Investigadores de la Universidad de Northwestern desarrollaron una estrategia pionera para impedir que las células cancerosas evolucionen y se vuelvan resistentes a los tratamientos. Este enfoque viene logrando resultados prometedores en células de laboratorio y ha mejorado significativamente la eficacia de la quimioterapia en modelos animales.
El rasgo distintivo del cáncer es su capacidad implacable para sobrevivir, sostienen los investigadores, y marcan que esto ocurre incluso frente a ataques del sistema inmunitario y tratamientos médicos agresivos. Según Vadim Backman, profesor de ingeniería biomédica y medicina en la Escuela de Ingeniería McCormick de Northwestern, las células tumorales son “grandes adaptadoras”.
“Pueden adaptarse a casi cualquier cosa que se les lance, [incluyendo] quimioterapia, inmunoterapia y radiación”, afirmó Backman. “Cuando resisten estos tratamientos, viven más tiempo y adquieren mutaciones”, agregó.
Buscando el código fuente
El equipo de Backman descubrió que esta capacidad de adaptación depende de la organización dentro del núcleo de la célula de la cromatina, que es una colección de moléculas que incluye ADN, ARN y proteínas. La cromatina se organiza en “dominios de empaquetamiento”, informa la universidad estadounidense en su web, y explica que estos son estructuras moleculares compactas que regulan la expresión genética y permiten a las células codificar memorias de sus patrones de transcripción.
Cuando este empaquetamiento de la cromatina se desordena, la célula aumenta su capacidad de adaptarse para resistir los tratamientos. Backman describe este fenómeno como una pérdida de identidad: “Muchos impactos de las enfermedades del siglo XXI están relacionados con la memoria celular; las células olvidan lo que deberían estar haciendo”. El investigador cree que su equipo ha encontrado el “código fuente de la memoria celular”.
Un aliado inesperado
Para combatir esta resistencia, los científicos buscaron formas de remodelar la cromatina. Tras analizar diversos fármacos existentes, seleccionaron el celecoxib, un medicamento antiinflamatorio aprobado por la FDA (de Estados Unidos) que tiene como efecto secundario la capacidad de alterar la estructura de la cromatina.
Al probar la combinación de ese fármaco con otro común de quimioterapia en un modelo de ratón con cáncer de ovario, los resultados fueron contundentes:
- Se redujeron las tasas de adaptación de las células cancerosas.
- Se inhibió el crecimiento del tumor.
- El tratamiento combinado superó los resultados de la quimioterapia por sí sola.
Esta estrategia no busca matar directamente a las células cancerosas en primera instancia, sino “quitarles su superpoder”, o sea esa capacidad que adquieren de “adaptarse, cambiar y evadir”. Al hacer que la quimioterapia sea más efectiva, los médicos podrían recetar dosis más bajas, reduciendo el impacto físico en los pacientes.
“La quimioterapia puede ser muy dura para el cuerpo”, explica Backman, que también es profesor en la Facultad de Medicina Feinberg. “Muchos pacientes, comprensiblemente, a veces eligen renunciar a la quimioterapia. No quieren sufrir para vivir unos meses más. Tal vez reducir ese sufrimiento cambie la ecuación”, explicó.
De acuerdo con la información de Northwestern Magazine, la modulación de la organización de la cromatina podría ser la clave no solo para el cáncer, sino también para tratar enfermedades neurodegenerativas y cardíacas.
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