Fertilidad masculina: el peso emocional de un tema que se habla poco
Las miradas se posan en la mujer al hablar de embarazo y los hombres, por razones mayormente culturales, sienten que están en segundo lugar
29.05.2026 07:42
Por Patricia Vicente
Hablar de embarazo, de fertilidad o de técnicas de reproducción asistida lleva invariablemente a pensar en una mujer. Ella es la que llevará al bebé en su vientre, está claro, pero aunque la búsqueda se dé en pareja, el hombre suele quedar desdibujado y no la fertilidad masculina pasa a segundo plano ¿Por qué pasa eso y cómo lo viven los futuros padres?
En la previa de la octava Semana de la Fertilidad, que organiza la Sociedad Uruguaya de Reproducción Humana, analizamos por qué el varón queda en segundo lugar en un proceso que lo involucra plenamente y cómo lo viven los hombres uruguayos. La charla fue con el ginecólogo y máster en reproducción humana Pierino Russomano.
—¿Por qué te parece que el factor masculino es de lo que menos se habla?
—Básicamente, es una cuestión social. La reproducción está asociada con la mujer y eso implica no solamente que se enfoque menos en el varón, sino que desde siempre se haya investigado más a la mujer. Obviamente, el embarazo lo lleva adelante ella, entonces se sesga la visión para ese lado y el varón queda un poco más relegado. En la parte emocional ocurre lo mismo. El varón siente que tiene que estar sosteniendo, tiene el rol de “bancar” y la mujer es la que pone el cuerpo.
—Desde lo emocional y a riesgo de caer en
un prejuicio: ¿Ocurre que al hombre en general le afecta más que a la mujer
cuando la razón por la que no se puede alcanzar el embarazo tiene que ver con
él?
—Pienso que sí y ahí hay varias cosas en juego. Si analizamos qué se puede
hacer con los óvulos y qué se puede hacer con los espermatozoides en cuanto a
la tecnología actual, podemos trabajar más con los espermatozoides, aun estando
en condiciones bastante malas. Con los óvulos no pasa eso, porque cuando tienen
mala calidad —generalmente por la edad— es difícil que la tecnología lo logre
subsanar. Y ya en la consulta es menos frecuente hablar de una donación de
semen que de una donación de óvulos.
Pero ese “duelo genético” que se da al decidir hacer el tratamiento con una donación le cuesta más al hombre. Si bien hay muchas mujeres que no quieren una ovodonación, suelen aceptar porque lo que les importa es cursar un embarazo. Para ellas no es tan límite la cuestión genética, pero para el varón sí es más duro. Y también socialmente lo es, porque en definitiva la mujer es la que lleva el embarazo, aunque se trate de una donación. El varón lo puede mantener en reserva y que nadie sepa que fue donación, pero genera incomodidad. Hay un tabú a romper, una barrera que dificulta decir “yo soy padre y ya está; hicimos un tratamiento y tuvimos que acceder a semen donado”. Tiene que ver con la masculinidad y con lo que se espera de los varones.
—¿Ves que esto haya ido cambiando en los últimos tiempos acá en Uruguay o sigue siendo un tabú grande?
—Sigue siendo un tabú grande, no podría decir que haya cambiado mucho. En mi experiencia de 15 años en reproducción asistida, veo que sigue siendo duro llegar al punto de decir “bueno, vayamos a un semen donado”. Generalmente, se intenta mucho con el semen del varón; se hacen procedimientos de alta complejidad y que un varón que tenga un problema decida ir por semen donado ocurre, pero es poco frecuente.
Para hacerse una idea de esto: puede ocurrir que un varón no eyacule ni un solo espermatozoide, pero la tecnología hoy es capaz de biopsiar el testículo, sacar una muestra y, en muchos casos, conseguir espermatozoides y con eso hacer el tratamiento. Ahora, eso implica después que la mujer se tiene que someter a una fertilización in vitro, tiene que hacerse una estimulación ovárica, una anestesia general, una punción ovárica… Todo eso que lleva el tratamiento que, para la mujer, si bien no es extremo, es pesado. En cambio, con una donación de semen sería un procedimiento más sencillo: en un ciclo natural de la mujer se coloca el semen en el útero y ya está.
