Contenido creado por María Noel Dominguez
Modo saludable

Un combo

Inflamación intestinal dificulta el bienestar emocional: experta en microbiota lo explica

No es solo la comida la que afecta a la microbiota, también los pensamientos negativos y repetitivos generan inflamación intestinal.

08.04.2026 07:38

Lectura: 4'

2026-04-08T07:38:00-03:00
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La doctora Lola de la Puerta es una profesional española, reconocida a nivel internacional en el estudio y tratamiento de la microbiota. Autora de varios libros que explican la importancia de las bacterias intestinales para la vida, se refirió en una entrevista a un concepto que invierte la lógica habitual. Aseguró que no solo el intestino afecta al cerebro, sino que los pensamientos que sostenemos también lo enferman y nos producen inflamación.

Y la clave de todo: depende de nosotros solucionarlo.

Cuando hablamos de microbiota, el foco suele estar en la alimentación: qué comemos, qué fermentados incorporamos, qué fibra consumimos. Más recientemente, se sumó el ejercicio y el sueño. Pero hay un factor que aparece poco en esa lista y que la doctora de la Puerta puso en un lugar central en la entrevista que brindó al podcast de Pepe García El Estoico: lo que pasa por nuestra cabeza. Y no hablaba en sentido metafórico, sino totalmente literal. Lo que pasa por nuestra cabeza en lo bioquímico.

El eje funciona en las dos direcciones

El eje intestino-cerebro, que es esa red de comunicación bidireccional entre las neuronas de ambos órganos, es la base de gran parte de la investigación reciente en microbiota. Y, de hecho, se habla mucho de cómo el intestino influye en el estado de ánimo, pero la doctora De la Puerta insiste en que la dirección inversa es igual de real y está igual de documentada.

“Las neuronas en un escenario de pensamientos negativos, de 'runrún', generan una serie de moléculas que a la microbiota le molestan, que son proinflamatorias”, explicó. El resultado es un círculo que se retroalimenta: la inflamación intestinal dificulta el bienestar emocional y el malestar emocional sostenido genera más inflamación intestinal.

Qué es la higiene mental y por qué importa

La doctora introdujo un término que ya muchos ponen en práctica aún sin saberlo: la higiene mental. Y la definió con una distinción que vale la pena atender: “No es solo qué tenés en la cabeza, que la vida te lo impone muchas veces. Sino qué dejás que se quede en tu cabeza. Sobre qué mantenés el runrún. Eso sí que es voluntario”.

La diferencia es importante, porque no se trata de controlar qué pensamientos aparecen, sino cuáles dejamos que se queden, cuáles repetimos y enfocamos. El runrún, la rumiación, el pensamiento circular: todo eso tiene un correlato en el intestino, dijo.

Entonces, tomando como base lo que dice la profesional, podemos concluir que la inflamación intestinal es consecuencia de lo que comemos y también del estado mental en que vivimos.

“¿Quién está feliz y tranquilo en ese modo proinflamatorio? Es muy difícil sentirse con paz y con tranquilidad y con bienestar en ese escenario inflamatorio intestinal”, sostuvo. Ese escenario puede estar siendo alimentado, silenciosamente, por el estrés crónico, por las noches de sueño fragmentado y por esa conversación interna que no para, agregó.

Lo que depende de nosotros

De la Puerta marcó algo que para muchos puede ser una buena noticia y para otros, un problema: la idea de que gran parte del estado de nuestra microbiota y de nuestro bienestar dependen de nuestras decisiones. “El mantenimiento, la actividad y la salud de la microbiota depende 100% de cada uno de nosotros”, afirmó.

Eso incluye la alimentación, el movimiento y el sueño. Pero también incluye algo menos tangible: qué hacemos con lo que pensamos. Y en ese sentido, recomendó algunas actividades que ayudan a sentirse mejor, tales como tener un diario de gratitud, practicar respiración consciente o salir a caminar sin apuro. Y aclaró especialmente que más que “técnicas de autoayuda” como se suelen clasificar (y desvalorizar) son herramientas que tienen un mecanismo de acción biológico concreto.

“Cuidar la microbiota es el self care de verdad”, apuntó la doctora. “Con la alimentación, con ese paseo contemplativo, con ese diario de agradecimiento. Todo eso es autocuidado y es cuidado de la microbiota”, marcó.