Una investigación publicada en la revista Journal of Affective Disorders concluyó que el consumo moderado de café —entre dos y tres tazas diarias— podría estar asociado a un menor riesgo de trastornos de salud mental, con efectos más notorios en hombres. En contraste, ingerir cinco o más tazas por día se vinculó a un aumento del riesgo.

El estudio analizó información de más de 460.000 personas incluidas en la base de datos de UK Biobank, que en una investigación compuesta por adultos de entre 40 y 69 años. A lo largo de una mediana de seguimiento de 13,4 años, los participantes reportaron su consumo diario de café, tanto en cantidad como en tipo —incluyendo descafeinado, instantáneo y molido—, lo que permitió evaluar su relación con distintos trastornos mentales.

Los resultados mostraron un patrón en forma de “J”, tanto el consumo bajo como el excesivo se asociaron con menos beneficios en comparación con una ingesta moderada. Según los investigadores, la relación entre café y trastornos del estado de ánimo fue especialmente marcada en los hombres.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental en el mundo. La ansiedad y la depresión, en particular, se ubican entre las principales causas de discapacidad a largo plazo y contribuyen de forma significativa a la pérdida de años de vida saludable.

En este contexto, los autores de la investigación subrayaron la necesidad de avanzar en estrategias preventivas para abordar lo que describen como una “pandemia de trastornos de salud mental”.

Según detallaron, el café contiene más de mil compuestos bioactivos, entre ellos, cafeína, polifenoles, melanoidinas y diterpenos. Los investigadores señalan que algunos de estos componentes, como la cafeína y el ácido clorogénico, tienen propiedades antiinflamatorias que podrían explicar el menor riesgo observado en consumidores moderados.

En particular, la cafeína actuaría a nivel cerebral mediante dos mecanismos: Por un lado, la activación de ciertos receptores vinculados a efectos antidepresivos; por otro, la inhibición de otros receptores asociados al estrés neuronal. Estudios previos ya habían relacionado estos efectos con un menor riesgo de demencia y un enlentecimiento del deterioro cognitivo.