Corazón partío

Gabriel Rolón: "El amor incondicional es patológico"

Dar por sentado el amor de una persona no es buena idea, según Rolón, psicólogo y escritor argentino, que dejó varias preguntas abiertas

22.06.2026 07:15

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Montevideo Portal

Una madre invita a sus hijas a almorzar. Cuando llegan, las recibe con la mesa pronta, pero un detalle generó tensión. Ella no había cocinado, había pedido empanadas por delivery. El detalle (que puede parecer mínimo para algunos) hizo estallar a una de las invitadas. Adulta, madre ella misma y con su propio hijo sentado a la mesa, se despachó con un reclamo airado porque la comida no era casera, y enfatizó en que ella tenía derecho a hacer ese berrinche por su condición de hija.

Esa escena ocurrió y sirvió para una consulta que le hicieron al psicólogo y escritor argentino Gabriel Rolón en el programa Perros de la Calle, de Urbana Play en Argentina. De allí salió un planteo más de base: lo que podemos esperar (y lo que no) de las personas que amamos. Pero además, qué podemos exigir (si es que algo podemos exigir) y qué no.

La consulta traía implícito un hecho que la hija daba por sentado y es que uno puede reclamar e incluso ser ingrato con sus padres porque ellos siempre van a estar ahí. Pero Rolón tomó ese punto y lo llevó un poco más allá: ¿Qué pasa con eso del amor incondicional?

La comida como primera forma de amor

Para empezar, despejó un tema anterior al berrinche y aclaró que lo que esa hija fue a buscar a la casa de su madre "no era comida, era amor". Ella pensó que le iban a cocinar, que su madre iba a hacer algo de comer con sus propias manos. “La primera manera en la que un ser humano recibe el amor es la comida. Es cuando su madre le da el pecho, cuando llora y alguien lo abraza, lo pone contra su cuerpo. La sensación de calma, de amor y de placer se relaciona mucho con la comida", explicó.

Entonces, la hija que esperaba una comida hecha por mamá, se encontró con empanadas de un delivery y explotó. Claro que había varias maneras de pararse ante eso: una era comentar que había empanadas y no algo cocinado, pero comerlo tranquilamente. Otra, más neutra: se come y ya. Y una tercera, la que eligió la hija de la anécdota: "¡Ah, no! Yo vine a buscar algo". Porque lo que fue a buscar, remarcó Rolón, no estaba en el plato.

Por eso, señaló Rolón, cuando cualquier madre llama a un hijo y le dice "venite a comer que te preparo algo", está diciendo algo más que "hay comida en casa". "Porque aunque no lo tenga teorizado ni haya leído nunca (a Sigmund) Freud, sabe que es una manera de manifestar el amor", aseguró. Es lo mismo que pasa con el clásico dicho de "un aplauso al asador". "¿Por qué se lo damos? Porque esa persona se pasó tres horas al lado del fuego, aguantando humo y calor para agasajar a los demás. Es una muestra de amor", agregó.

Freepik

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La ingratitud no es solo de los hijos

Al ingresar al análisis de la ingratitud, Rolón reconoció que es algo que suele ocurrir de hijos a padres —cualquier madre o padre la habrá sentido alguna vez—, pero apuntó: "No todos los padres se ganaron la gratitud de sus hijos". De hecho, dijo que conoce casos de hijos que "con una nobleza que sus padres no merecían" trabajaron el vínculo y construyeron algo positivo.

Por eso, agregó, le suena bastante pesada esa frase que se suele escuchar: "¡Vos me debés la vida!". Como si el hijo quedara en una deuda eterna solo por haber nacido.

El psicólogo y escritor dejó en claro que no es lo mismo ser ingrato o quizá poco considerado que maltratar a alguien. Esa no es una opción, enfatizó. Ahora, cuando hablamos de ingratitud, la clave está en saber que es algo que viene incluido con el amor en sí mismo, explicó. Porque “todos esperamos de quienes amamos y, por lo general, esperamos más de lo que recibimos". Esa distancia entre la expectativa y lo que llega, a veces, la leemos como ingratitud.

Y a veces, agregó, eso lleva a tener gestos desagradables o poco amorosos justo con aquellas personas de las que no tenemos miedo de perder su amor. "Con los seres que más amamos es con los que nos cuidamos menos en eso, porque sentimos que su amor está garantizado", explicó. Lo solemos ver en frases como: "Te puedo decir cualquier cosa porque sé que me vas a querer igual" o "me echaste de tu casa, pero si te llamo porque estoy con fiebre vas a salir corriendo".

Lejos de justificar tratos como esos, el psicólogo aseguró que eso de tratar peor a quienes “damos por seguros” es una realidad que sucede con madres, padres, hijos e incluso parejas. Es un error humano, "pero evitable si uno lo trabaja", aseguró.

La incondicionalidad del amor

Pese a que es algo extendido en la sociedad, Rolón considera que no es cierto que haya amores asegurados de por vida como el de una madre. "Yo conozco muchas personas que han dicho: 'Yo prefiero que mi hijo no venga y se lo dije: te quiero, pero no quiero verte más'", relató.

Pero además, enfatizó en que si se diera esa incondicionalidad no sería positivo. Desde su punto de vista, "el amor incondicional es patológico". "Como a veces entre hijos y padres tenemos esa idea de la incondicionalidad del amor, es que el vínculo se enferma", dijo y aparecen los maltratos, los desprecios, los gestos que nos permitimos solo porque damos por hecho que el otro no se va a ir.

"Pero hay que cuidarlo, es un amor como cualquier otro. Es algo que deberíamos hacer los hijos, los padres, los amigos, los enamorados, no importa quien", aseguró.

Rolón no dio una receta para evitar estos problemas que se plantean en los vínculos, pero sí dejó en el aire una pregunta que, seguramente, nos tenemos que hacer todos en algún momento de la vida: ¿Tratamos peor a alguien porque damos por garantizado su amor?

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