Todos los días, todas las personas enfrentamos problemas, discusiones, molestias, sorpresas y un listado infinito de posibilidades de hechos inesperados. La vida misma. Pero hay quienes se quedan enganchados ahí, en lo malo, y otros que asumen lo que pasa, lo enfrentan y siguen. Quizá no con una sonrisa, pero siguen.
Algunas personas lo hacen así de forma natural y otras pasan por procesos de mucho trabajo interior y reflexión hasta alcanzar esa posibilidad. Lo cierto es que, sea por un camino o por el otro, todos estarán apelando a una herramienta clave: la inteligencia emocional.
¿Qué es la inteligencia emocional?
Daniel Goleman, uno de sus principales promotores, la define como “la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones e influir en las emociones de los demás”.
En su popular libro “La inteligencia emocional. Por qué es más importante que el coeficiente intelectual”, explica que hacer uso de esta herramienta es “ser capaz, por ejemplo, de reflejar el impulso emocional, interpretar los sentimientos más íntimos del otro y manejar las relaciones de una manera fluida”.
“En palabras de Aristóteles, es la rara habilidad de ponerse furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto y de la forma correcta”, agrega.
El autor resalta, además, que “las emociones negativas suponen para nuestra salud física un riesgo tan grande como el hábito de fumar” y que “el equilibrio emocional puede ayudar a proteger nuestra salud y bienestar”.
¿Inteligente emocional se hace o se nace?
Seguramente, muchos hayan leído hasta este punto y piensen: “Bueno, pero yo soy calentón desde siempre”. O malhumorado, o fácil de enojar o la característica que aplique. Lo bueno es que eso se puede cambiar. Y no es un cliché o un argumento de moda, lo dice la neurociencia.
Goleman, que estudió antropología en la Universidad de Massachusetts, se doctoró en Harvard y fue profesor de psicología durante muchos años, lo explica así: “La herencia genética nos dota de una serie de rasgos emocionales que determinan nuestro temperamento, pero el circuito cerebral implicado es extraordinariamente maleable: temperamento no es destino”.
Y sobre eso se puede trabajar, de modo de desarrollar este tipo de inteligencia que no necesariamente nos viene dada. La base está en cambiar la forma en que actuamos ante lo que nos pasa: en lugar de reaccionar, pasamos a responder, y eso se llama “gestión emocional”.
Las 5 competencias de la inteligencia emocional
En su libro, que es best seller a nivel mundial, Goleman señala que el psicólogo Peter Salovey define cinco competencias principales de la Inteligencia Emocional:
1. El conocimiento de las propias emociones: “Es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece” y señala que esto es “la piedra angular de la inteligencia emocional”.
2. La capacidad de controlar las emociones: refiere a “la capacidad de tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, de la tristeza, de la irritabilidad exageradas y de las consecuencias que acarrea su ausencia”.
3. La capacidad de motivarse uno mismo: apunta al “control de la vida emocional y su subordinación a un objetivo”, algo que es clave para “mantener la atención, la motivación y la creatividad”. En este punto entra el autocontrol emocional, que va de la mano con “la capacidad de demorar la gratificación y sofocar la impulsividad”.
4. El reconocimiento de las emociones ajenas: “La empatía, otra capacidad que se asienta en la conciencia emocional de uno mismo, constituye la ‘habilidad popular’ fundamental”, dice el autor.
5. El control de las relaciones: Este punto tiene mucho que ver con el anterior, ya que “el arte de las relaciones se basa, en buena medida, en la habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas”.
Cómo influye la inteligencia emocional en el día a día
En un artículo publicado en el sitio Psicología y Mente, Norma Conde, terapeuta y coach, identifica cinco formas en las que la inteligencia emocional ayuda a enfrentar situaciones cotidianas:
1. Cómo se manejan los conflictos en el trabajo: Conde señala que a veces, en el entorno laboral, es más importante la forma en que uno reacciona ante la presión o el desacuerdo que los conocimientos o diplomas que tenga de su especialidad. “Entender las emociones de otras personas te ayuda a comunicarte mejor, para poder responder con más claridad y menos tensión. Esto mejora el ambiente y facilita el trabajo en equipo”, afirma.
2. La calidad de las relaciones personales: “No solo oyes lo que la otra persona dice, sino que intentas entender lo que hay detrás”, apunta la psicóloga y agrega que “eso genera vínculos más estables y menos cargados de malentendidos”.
3. La forma en que nos hablamos: “Tu diálogo interno tiene mucha relación con tu bienestar. Si no gestionas tus emociones, es fácil caer en la autocrítica constante o en pensamientos poco realistas. Con inteligencia emocional, puedes cuestionar esas ideas y tratarlas con más equilibrio”, afirma Norma Conde.
4. La capacidad de decidir: Las emociones impactan en la toma de decisiones, por lo que reconocerlas y gestionarlas puede ayudar a tomar mejores resoluciones y no actuar desde el miedo o el impulso.
5. Ayuda a gestionar el estrés: Nunca vamos a tener una vida sin estrés y eso es bueno hasta para nuestra supervivencia. Pero con la inteligencia emocional podemos detectar las señales que nos llevan a acumular tensión y vivir en modo alerta, para evitar que se vuelva algo crónico y nocivo para la salud.
Qué hacer con el enojo
El psicólogo uruguayo Alejandro De Barbieri se refirió al tema de la gestión emocional en sus redes sociales, a causa de varios hechos de violencia que se vivieron en el país en las últimas semanas. “El enojo no es el enemigo. La desregulación sí. Y la desregulación se aprende. En casa. Mirando a los adultos. Desde los primeros años de vida. Por eso la educación emocional no es un lujo — es urgente”, apuntó.
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