Por The New York Times | Kristen V. Brow
Los óvulos humanos son finitos y disminuyen tanto en calidad como en cantidad con la edad. A partir de los 30 años, a las mujeres les cuesta más embarazarse y, al llegar a la menopausia, ya no tienen óvulos funcionales. La creciente concientización sobre esta realidad reproductiva ha provocado un aumento en la congelación de óvulos, ya que las mujeres quieren preservar la vitalidad de sus óvulos más jóvenes.
Sin embargo, la infertilidad no se debe solo a los óvulos viejos. Investigaciones recientes están prestando más atención a los ovarios.
Cada vez hay más pruebas que sugieren que la edad de los ovarios, y no solo la de los óvulos que contienen, es importante para la reproducción y el envejecimiento saludable. Esto incluye las células y los tejidos que conforman el entorno que rodea a los óvulos de una mujer, como las células de soporte, los nervios y el tejido conectivo.
Los tejidos que rodean los folículos —sacos llenos de líquido que contienen un óvulo inmaduro— pueden cambiar con la edad, e incluso llegan a volverse fibrosos. Las investigaciones han demostrado que esto puede perjudicar la calidad de los óvulos, reducir el número que madura cada mes y bloquear la ovulación. La fibrosis es común en muchos órganos que envejecen, ya que se acumula un tejido cicatricial grueso. Pero en los ovarios se produce décadas antes.
A medida que los científicos buscan tratamientos para la infertilidad relacionada con la edad, así como para la menopausia, necesitan comprender el conjunto completo de características del ovario.
“No se puede separar la salud del óvulo de la salud de los demás tipos de células”, comentó Evelyn Telfer, catedrática de biología reproductiva de la Universidad de Edimburgo.
En otras palabras, el óvulo puede ser el protagonista, pero necesita su reparto secundario.
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El ovario es un órgano excepcionalmente dinámico. Es a la vez un depósito de óvulos y un productor de hormonas que conducen a los folículos que contienen óvulos a través de la complicada coreografía biológica conocida como foliculogénesis. Eso es, en última instancia, lo que da lugar a la ovulación mensual. Los folículos están rodeados de tejidos de soporte dentro de una estructura similar a un esqueleto llamada matriz extracelular. Estos tejidos y las células que contienen, denominados en conjunto estroma, son el centro de atención de las investigaciones recientes.
En 2014, en el laboratorio de Francesca Duncan en el Centro Médico de la Universidad de Kansas, un técnico señaló algo peculiar mientras estudiaba el desarrollo de los folículos ováricos en fase inicial. En ratones más viejos, el tejido circundante parecía endurecerse, lo que dificultaba aún más la extracción de los folículos.
En su formación como bióloga reproductiva, Duncan había aprendido a ignorar la mayoría de los componentes del ovario: todo lo que no fuera el óvulo y su folículo se desechaba literalmente. Pero lo que observó en los ratones dejó claro que otros tejidos podrían ser fundamentales para el desarrollo del óvulo.
“El óvulo necesita a toda esa comunidad”, afirmó Duncan, ahora profesora de ciencias reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad del Noroeste.
El folículo en sí mismo produce las hormonas clave que impulsan el desarrollo del óvulo, pero trabajos más recientes han demostrado que otros tejidos de los ovarios pueden influir en la producción de esas hormonas.
Investigaciones recientes han demostrado que si los folículos de ratón que crecen en una placa se suspenden en sustancias más rígidas, los folículos producen perfiles hormonales diferentes y, en última instancia, óvulos de peor calidad. En otras palabras, el entorno del ovario influye directamente en la calidad del óvulo.
Otra investigadora de la Universidad del Noroeste, Monica Laronda, ha descubierto que no solo las hormonas foliculares influyen en el envejecimiento, sino también las hormonas producidas por el estroma. Al menos algunas de esas hormonas del estroma parecen aumentar con la edad. En otra investigación, publicada en línea en septiembre antes de su envío a una revista revisada por pares, Laronda descubrió que colocar estroma ovárico humano triturado en una placa de Petri con folículos de ratón mejoraba el crecimiento de los folículos. Se trata de otro dato que indica que estos tejidos son necesarios para la salud de los óvulos y los ovarios.
En un estudio comparativo reciente de ovarios humanos y de ratón a lo largo de la edad, Diana Laird, de la Universidad de California en San Francisco, descubrió que la densidad de los nervios simpáticos que rodean los folículos en el ovario aumenta con la edad. Al mismo tiempo, los vasos sanguíneos que rodean los folículos comienzan a disminuir en densidad. Dijo que estas podrían ser señales clave del bienestar folicular y de la salud general. Espera diseñar un análisis de sangre que permita evaluar la salud de la reserva ovárica de una mujer.
Todas estas ideas apuntan a nuevas formas de tratar no solo la infertilidad, sino también de retrasar potencialmente los efectos secundarios nocivos de la menopausia, como la pérdida de densidad ósea y el riesgo de enfermedades cardíacas. El trabajo de Rebecca Robker, bióloga reproductiva de la Universidad de Adelaida, en Australia, ha demostrado que la fibrosis ovárica podría ser reversible. En un estudio de 2022, demostró que un fármaco utilizado para tratar la fibrosis pulmonar provocaba la ovulación en ratones de edad avanzada.
El laboratorio de Duncan está probando ahora fármacos antifibróticos que podrían beneficiar la salud ovárica. Es posible que algún día estos tratamientos se administren a pacientes con dificultades para concebir antes de recurrir a la fecundación “in vitro”, o incluso a mujeres que desean retrasar la menopausia.
También se están estudiando fármacos populares entre los entusiastas de la longevidad, como la metformina y la rapamicina, para ver si pueden ralentizar el envejecimiento ovárico. Los GLP-1 también han demostrado su potencial para mejorar la fertilidad. Todos estos fármacos pueden actuar, en parte, reduciendo la fibrosis ovárica, explicó Kara Goldman, endocrinóloga reproductiva de la Universidad del Noroeste.
Sin embargo, en muchos aspectos, el ovario sigue siendo un enigma. Los científicos aún no comprenden muchas de las señales moleculares y las interacciones celulares que impulsan el desarrollo y el envejecimiento de los óvulos. Dado que el ovario envejece más rápido que cualquier otro órgano del cuerpo humano, comprenderlo podría conducir a avances en nuestra comprensión del envejecimiento, señaló Jennifer Garrison, neurocientífica y profesora adjunta del departamento de farmacología celular y molecular de la Universidad de California en San Francisco.
“El ovario es complejo”, concluyó. “Es importante no simplificarlo en exceso”.
Imagen de gran aumento tomada por Francesca Elizabeth Duncan de un ovario humano con fibrosis. Las fibras de colágeno, detectadas mediante un tinte que las tiñe de rojo, contribuyen al endurecimiento del ovario con la edad. (Francesca Elizabeth Duncan vía The New York Times)
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