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La neurociencia comprobó que las relaciones estables y seguras actúan como un escudo para la salud, ya que contribuyen a la regulación emocional.
Aunque pueda sonar cursi o como una metáfora romántica, no lo es. El amor y la amistad modifican nuestro cerebro. Estar con determinadas personas cambia literalmente la forma en que el cerebro funciona y predice el mundo, ya que además no distingue entre amor y seguridad.
Según explica la Clínica Multidisciplinaria de Salud Mental y Emocional española Neuroingenia, nuestro sistema nervioso no solo recuerda los eventos vividos, sino que también guarda un registro preciso de cómo nos sentimos al estar con ciertas personas. Esa huella biológica es la que explica por qué algunas presencias generan calma, mientras que otras activan mecanismos de alerta y defensa.
El cerebro entre la seguridad y la amenaza
“Cuando estás con alguien que te hace sentir seguro: baja la actividad de la amígdala, baja el cortisol (la hormona del estrés), sube la calma fisiológica”, explica Neuroingenia.
¿Por qué ocurre esto? La amígdala funciona como el detector de amenazas del cerebro. Cuando una persona percibe señales de seguridad —como una voz calmada, una presencia confiable o el contacto físico— su activación disminuye. Ese proceso le indica al cuerpo que no necesita permanecer en modo defensa, permitiendo que el sistema nervioso se relaje.
Por el contrario, cuando nos sentimos inseguros, juzgados o rechazados, el cerebro activa los mismos circuitos que utiliza ante un peligro físico real.
La conexión como sistema de recompensa y reducción del estrés
El amor no es solo un sentimiento: también es un mecanismo que orienta decisiones a través del sistema de recompensa cerebral. “Al conectar con alguien, áreas como el área tegmental ventral, el núcleo accumbens y el circuito dopaminérgico liberan dopamina”, por lo que el cerebro interpreta esa conexión como algo valioso para la supervivencia y nos motiva a mantenerla.
Además, la presencia de alguien que transmite seguridad genera un efecto analgésico y protector:
- Reducción del estrés: se ha comprobado que sostener la mano de una persona de confianza reduce la actividad cerebral vinculada a la amenaza y disminuye la percepción de peligro.
- Co-regulación: el sistema nervioso puede sincronizarse con el de otra persona. Al detectar señales externas de calma —como el tono de voz o el ritmo respiratorio— el cuerpo estabiliza la frecuencia cardíaca y regula sus estados internos.
A largo plazo, las relaciones estables y seguras funcionan como un verdadero escudo para la salud, ya que favorecen la regulación emocional. Este proceso fortalece la corteza prefrontal, permitiendo responder con mayor calma en lugar de reaccionar de forma impulsiva.
También inciden en la longevidad y la salud cognitiva, ya que los vínculos cercanos se asocian con menor deterioro cognitivo, menor inflamación y una mejor calidad de vida.
Una respuesta aprendida
El sistema nervioso aprende a partir de la experiencia. Si el cerebro asocia a una persona con seguridad, reduce la activación defensiva; si la asocia con amenaza, activa mecanismos de protección. No se trata de una reacción aleatoria, sino de una respuesta aprendida que, con el tiempo, moldea nuestra forma de sentir, reaccionar y vivir.
Por eso, cuando alguien afirma que una relación cambió su vida, la neurociencia lo respalda: esa persona, efectivamente, cambió su cerebro.
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