El 99% de los infartos y ACV tiene uno de estos 4 factores detrás
La buena noticia es que todos son modificables y prevenibles si hay voluntad.
15.06.2026 07:59
Montevideo Portal
Solemos pensar que un infarto o un ACV llega de golpe, sin aviso, como si de la mala suerte se tratara. Solo de pensarlo asusta, pero un estudio reciente desmiente eso y con contundencia. En la enorme mayoría de los casos, el cuerpo venía dando señales mucho antes, en forma de factores de riesgo conocidos y, sobre todo, tratables.
El estudio, que se publicó en el Journal of the American College of Cardiology, analizó datos de salud de más de nueve millones de adultos de Corea del Sur y Estados Unidos. El hallazgo central es claro: casi todas las personas que sufrieron un evento cardiovascular grave tenían, antes, al menos uno de cuatro factores de riesgo.
Los factores de riesgo de infarto
Los cuatro sospechosos son viejos conocidos y el estudio confirma su peso:
- la presión arterial alta
- el colesterol elevado
- el azúcar alta en sangre
- tabaquismo, presente o pasado.
Tomados como grupo, estos factores de riesgo precedieron al 99% de todos los eventos cardiovasculares registrados durante el seguimiento, indica el sitio Science Alert, que recoge el estudio.
El dato se sostiene incluso en el grupo de menor riesgo. En las mujeres menores de 60 años, que es el sector poblacional con menos probabilidad de sufrir estos eventos, más del 95% de los infartos y ACV estuvo vinculado a uno de esos factores previos. Es decir: la excepción de “el infarto que llega sin ninguna causa previa” es muchísimo más rara de lo que se creía.
La presión arterial, la protagonista
Entre los cuatro hay uno que sobresale. La presión arterial alta fue el factor más frecuentemente asociado a los eventos cardiovasculares: tanto en Estados Unidos como en Corea del Sur, más del 93% de quienes sufrieron un infarto, un ACV o una insuficiencia cardíaca tenían hipertensión de antemano. Por eso, controlar la presión aparece como una de las claves para prevenir la enfermedad cardiovascular grave más adelante.
“Creemos que el estudio muestra de manera muy convincente que la exposición a uno o más factores de riesgo no óptimos antes de estos desenlaces cardiovasculares es de casi el 100%”, afirmó el autor principal, el cardiólogo Philip Greenland, de la Universidad Northwestern, cuando se publicó la investigación. Su conclusión apunta a una estrategia concreta: “El objetivo ahora es trabajar más duro para encontrar formas de controlar estos factores de riesgo modificables, en lugar de desviarnos persiguiendo otros factores que no son fácilmente tratables ni causales”.
Por qué importa la palabra “modificables”
Acá está la mejor noticia de toda la investigación. Los cuatro factores se pueden modificar. No son la edad, ni la genética, ni la mala suerte, sino condiciones sobre las que la medicina y los hábitos pueden actuar. La presión y el colesterol se miden con un control de rutina y se manejan con dieta, actividad física y, si hace falta, medicación. El azúcar en sangre se vigila y se trata. El tabaquismo, aunque cueste, se puede dejar.
El estudio, además, pone en cuestión la idea que venía ganando terreno de que estarían aumentando los eventos cardiovasculares “silenciosos”, sin factores de riesgo previos. Los autores sugieren lo contrario: que esos casos aparentemente sin causa escondían diagnósticos no detectados o niveles de riesgo que estaban por debajo del umbral clínico.
Un matiz necesario, sobre todo en mujeres
Otra investigación reciente, de la Clínica Mayo, analizó casi 1.500 infartos en personas de 65 años o menos y encontró que las causas no siempre son las clásicas. La explicación tradicional del infarto (arterias tapadas por placa y un coágulo que bloquea el flujo) se cumplió en el 75% de los casos en hombres, pero en mujeres explicó menos de la mitad.
En ellas pesaron más otras causas: el desbalance entre el oxígeno que el corazón necesita y el que recibe (por una anemia o una infección, por ejemplo), los desgarros en las paredes de las arterias y las embolias. No contradice al estudio de mayor porte, pero agrega una capa: entender por qué ocurrió un infarto es tan importante como tratarlo, y en las mujeres ese por qué muchas veces fue subestimado.
Para Uruguay, donde las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte, el mensaje combinado de ambos trabajos es claro: la mayor parte del riesgo es visible y tratable a tiempo, siempre que se controle lo que ya sabemos medir.
Además, esto refuerza el mensaje que se viene reforzando en los últimos años en las diversas campañas de concientización que se realizan en el país: “Las mujeres infartan distinto”.
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