—Y ahí un hombre podría decir: “Sí, pero no es mi hijo”.
—Exacto, muchas veces pasa eso. “No es mi hijo”, esa es la frase. Es una cuestión social, puramente cultural.
—¿Cómo juega ahí la adopción? ¿Se prefiere adoptar a tener un hijo con esperma donado, por ejemplo?
—No puedo contestar esa pregunta con exactitud, pero lo que sí sabemos es que para las parejas que están en esto, muchas veces pensar en la adopción es complejo. Hay todo un halo alrededor de la adopción: que es dificultosa, que hay que esperar mucho tiempo, que los procesos son difíciles y que los niños y las niñas que se adoptan pueden traer problemas de diferente tipo, incluso con las familias de origen.
Pero es algo que nosotros hablamos cuando hay una pareja que tiene muy bajas chances de lograr un embarazo, siempre ofrecemos la adopción como una forma de llegar a la maternidad y a la paternidad. Quizá hay una apertura mayor a la subrogación, al mal llamado “vientre de alquiler”. Pero por las políticas y el marco legal que tenemos en Uruguay, o no es posible o es muy difícil.
—¿Qué dicen las estadísticas sobre los problemas de infertilidad? ¿Son más comunes en hombres o en mujeres?
—Están iguales. Hay un 30% de causas puras femeninas, un 30% de causas masculinas y un 30% o un poquito más de causas combinadas. Lo más común es que encontremos alguna cosita en cada uno de los integrantes de la pareja.
—Y generalmente, cuando se habla de “quedar embarazados”, lo que pasa es que la mujer va al ginecólogo, pero ¿es importante que el hombre también vaya a consultar? ¿A qué médico?
—En la mayoría de los casos en los que hay problemas en el semen, no encontramos una patología o un motivo exacto para determinar qué es lo que está afectado. Lo que sí sabemos es que hay muchos factores ambientales y de conducta de vida que afectan la fertilidad masculina. Por ejemplo, la obesidad, el sobrepeso, el consumo de sustancias, el sedentarismo, el consumo de alimentos procesados, de mala calidad... Entonces, a un varón que quiera ser padre, el cuidado de su salud general lo va a ayudar a ser más fértil.
Después, ocurre que hay muchos varones que ya saben que tienen un problema. El más común es el varicocele, que son várices en los testículos. Se suele detectar por dolor o porque tienen los testículos inflamados y ya saben que hay algo que tienen que ir cuidando. Eso generalmente puede verlo un médico general y derivarlo al urólogo. Pero es importante que lo vea un especialista en fertilidad, que ve el espermograma y puede saber qué repercusión puede tener en un tratamiento o a la hora de lograr un embarazo.
En resumen, puede ver a un urólogo, a un especialista en fertilidad, pero también desde la consulta de medicina general se puede plantear que tiene tal inquietud con respecto a su fertilidad.
—¿Influye si el hombre tuvo antecedentes familiares de infertilidad?
—En algunos casos, sí. Hay hombres que saben que su padre o sus hermanos tienen varicocele, por ejemplo, y que hay algún problema de los vasos sanguíneos o del tejido conectivo que se va heredando. Si bien no está directamente relacionado con la fertilidad, la termina afectando. Después hay algunas cuestiones genéticas, pero son bastante poco comunes.
—En el caso de las mujeres se habla del reloj biológico y de hasta cuándo pueden ser madres. ¿Cómo aplica esto en hombres?
