Estudio de Harvard vincula comer ultraprocesados con pérdida de memoria
Un estudio siguió por casi nueve años a más de 5.000 adultos mayores. El hallazgo apunta a un órgano inesperado: el cerebro.
09.07.2026 07:30
Que los ultraprocesados no le hacen ningún favor al cuerpo es cosa sabida. Lo que un nuevo estudio agrega es un destinatario menos esperado: el cerebro. Y, más puntualmente, la memoria.
El trabajo, publicado en junio en la revista American Journal of Public Health y difundido por Harvard Health, analizó los datos de 5.370 adultos mayores de Estados Unidos, seguidos durante casi nueve años, entre 2012 y 2020. Los participantes, de 64 años en promedio, 55 % mujeres, respondieron cuestionarios sobre su alimentación al inicio y luego rindieron pruebas de memoria y atención cada dos años.
A partir de esos cuestionarios, los investigadores ordenaron las dietas según cuánto pesaban en ellas los ultraprocesados y cruzaron ese dato con la evolución cognitiva de cada persona a lo largo del seguimiento.
Casi 60% más riesgo de demencia
Al final, quienes más ultraprocesados consumían presentaban un 58% más de riesgo de desarrollar demencia que quienes menos comían. En ese mismo grupo, el riesgo de deterioro cognitivo sin demencia era un 46 % mayor. Ese cuadro describe fallas de memoria o de atención que todavía no interfieren de lleno en la vida diaria, pero que muchas veces anteceden a problemas más serios.
La otra cara del estudio apuntó en la dirección contraria. Las personas que basaban su dieta en alimentos frescos o mínimamente procesados mostraron un 41% menos de riesgo de demencia y un 24% menos de deterioro cognitivo, siempre en comparación con quienes menos los elegían. Las comparaciones se hicieron entre los extremos, o sea entre los que más y los que menos consumían cada tipo de alimento.
El estudio no prueba que esos alimentos causen el deterioro, pero sí muestra una asociación. Y el mecanismo, según los autores, no sería directo. Más que dañar el cerebro por sí mismos, los ultraprocesados aparecen ligados a la obesidad, la diabetes, la hipertensión y el colesterol LDL alto. Todas esas condiciones afectan los vasos sanguíneos, incluidos los que irrigan el cerebro.
El hallazgo no aparece aislado: se suma a una línea de investigación que, desde hace años, viene ligando la alimentación al riesgo de deterioro cognitivo en la vejez.
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Qué entra en la categoría
Bajo esa etiqueta caben productos bastante alejados de la cocina casera. La nota de Harvard mencionó tres ejemplos habituales:
- bebidas azucaradas
- fiambres
- comida rápida.
La Organización Panamericana de la Salud, al describir el fenómeno en Uruguay, sumó otros conocidos: galletitas rellenas, alfajores, refrescos, panchos y snacks de copetín.
El rasgo común no es solo que vengan envasados, sino un grado de procesamiento y una combinación de ingredientes que los separa mucho de un plato hecho en casa. Y además, conviene no confundir: un queso o una lata de arvejas son alimentos procesados, pero no ultraprocesados. La diferencia está en el nivel de industrialización y en los aditivos, colorantes y saborizantes que caracterizan a los segundos.
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