budismo zen
y a la idea de atención plena. Cada gesto, desde la preparación de los
utensilios hasta la forma de servir, responde a una lógica de respeto y
contemplación. En Miyajima, esta tradición puede experimentarse en espacios que
conservan su esencia, como antiguas casas o templos donde el tiempo parece
haberse detenido.
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Marruecos: el té de menta es ante todo una expresión de hospitalidad. En
Marrakech, esta tradición puede vivirse en espacios íntimos como riads, donde
el ritual se transmite de generación en generación. El vertido desde cierta
altura, que oxigena la infusión y crea su espuma característica, es parte del
modo en que se recibe al otro y tiene un importante simbolismo.
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China:
donde nació la tradición, la ceremonia se despliega con precisión silenciosa.
La elección de las hojas, la temperatura del agua y la forma de servir el té
definen el equilibrio del sabor. En barrios como Tianzifang o el antiguo
distrito de Qibao, la experiencia gastronómica se convierte también en un
recorrido cultural, dice Civitatis. Entre degustaciones y recorridos por
espacios que conservan el pulso del pasado, el momento más revelador tiene
lugar en una casa de té.
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India:
el chai —té negro con leche, especias y azúcar— funciona como
punto de encuentro cotidiano. En barrios históricos como Chandni Chowk,
recorrer la gastronomía local es también acercarse a una cultura donde cada
pausa tiene su ritual. Entre bocados callejeros y recetas tradicionales, el
recorrido tiene su momento de calma en torno a una taza de chai.
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Inglaterra: el five o'clock tea sigue marcando, casi dos siglos después,
una pausa social en la jornada. El sitio recomienda una forma singular de
experimentarlo: a bordo de un crucero por el río Támesis, donde la
ceremonia se combina con el paisaje urbano y mientras los turistas disfrutan de
íconos como la Torre de Londres y el Tower Bridge degustan el té, que se sirve
acompañado de una selección de sándwiches, pastelería y dulces clásicos.
- Portugal: en la isla de São Miguel están las plantaciones de té de Gorreana, una de las más antiguas de Europa. Allí, el recorrido por los campos y la degustación permiten descubrir cómo el clima atlántico influye en el sabor de una producción que se mantiene fiel a sus métodos tradicionales.
Otros destinos incluidos en el ranking de Civitatis fueron los arrozales de Tam Coc, en Vietnam, donde la ceremonia del té se integra a la vida rural. Y también la ciudad de Boston, donde el Boston Tea Party de 1773, cuando un grupo de colonos arrojó cargamentos de té al puerto en protesta contra los impuestos británicos, marcó un punto de inflexión en el camino hacia la independencia.