Por Patricia Vicente
Hace exactamente dos años, le preguntaba en otra entrevista a Gerry Garbulsky por el impacto de la inteligencia artificial en la vida de las personas y él respondía que, como esta “carecía de alma”, difícilmente nos iba a reemplazar. Hoy matiza: “Andá a definir qué es el alma” y plantea un tema incómodo: “Lo que pasa con la IA es que es tan increíble lo que puede hacer que a veces tendemos a tercerizar todo lo que podamos con ella (...). Y eso sí nos despoja de lo que es importante para cada uno de nosotros: nuestra humanidad”.
Garbulsky es físico graduado en la UBA, doctor en Ciencia de Materiales del MIT y fue durante trece años consultor de estrategia en una empresa global. En algún momento se bajó de todo eso para fundar TEDxRíodelaPlata y, más tarde, Aprender de Grandes, una comunidad hispanohablante de miles de personas que cumple 10 años y se propone seguir aprendiendo durante toda la vida.
Esta semana llega a Uruguay como parte de una gira internacional que ya pasó por España, México, Chile y Argentina. Estará este jueves 14 en Colonia, a las 19.00 horas, y todavía quedan algunos lugares, al igual que para la cita del viernes, que será en Montevideo, también a las 19 horas, en el auditorio del LATU. Las dos son gratis, pero con registro previo en este link. Y el sábado estará en Punta del Este, para otro encuentro, pero allí ya están los cupos agotados.
La IA, las redes y el algoritmo
En diálogo con Montevideo Portal, antes de viajar a Uruguay, Garbulsky planteó una tesis sobre la IA que viene trabajando con colegas y amigos en los últimos meses, que le genera preocupación y que tiene implicancias directas sobre las relaciones humanas y la salud mental. Su idea se relaciona con la evolución del algoritmo en las redes sociales y la adicción que generan.
“Cuando aparecieron las primeras redes sociales, en 2003 o 2004, las usábamos para reconectar con los amigos, con familia que estaba lejos, para armar grupos. La tecnología facilitaba la interacción humana”, repasó. Pero luego algo cambió: el algoritmo dejó de mostrarnos a los usuarios lo que elegíamos ver y pasó a mostrar lo que el sistema quiso, para retenernos. El resultado está a la vista: “una epidemia de soledad, adicciones a las apuestas online, problemas graves de salud mental”. Esa fue una transformación que, desde su punto de vista, “no vimos venir”.
Pero ahora, con la IA, podemos ver qué es lo que viene. O, al menos, intentarlo. Y de ahí surge la pregunta que puede ser clave para el futuro: ¿cuál es el equivalente, en la inteligencia artificial, del algoritmo para las redes sociales? Garbulsky arriesgó una posible respuesta: la adulación.
“Muchas inteligencias artificiales tienen una obsesión con ser supercondescendientes con nosotros. Le decís una pavada y te contestan ‘qué gran idea, qué maravilla’, ‘seguí por ahí’. ¿Y por qué lo hacen? Porque a la inteligencia artificial también le interesa que te quedes”, aseguró.
Esto se ve incluso en un fenómeno que ha captado la atención en el mundo entero y es el uso de la IA como psicólogo. “Muchas personas, en vez de hablar con un psicólogo de verdad o en vez de juntarse con un amigo o de ir a la plaza o venir a un evento de Aprender de Grandes, se están quedando a hablar con una inteligencia artificial y eso no está bueno, porque ahí sí perdemos humanidad. Me preocupa que se vaya a un extremo y termine en que seamos todos medio robotitos, hablando con una IA. No es un futuro que me gustaría que suceda”, marcó.
Para Garbulsky, ese punto es el centro de un dilema moral inminente: “Como todas estas son empresas con fines de lucro y con un mandato claro de optimizar sus ganancias, cuando aparezca el conflicto entre decirte la verdad y seguir adulándote para que te quedes, creo que van a terminar optando por seguir adulándote”.
Cuando la tecnología empieza a reemplazar
Hay otro punto, además de la adulación que nos engancha, que Garbulsky consideró clave: “Dejamos de hablarle a humanos y empezamos a hablarle a la IA. Esta nueva tecnología en lugar de facilitar el contacto humano, está reemplazándolo y eso es de las cosas que más me preocupa”.
Quien antes mandaba mensajes a un amigo lejano usaba la tecnología como puente entre dos personas. Quien hoy se queda conversando con un chatbot toda la noche no tiene a nadie del otro lado: tiene un sistema entrenado para sonar comprensivo.
De todos modos, Garbulsky aclaró que no propone rechazar la herramienta. “Sería una falsa dicotomía pensar que tenemos que elegir entre abrazar la inteligencia artificial o potenciar nuestra humanidad. Hay que encontrar la manera de hacer las dos cosas”, dijo.
De hecho, Aprender de Grandes tiene un club virtual en el que las personas se reúnen y conversan, intercambian y aprenden. Una de las propuestas de trabajo del año en uno de los grupos se llama, justamente: “Abrazá la IA y potenciá tu humanidad”. Se reemplazó la “o” deliberadamente por la “y”.