Estufas, calefón o calentadores: los descuidos de invierno que pueden costar una vida
Las intoxicaciones con monóxido de carbono pueden ser graves. Este gas es llamado “el asesino silencioso”,porque no tiene olor y no irrita.
28.05.2026 07:24
Una estufa encendida toda la noche en una pieza cerrada. Un calefón a gas instalado dentro del baño. Un brasero para sacarse el frío mientras se mira una serie. Tres escenarios cotidianos que cada invierno, lamentablemente, se convierten en noticia policial, casi siempre con el mismo desenlace: una o varias personas afectadas por una intoxicación con monóxido de carbono (CO).
Para tomar como referencia: apenas estaba comenzando el invierno de 2025 y la Unidad Académica de Toxicología del Hospital de Clínicas ya contabilizaba 50 casos severos y seis muertes. En todo el año anterior, 2024, el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT), que también funciona en el Clínicas, registró 307 consultas por esta causa y de ellas, 120 fueron casos severos de intoxicación.
Son números que preocupan y que cada año, al comenzar el invierno, conviene recordar para prevenir.
¿Por qué le dicen “el asesino silencioso”?
“El monóxido de carbono es un gas al que nosotros llamamos el asesino silencioso, justamente porque no lo podemos percibir”, explicó la doctora Melina Pan, profesora adjunta de toxicología de la Facultad de Medicina. “Una vez que se generó y se produce ese gas en el ambiente, no tenemos forma de darnos cuenta de que está allí. No tiene olor, no tiene color y no es irritante. Sin embargo, es altamente tóxico y puede producir la muerte, según la gravedad de la intoxicación”, agregó.
Un punto clave: no hay que confundirse con el olor del gas que puede salir de la propia garrafa. Claro que también es peligroso si hay fugas o escapes y hay que controlarlos, pero en ese caso estaremos alertados porque al supergás se le agrega un aroma fuerte y desagradable, justamente para que se note si está disperso en el aire.
Pero como el monóxido de carbono es el gas que se produce durante el uso, a partir de la combustión, no es posible agregarle aroma y así se convierte en ese enemigo oculto o asesino silencioso que nadie ve venir. El CO no irrita los ojos ni la garganta y no tiene color ni perfume. Cuando aparece, ya está actuando.
El monóxido de carbono se crea por la combustión incompleta de combustibles que contienen carbono, como la gasolina, el gas natural, el petróleo, el carbón y la madera. Según el mismo sitio, las fuentes más comunes de exposición al CO son:
- Sistemas de calefacción residenciales: los hornos y estufas que funcionan mal o que no están adecuadamente ventilados pueden emitir CO. La clave en estos casos es controlar que la llama sea azul: si es así, la combustión se está dando en forma completa. Si es amarilla o rojiza, conviene apagarla y controlar el funcionamiento del aparato.
- Caños de escape de automóviles: hacer funcionar vehículos en espacios cerrados, como garajes, puede provocar una peligrosa acumulación de CO.
- Generadores y motores portátiles: el uso de generadores o herramientas a gasolina en interiores o cerca de ventanas abiertas puede provocar la acumulación de CO.
- Aparatos de cocina: las parrillas de carbón y las cocinas a gas utilizadas en interiores sin ventilación adecuada representan riesgos significativos.
¿Cómo afecta al cuerpo el monóxido de carbono?
Cuando se produce la inhalación del gas, “del pulmón pasa a la sangre y de ahí se distribuye a todo el cuerpo y a todos los órganos”, dijo Pan. “No deja que el oxígeno en nuestro cuerpo se distribuya a los tejidos y a los diferentes órganos, por eso es una intoxicación tan grave y en algunos casos incluso letal”, indicó.
El sitio especializado PubMed explica que “una vez inhalado, el CO se une a la hemoglobina para producir carboxihemoglobina, lo que limita el suministro de oxígeno y provoca hipoxia tisular. Esto puede tener graves consecuencias para la salud, incluyendo daño cerebral y la muerte”.
¿Qué síntomas hay que atender?
Acá está el segundo gran problema: pueden confundirse con cualquier otra cosa. “Los síntomas de la intoxicación por monóxido de carbono son inespecíficos y podemos no identificarlos o confundirlos con otras enfermedades”, dijo Pan.
Los síntomas más comunes son:
- náuseas
- vómitos
- malestar digestivo asociado a síntomas neurológicos
- dolor de cabeza
- mareos
- a veces pérdida de conocimiento que puede ser breve y recuperarse
- pérdida de conocimiento mayor
- convulsiones
- en casos graves, depresión de conciencia que puede llevar al coma.
En la práctica, una intoxicación leve puede parecer una gripe, una indigestión o una “baja de presión” y, si no se identifica la causa ambiental, la persona permanece sin darse cuenta en el mismo lugar donde se está generando el gas. Por eso conviene prestar atención a una pista clave: cuando varias personas de una misma casa empiezan a sentirse mal al mismo tiempo, hay que sospechar.
El frío empeora el cuadro: al cerrar puertas y ventanas para conservar el calor, el aire de la casa se renueva menos, baja la cantidad de oxígeno disponible para una combustión completa y aumenta la producción de CO. Equipos en mal estado, mal instalados o usados en ambientes sin ventilación son los principales responsables de los casos graves.
¿Cuáles son las medidas de prevención?
La primera —y más simple— es no dejar de ventilar los espacios cerrados. “Siempre tenemos que dejar una ventilación, aunque sea mínima, en aquellos ambientes que estamos calentando”, dijo la médica. Además, se recomienda no dormir o pasar toda una noche en una habitación cerrada con una estufa o una fuente de calefacción que pueda generar monóxido de carbono.
Una rendija abierta —en una ventana o en una puerta— permite que el oxígeno se renueve y, si llega a producirse, el monóxido puede escapar.
Después están las medidas específicas según el artefacto:
- Calefón a gas: deben estar bien instalados y afuera del baño. Los baños son ambientes chicos, cerrados y con poca ventilación, lo que convierte al calefón en su interior en una de las fuentes más letales.
- Cocina a gas. “No utilizarlas como fuente de calefacción, no dejarlas encendidas por mucho tiempo”, recomendó la especialista. La hornalla no fue diseñada para calefaccionar y prolongar su uso multiplica el riesgo.
- Braseros y estufas a leña. Requieren la misma lógica: ventilación permanente y no quedarse a dormir con el dispositivo encendido en una habitación cerrada.
- Ambientes laborales: “Para aquellas personas que trabajan con motores de combustión, automóviles o incluso con fuego, como panaderos o pizzeros, siempre es recomendable mantener una ventilación adecuada”, recordó Pan.
¿Qué hacer ante sospecha de intoxicación?
Salir del ambiente y consultar lo antes posible al médico. “Frente a cualquier síntoma, malestar, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, consultar al médico lo más precozmente posible y siempre relatar el escenario del cual proviene, o sea, dónde estaba antes cuando comenzaron estos síntomas”, indicó Pan.
Ese último dato —el contexto en el que aparecieron los síntomas— puede ser determinante para que un equipo médico oriente el diagnóstico hacia una intoxicación por CO y no hacia una gastroenteritis o una migraña.
El CIAT cuenta con una guardia médica especializada disponible las 24 horas en el teléfono 1722, que asesora a la población y al personal de salud en el diagnóstico, tratamiento y prevención de este tipo de intoxicaciones.
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