Contenido creado por Clemente Calvo
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Estrés y ansiedad: claves para reconocerlos, diferenciarlos y saber cuándo consultar

No es igual pasar una etapa exigente que enfrentar un problema de salud mental: saber distinguirlo es fundamental.

08.02.2026 11:53

Lectura: 4'

2026-02-08T11:53:00-03:00
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Montevideo Portal

Sentirse superado, tenso o inquieto es algo común en la vida de cualquier ser humano. A todos nos ocurre en algún momento. El problema aparece cuando ese estado se vuelve persistente o deja de ser manejable, y empieza a condicionar la vida diaria. Ahí ya no se trata solo de un malestar pasajero, sino de una señal de alerta para la salud mental. En ese sentido, aprender a distinguir entre una reacción emocional transitoria y un cuadro de estrés sostenido en el tiempo es fundamental.

Reconocer la diferencia entre estrés y ansiedad puede ser decisivo: no es lo mismo atravesar una etapa exigente que estar frente a un problema que requiere atención profesional. Aunque suelen confundirse y están estrechamente vinculados, no son sinónimos ni tienen el mismo impacto cuando se prolongan, según explica el sitio especializado Medical News Today

Parecidos, pero no iguales

El cuerpo humano cuenta con el estrés y la ansiedad como mecanismos de respuesta ante situaciones que percibe como amenazantes. En sí mismos, no son negativos. El estrés puede ser una reacción adaptativa, y la ansiedad, una emoción que no conviene reprimir sino comprender y aprender a gestionar.

La dificultad surge cuando estas respuestas se desbordan. Tal como señala Medical News Today, ambos estados comparten síntomas, pero difieren en su origen y duración. El estrés suele ser puntual y está asociado a una causa identificable, mientras que la ansiedad puede persistir en el tiempo y aparecer incluso sin un desencadenante claro.

En situaciones de estrés, el organismo reacciona frente a un estímulo concreto —una presión laboral, un conflicto personal, un problema económico— y, una vez resuelto o atenuado, tiende a recuperar el equilibrio. La ansiedad, en cambio, puede instalarse de manera más difusa y mantenerse aun cuando el contexto ya no lo justifique.

Síntomas similares y cómo diferenciarlos

Desde lo físico y lo emocional, el estrés y la ansiedad pueden manifestarse de formas muy parecidas. Entre los síntomas más habituales se encuentran:

  • aceleración del ritmo cardíaco y respiración agitada
  • irritabilidad, nerviosismo o sensación de saturación
  • mareos, náuseas o molestias gastrointestinales
  • dificultad para concentrarse y pensamientos repetitivos

La clave no está en un síntoma aislado, sino en su intensidad, frecuencia y duración. Cuando el malestar persiste sin una causa evidente o comienza a dominar la rutina cotidiana, deja de cumplir una función adaptativa.

Cuando el estrés deriva en ansiedad

El estrés sostenido en el tiempo puede convertirse en ansiedad. En esos casos, la mente permanece en un estado de alerta constante, como si el peligro nunca terminara de desaparecer. Este pasaje es frecuente en contextos de presión prolongada, falta de descanso, sobrecarga emocional o incertidumbre continua.

No se trata de una falla personal ni de falta de fortaleza. Es una respuesta del sistema nervioso que, frente a estímulos constantes, pierde su capacidad de autorregulación.

Hábitos cotidianos que pueden ayudar

Sin reemplazar la consulta profesional, Medical News Today sugiere algunas estrategias que pueden contribuir a reducir el impacto del estrés y la ansiedad en la vida diaria:

  • identificar qué situaciones generan malestar y cuáles no están bajo control
  • moderar el consumo de cafeína y alcohol
  • priorizar el descanso, una alimentación equilibrada y el movimiento físico
  • incorporar rutinas que promuevan la relajación y el autocuidado

Estas medidas no “eliminan” la ansiedad, pero pueden atenuar su intensidad y evitar que el estrés cotidiano escale hacia un problema más complejo.

Cuándo buscar ayuda profesional

No todo episodio de estrés o ansiedad requiere intervención médica y mucho menos medicación. Sin embargo, hay señales que conviene no pasar por alto. Por ejemplo, cuando la ansiedad interfiere con el trabajo, las relaciones personales o el sueño; cuando aparecen miedos desproporcionados o una sensación constante de amenaza.

También es motivo de consulta el aumento en el consumo de alcohol u otras sustancias como forma de manejar las emociones. En estos casos, el entorno cumple un rol clave, ya que quien atraviesa la situación suele percibir ese consumo como una solución y no como parte del problema.

La consulta con un profesional de la salud —médico o psicólogo— es imprescindible si surgen pensamientos de autolesión o suicidio, o una sensación persistente de pérdida de control sobre la propia vida. En esos escenarios, el malestar deja de ser transitorio y puede corresponder a un trastorno de ansiedad u otro problema de salud mental que necesita evaluación y acompañamiento especializado.

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