Por Patricia Vicente.

"El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional". La frase, popularmente atribuida a Buda y repetida en diversos abordajes del desarrollo personal, del mindfulness y también en posteos motivacionales, no le convence a Elizabeth Clapés. "A una mamá que perdió un hijo o a alguien a quien le diagnosticaron una enfermedad grave no le podés decir esto. No se puede generalizar nunca y el sufrimiento tampoco es opcional en muchas ocasiones", dice la psicóloga española, que está de visita en Uruguay y conversó con Montevideo Portal.

Autora de cinco libros de divulgación y referente de la psicología en redes sociales, donde su cuenta @esmipsicologa supera el millón de seguidores, Clapés llegó para presentar su recién editado libro "Así es como lo verás mañana" (editado por Grou, sello de Penguin Random House, 2026). En el texto, que habla sobre el dolor y sobre cómo enfrentar los problemas, la autora parte de un punto clave: el sufrimiento no se elimina, pero sí se puede calibrar.

“No pretendo en ningún caso hacer creer a mis lectores que se puede no sufrir. No es real y creo que hace más daño pensar que podrías hacerlo mejor y que estás sufriendo porque quieres, que realmente permitirte sufrir por lo que te pasa”, apuntó.

Relativizar lo que uno sufre

“Lo que pretendo con este libro es que las personas aprendamos a sufrir de forma proporcional a lo que nos sucede. Si te sucede algo grande, pues sufrir en grande y si te pasa algo chiquitito, sufrir en chiquitito; no sufrir como si fuera algo catastrófico. La base de esto es aprender a relativizar los problemas, relativizar lo que uno sufre y aprender a sufrir de forma proporcional, pero no a no sufrir”, sostuvo.

Y en la misma línea, Clapés va contra un postulado que solemos escuchar desde siempre: "De todo se aprende". Ella admite que el dolor a veces deja aprendizajes, pero se planta contra esa obligación extendida en la sociedad de agradecer por ellos.

“No digo que no se aprenda de las desgracias. Digo que no necesitamos la desgracia para aprender y que no hay por qué dar las gracias a las desgracias. Nadie te puede obligar a agradecer a lo malo que te ha pasado solo porque vayas a sacar un aprendizaje. Porque seguramente, serías mucho más feliz sin tener ni idea”, remarcó.

El ejemplo que utiliza para sostener su postura es contundente: Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austríaco autor de "El hombre en busca de sentido", que sobrevivió a los campos de concentración nazis tras perder a casi toda su familia, no solo tuvo enormes aprendizajes, sino que además los compartió en sus libros. "Pero eso ¿compensa el trauma? Para mí, jamás. No soy tan egoísta como para agradecer lo malo que le ha pasado a alguien por el aprendizaje que saqué yo. Le devolvería todo a Frankl y le daría una vida tranquila", remarcó.

La teoría de los seis problemas

Basada en la premisa de que se puede calibrar el dolor y el sufrimiento de acuerdo a lo que nos pasa, Clapés construyó lo que en el libro llama "la teoría de los seis problemas": una clasificación que distingue entre:

1.      Benditos problemas: incomodidades que no son graves y se dan dentro de una situación de privilegio

2.     Peajes: obstáculos en el camino hacia una meta que deseamos conseguir

3.      Retos: una situación que nos saca de nuestra zona de confort y nos empuja a movilizarnos para solventarla

4.     Parte de tu vida: el tipo de problema que nos damos cuenta que va a acompañarnos toda la vida, sin nada que podamos hacer para evitarlo o cambiarlo

5.    Precursores de cambio: es un malestar que necesitamos para cambiar una situación que está siendo perjudicial para nosotros. Es la voz interna que nos recuerda que podemos salir de ahí, y nos impulsa a cambiar de dirección.

6.      Catástrofes: un dolor profundo que aparece cuando la vida se pone realmente fea, y es inevitable.

Consultada sobre cómo nació esa clasificación, Clapés dijo que ella la fue creando y aplicando en su vida diaria. “Al principio yo solo diferenciaba entre el bendito problema y el reto. Un día hablaba con mi editora, le conté cómo lo usaba en mi vida personal y le pareció muy interesante. Lo desarrollamos y también consultamos con otra gente para ver si faltaba alguno", contó. También aclaró que no llegó a aplicar la categorización con pacientes antes de publicar el libro, porque ya había dejado la consulta clínica.

De los seis tipos, el más frecuente —aseguró— son los precursores de cambio: "Convivimos con muchas cosas que entendemos como problemas porque nos generan malestar, cuando realmente son situaciones que nos están forzando a salir de un lugar: de un trabajo en el que no nos pagan bien, de una familia que nos trata mal, de una relación donde no somos felices. Por no querer salir de la zona de confort, sucumbimos al malestar".

Por otro lado, contó cómo nació la categoría de "bendito problema", que se aplicó a una vivencia personal. Durante una mudanza —una de las cosas que menos le gustan en la vida— le dijo a su pareja que estaba agobiada, y él le contestó: "Bendito problema. Tener un nuevo hogar al que irte. Problema sería no tener dónde vivir".

Para ella ese momento fue como una luz, un giro de la perspectiva que la ayudó a ver que eso que ella estaba sufriendo, en realidad, se podía calibrar. “Me pasa con gente que me dice: ‘Estoy fatal, estoy muy estresada organizando la boda’. Y les digo: ¡Bendito problema! Hay una boda que organizar, entiendo el estrés, entiendo el malestar, pero cuando lo sientas, recuerda que estás en una situación muy privilegiada. Ya no solo por poder permitirte una boda, sino porque alguien te quiere y te estás casando con una persona a la que quieres”.

Los límites del libro

Clapés fue explícita sobre lo que un libro de divulgación puede y no puede hacer. "Un libro nunca va a sustituir un proceso terapéutico", dijo, y la aclaración importa especialmente en países como Uruguay, donde el acceso a la salud mental sigue siendo desigual. "En España estamos con lo mismo", apuntó y marcó que cuando se critica a los libros de autoayuda muchas veces se dice “lo que tenés que hacer es ir a la terapia”. Y ella está de acuerdo, pero también es consciente de que muchas personas no pueden acceder, no pueden pagarla, y para ellas, los libros y la cercanía a través de las redes ayudan.