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Hay que tener ojo

Estudio de Udelar vincula las pantallas con obesidad y depresión en niños y adolescentes

Una revisión sistemática publicada en Anales de la Facultad de Medicina analizó 42 estudios sobre los efectos del uso de dispositivos.

12.10.2026 17:42

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Montevideo Portal

Una revisión sistemática publicada en los Anales de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar) concluyó que la exposición a pantallas digitales superior a dos horas diarias se asocia con mayor prevalencia de obesidad infantil, sedentarismo, alteraciones del sueño y dificultades cognitivas en niños y adolescentes de entre 0 y 18 años. El estudio, firmado por investigadores de Ecuador, analizó 42 estudios seleccionados de bases como PubMed, Scopus y Web of Science entre 2015 y 2025.

Qué dice la evidencia según la edad

Los autores identificaron que los efectos varían según la etapa del desarrollo. En la primera infancia, el uso individual y pasivo de pantallas se asocia con retrasos en el desarrollo del lenguaje expresivo, menor atención sostenida y alteraciones en la memoria de trabajo y el control inhibitorio. Estos efectos fueron más frecuentes en menores de cinco años cuando la exposición superó una o dos horas diarias sin interacción con cuidadores.

En la adolescencia, el uso intensivo de redes sociales recreativas incrementa los síntomas de ansiedad y depresión. Las asociaciones fueron más consistentes cuando la exposición superó las tres y cuatro horas diarias y coexistió con el uso problemático de videojuegos o plataformas recreativas. Algunos autores identificaron similitudes conductuales entre el uso problemático de pantallas y otras conductas adictivas sin consumo de sustancias.

La revisión señala que el uso nocturno de dispositivos digitales altera la liberación de melatonina y modifica los ritmos circadianos, lo que retrasa el inicio del sueño y favorece los despertares nocturnos. La presencia de dispositivos en el dormitorio se relacionó con somnolencia diurna, irritabilidad y disminución del rendimiento académico. El uso prolongado de redes sociales y videojuegos durante la noche también se asoció con retraso en el horario de dormir.

Salud física: obesidad y problemas visuales y posturales

Los estudios incluidos reportaron una relación de dosis-respuesta entre la exposición prolongada a pantallas y la obesidad infantil: el riesgo de efectos adversos aumenta progresivamente a partir de las dos horas diarias. La revisión también documentó una menor ingesta de frutas y verduras y un mayor consumo de bebidas azucaradas y alimentos con alto contenido de grasas y azúcares refinados en niños con mayor tiempo de pantalla.

Respecto a la salud visual, la evidencia reporta asociaciones entre el uso intensivo de pantallas y síntomas de fatiga visual digital, sequedad ocular, cefalea y progresión de miopía, especialmente en escolares y adolescentes. En cuanto a la salud musculoesquelética, niños y adolescentes adoptan frecuentemente posiciones de flexión cervical durante el uso prolongado de teléfonos y tabletas, lo que se relaciona con dolor cervical, molestias dorsales y fatiga muscular.

No es solo cuestión de horas

Los autores subrayan que reducir el problema al número de horas frente a una pantalla sería una simplificación. La edad del niño, el tipo de contenido, la modalidad de uso y el nivel de supervisión parental modifican la magnitud del riesgo. Cuando las pantallas se utilizaron con fines educativos y bajo supervisión activa de un adulto, se observaron efectos protectores parciales que favorecen el neurodesarrollo y la salud mental.

La revisión indica que el 89% de los cuidadores coasiste a la televisión junto con sus hijos, mientras que el 63% y el 64% refieren compartir el uso de dispositivos móviles y tabletas, respectivamente, al menos de manera parcial. En niños de entre 0 y 36 meses, el uso compartido de pantallas móviles alcanza aproximadamente el 55% del tiempo total de exposición.

Por el contrario, escenarios como la televisión encendida como ruido de fondo o el uso periférico de dispositivos por parte de los adultos mientras interactúan con los niños se relacionaron con resultados menos favorables en el desarrollo cognitivo y lingüístico temprano.

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