El peso de las emociones

Hambre emocional: por qué el estrés nos impulsa a picotear dulces y cómo evitarlo

Especialistas revelan que el cansancio mental altera el apetito, daña la dentadura y activa la dopamina buscando gratificación.

07.06.2026 19:03

Lectura: 4'

Compartir en

Recurrir a alimentos dulces o al picoteo entre comidas suele ser una respuesta frecuente ante el estrés, la ansiedad o estados emocionales negativos. Esto se debe a que el azúcar activa los mecanismos de recompensa del cerebro, estimulando la liberación de dopamina y generando una sensación pasajera de bienestar.

La psicóloga y jefa del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja y del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, Soraya Bajat, explicó que, en contextos de presión emocional o malestar psicológico, muchas personas tienden a buscar alimentos que proporcionen una gratificación inmediata como forma de aliviar esas sensaciones.

De acuerdo con el Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2026, el 72,1 % de las personas con niveles elevados de estrés reconoce recurrir a los dulces o al picoteo entre horas.

Los resultados del informe también muestran que el estado emocional influye de manera significativa en las decisiones alimentarias, especialmente durante períodos de tensión sostenida, cansancio mental o ansiedad. En estas circunstancias es habitual optar por productos asociados a una recompensa rápida, como golosinas, snacks o alimentos consumidos fuera de las comidas principales. Entre quienes presentan niveles bajos de estrés, ese comportamiento desciende al 36 %.

Asimismo, la ansiedad puede alterar la percepción del hambre y la saciedad. Mientras algunas personas comen con mayor frecuencia para gestionar el malestar emocional, otras pierden el apetito durante varias horas y terminan realizando ingestas más abundantes al final del día.

El cansancio mental prolongado también suele favorecer elecciones alimentarias más impulsivas y una mayor inclinación hacia productos ultraprocesados.

Más allá de las consecuencias metabólicas, este hábito también puede afectar la salud bucodental. El consumo repetido de azúcar a lo largo del día favorece la aparición de caries, ya que las bacterias presentes en la boca utilizan esos azúcares para producir ácidos que dañan el esmalte dental. Cuando el picoteo es constante, la boca permanece expuesta durante más tiempo a ese entorno ácido, dificultando la recuperación natural del esmalte.

En ese sentido, la odontóloga y parte del equipo de Innovación Clínica y Calidad Asistencial de Sanitas Dental, Lorena Trinidad, advirtió que las bacterias responsables de las caries encuentran condiciones especialmente favorables para proliferar cuando la cavidad bucal permanece expuesta de forma reiterada a ambientes ácidos, lo que puede repercutir tanto en la salud oral como en el bienestar general.

Para reducir el impacto del estrés sobre la alimentación, los especialistas recomiendan evitar períodos prolongados de ayuno, ya que suelen incrementar la impulsividad al momento de comer y la búsqueda de alimentos de rápida gratificación.

También aconsejan respetar los horarios de comida y evitar realizar otras actividades simultáneamente, como trabajar o utilizar el teléfono, porque estas distracciones pueden favorecer un mayor consumo de alimentos y dificultar la percepción de las señales de saciedad.

Incorporar alimentos más saciantes, como legumbres, frutos secos, huevos o proteínas de calidad, ayuda a mantener niveles de energía más estables y a reducir la necesidad de comer entre horas.

A ello se suma la importancia de dormir las horas suficientes, ya que el descanso desempeña un papel clave en la regulación del apetito y en la capacidad para gestionar el estrés cotidiano.

Por último, los expertos destacan la importancia de aprender a identificar el hambre emocional y diferenciarlo de la necesidad fisiológica de alimentarse, especialmente cuando surge como respuesta al cansancio, la ansiedad o el malestar emocional.

Con información de Europa Press.