Vejez gatuna

Gatos mayores: cómo cuidarlos y mejorar su calidad de vida al envejecer

A partir de los 10 años un gato es “mayor”. Una especialista en comportamiento felino explica qué ajustes simples ayudan a que viva mejor.

26.06.2026 10:00

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El gato que durante años trepaba de un salto hasta lo más alto del placard ahora se detiene, apoya una pata, mide la distancia. No es que se haya vuelto vago: es la edad, que también pesa para ellos.

La psicóloga y especialista en comportamiento animal Zazie Todd abordó el tema en la publicación Psychology Today, a partir de su propia gata, que este año cumplió 16. La idea de fondo es sencilla: a medida que envejecen, los gatos atraviesan cambios fisiológicos parecidos a los de las personas, y hay bastante que podemos hacer para que vivan mejor esa etapa.

En Uruguay, donde el gato es uno de los animales de compañía más presentes en los hogares, este planteo seguro tiene a muchos interesados.

Cuándo se considera “mayor” a un gato

Según las categorías que maneja Todd, un gato es maduro entre los 7 y los 10 años, mayor entre los 10 y los 14, y supermayor a partir de los 15.

No son etiquetas caprichosas: marcan el momento de ajustar cuidados, controles y entorno.

Cambios de conducta en gatos que conviene mirar

Con la edad, las visitas al veterinario deberían espaciarse menos. Todd cita las pautas de la Asociación Estadounidense de Veterinarios Felinos (AAFP): un chequeo de bienestar dos veces al año entre los 10 y los 15, y cada cuatro meses pasados los 15, siempre que el gato esté sano. Si hay problemas de salud, la frecuencia aumenta.

En casa, el detalle fino lo aporta la observación cotidiana. El dolor por artrosis o por problemas dentales es más común en gatos mayores, y muchas veces se delata en gestos mínimos. Todd propone hacerse algunas preguntas:

  • ¿Sigue saltando de los muebles como antes o apoya primero una pata para acortar la distancia?
  • ¿Trepa hasta lo más alto de su rascador favorito?
  • ¿Cambió la forma en que interactúa con vos?
  • ¿Maúlla más a horas raras, por ejemplo en mitad de la noche?

Cualquier cambio de ese tipo merece una conversación con el veterinario.

Pequeños ajustes que hacen la diferencia

Adaptar el entorno cuesta poco y rinde mucho. Un escalón o una rampa le facilitan llegar a sus lugares de descanso en altura, como el sofá. Conviene que los comederos y bebederos sean accesibles; algunos gatos mayores prefieren un bebedero más ancho y bajo, y un arenero de entrada baja para entrar y salir sin esfuerzo. Hasta la textura del rascador importa: una superficie más blanda, tipo moqueta, suele ser más amable con sus articulaciones.

Todd lo enmarca en los llamados cinco pilares del bienestar felino, una guía pensada para gatos de todas las edades:

1. ofrecer varios recursos, como camas, areneros y comederos separados entre sí

2. respetar su finísimo olfato, evitando limpiadores de olor fuerte cerca del arenero

3. mantener interacciones positivas y predecibles

4. garantizarle un espacio seguro, que ahora quizá requiera rampas para alcanzarlo

5. dejar lugar para el juego y la conducta de cazador.

El juego no se jubila

	Gato en edad avanzada Freepik

Gato en edad avanzada Freepik

Acá hay un punto que suele pasarse por alto: los gatos mayores tienden a jugar menos. Un estudio que cita Todd halló que los supermayores juegan con juguetes bastante menos que los mayores y los maduros. El favorito en todas las edades es la varita, también conocida como caña de pescar. Es fácil concluir que al gato viejo “ya no le interesa”, pero justamente porque el juego es uno de los cinco pilares, vale la pena insistir.

Algo parecido ocurre con los juguetes interactivos de comida, menos usados en los gatos grandes. Influye que muchos pasan a comer alimento húmedo, aunque igual se los puede hacer trabajar un poco: repartir la comida en platos pequeños y esconderla para que la busquen. Si se introduce un juguete nuevo, conviene arrancar muy fácil, sumar premios y estar atentos a la frustración para darles una mano. Otro déficit frecuente en los más veteranos es la estimulación olfativa, como la hierba gatera o la vid plateada.

Aseo, uñas y el famoso transportín

Con los años, muchos gatos necesitan ayuda con el cepillado y el corte de uñas. Por eso conviene que, a cualquier edad, se acostumbren a que los cepillen y les toquen las patas: si más adelante hay que asistirlos, todo será más sencillo. Los de pelo largo, además, suelen requerir cepillados regulares durante toda su vida.

¿Y el transportín, ese objeto que tantos gatos detestan? Todd recuerda que nunca es tarde para enseñarles a usarlo: aprenden a cualquier edad y, con refuerzo positivo, el entrenamiento puede ser hasta entretenido. Un truco simple es dejarlo en una habitación que el gato frecuente, para que deje de ser una amenaza y se vuelva un rincón más donde descansar.

Ante cualquier cambio o duda, el veterinario sigue siendo la primera parada.