—Sabemos que la fertilidad masculina baja con la edad. A medida que pasa el tiempo, como cualquier célula del cuerpo, como la piel se arruga, como el pelo se cae o queda canoso, con los testículos pasa lo mismo y la función del espermatozoide empieza a fallar más. Entonces, ese varón va a tener menos chance de lograr un embarazo natural, va a tener un poquito más de chances de que su pareja tenga una pérdida de embarazo o un aborto espontáneo. Y lo mismo con respecto a los tratamientos.
Con respecto a la edad, además, hoy pasa lo mismo en mujeres y en hombres: la reproducción se está postergando cada vez más. Entonces, si vos tenés un estado de salud bueno, no tenés problemas de nutrición, te alimentás bien, hacés ejercicio, descansás, no consumís sustancias, capaz que el semen no se afecta tanto. Puede haber un hombre de 45 o 50 años que está impecable y es muy fértil, y uno de 30 que fuma, no se cuida, toma alcohol o consume sustancias y seguro tiene factores de riesgo para que su fertilidad baje.
—¿Y también se relaciona con la edad de la madre? ¿Un hombre mayor con una mujer más joven tienen más chances?
—Exactamente, se da como una compensación del uno con el otro. Es como que uno quiera saltar un muro y te den una escalera. Si es muy chiquita, no vas a poder. Ahora, si la mujer tiene un pequeño problema, pero el varón es muy fértil, la escalera es más alta y vas a pasar más fácil. Si los dos están con problemas, ese umbral de fertilidad va a estar más alto y va a ser más difícil pasar para el otro lado.
Lo mismo al revés, capaz que una mujer joven para la reproducción (menor de 30 años) compensa el problema del varón mayor, porque es tan fértil que todos los meses pone un óvulo de buena calidad a disposición y, entre intentos e intentos, se termina embarazando. Pero al mismo varón con una mujer de 35 o 38 años, le va a costar bastante más.
—Otro tema en cuanto a la edad son los riesgos de enfermedades o problemas genéticos que pueda tener el hijo. ¿Esto afecta a mujeres y también a hombres?
—Puede afectar, pero mucho menos.
—¿Qué otros factores hay que tomar en cuenta?
—La parte emocional es muy importante en los varones, la parte psicológica. Eso está muy bloqueado. Por ejemplo, en los tratamientos hay consultas psicológicas incluidas, pero generalmente, va solo la mujer. Lo mismo cuando preguntás si van con psicólogos particulares. Y cuando abordás a los varones que tienen problemas, a la mayoría no se les ofreció una consulta psicológica propia. El hombre suele sentir que lo que tiene que hacer es estar firme para bancar a la mujer, que es la que va a estar bajoneada.
Y lo otro que se afecta mucho mientras se hacen los tratamientos es la sexualidad en la pareja, porque la frecuencia de las relaciones sexuales baja. El varón se siente exigido, afectado en su masculinidad. Muchas veces se escucha que no está pudiendo “embarazar a su pareja” y eso repercute mucho porque es como que se siente “menos hombre”. Y también en los casos en que es el varón el que tiene el problema por el cual no ocurre el embarazo, a la hora de las relaciones es como que se sienten afectados en su hombría.
La semana de la fertilidad
La Semana de la Fertilidad es impulsada por la Sociedad Uruguaya de Reproducción Humana (SURH), que impulsa acciones dirigidas a la comunidad y a los profesionales de la salud, con el objetivo de promover el acceso a información confiable, fomentar la consulta oportuna, actualizar conocimientos médicos y ampliar el abordaje de la fertilidad desde una perspectiva interdisciplinaria.
Agenda de charlas – Semana de la Fertilidad
- Lunes 1º de junio, 19:00 hs – Familias monoparentales
- Miércoles 3 de junio, 19:00 hs – Endometriosis
- Viernes 5 de junio, 19:00 hs – Factor masculino
- Jueves 11 de junio, 19:00 hs – Fertilidad sin tabúes
Participación sin costo con previo registro a través de www.surh.org.uy
- 4 de junio - Día Mundial del Cuidado de la Fertilidad
Ciclo “Diálogos Fértiles” - Disponible en el canal de YouTube de la SURH
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