Ecología de la mente: curso abierto de UTEC para cuidar la salud mental
La propuesta, virtual y gratuita, apunta a diseñar y aplicar un plan personalizado de desconexión soberana y minimización de ruido digital
¿Cuándo fue la última vez que alguien llegó a una dirección desconocida sin mirar el GPS? ¿Y cuándo llamamos a alguien por teléfono digitando los números? Las dos forman parte de las tareas que le delegamos a la tecnología, que se movieron a una pantalla y “liberaron” espacio en nuestra memoria. Pero la cuestión se hace más compleja cuando lo que se delega ya no es un mero dato, sino el pensamiento, el análisis crítico, el tiempo de disfrute, o cuando la dependencia se lleva nuestra capacidad de atención y de desconexión del mundo virtual.
Sobre ese terreno trabaja el curso “Ecología de la mente: estrategias de resiliencia para una salud mental sostenible en la era digital”, un curso virtual, gratuito y abierto a todo público que la Universidad Tecnológica (UTEC) dicta por primera vez este semestre. Inicia el 26 de octubre y va hasta el 4 de diciembre. Esta iniciativa se enmarca en el programa Sostenibilidad para el desarrollo.
Según explicó a Modo Saludable su responsable y docente, la licenciada en psicología Nelly Beguerie, la propuesta apunta a observar los hábitos que cada persona tiene en su relación con la tecnología e incorporar herramientas para un uso más saludable y crítico.
Aunque pueda sonar paradójico, la propuesta viene desde la Universidad Tecnológica, pero eso también está contemplado. Beguerie lo marcó al reconocer que la medida de cuánto podemos desconectarnos “no solo depende de nuestra voluntad, sino también de las exigencias laborales, las condiciones sociales, de los vínculos y las características de las plataformas”. Lo cierto, dijo, es que “tener esa visión más general ayuda a tomar mejores decisiones”.
Higiene digital para la mente
“El curso se enmarca en un trayecto de formación que tiene que ver con desarrollo de talento. Desde ahí empezamos a abordar el área del bienestar, de la salud mental y brindamos el curso ‘Laboratorio de emociones’, al que luego se sumó otro llamado ‘NeuroIA’, que tiene que ver con el impacto cognitivo del uso de inteligencia artificial. Todos en la línea de ser más conscientes del impacto que están teniendo las nuevas tecnologías en nuestra mente”, contó Beguerie.
Al finalizar los cursos, se realizan evaluaciones y se recopilan “las motivaciones del estudiantado”, agregó la docente, y dijo que de allí surgió “Ecología de la mente”, al que invitan así:
“En un entorno de hiperconectividad, demandas de productividad inmediata y aceleración tecnológica, nuestra energía cognitiva y emocional se enfrenta a un desgaste sin precedentes. Este curso propone abordar la salud mental no como un estado estático, sino como un ecosistema dinámico que requiere estrategias activas de protección y regeneración. A través del constructo de la resiliencia, se aprenderá a gestionar la atención, las emociones y los entornos como recursos finitos y valiosos. Con una mirada interdisciplinaria que integra la neurociencia, la psicología cognitiva y los Objetivos de Desarrollo Interior (IDG), este espacio brindará las herramientas operativas para liderar la vida profesional y académica de manera sostenible, asegurando que la tecnología potencie el desarrollo sin hipotecar el bienestar”.
Una de las herramientas que se menciona en el programa del curso son los “protocolos de higiene digital”, que se desarrollan en base a un análisis que cada estudiante realiza de su situación y que va compartiendo en foros, en actividades de entrega semanal. No se trata de apagar el teléfono, aclaró, sino de mirar con atención cómo nos relacionamos con las pantallas. “¿Cuántas horas pasamos conectados? ¿Qué nos generan las interrupciones? ¿Qué nos genera el recibir notificaciones constantes y qué hacemos con eso?”, planteó.
El objetivo es “tomar decisiones que sean realistas y que sean aplicables a nuestro contexto”. Un ejemplo concreto, dijo Beguerie, es “analizar qué tanto me distraen las notificaciones y ver cuáles puedo desactivar o en qué momentos puedo poner el teléfono en modo avión”.
La idea, explicó, es recuperar momentos “no solo de concentración, sino de atención plena y de estar presentes en una actividad”.
Imagen: UTEC
La vida conectada y el efecto en el cuerpo
Uno de los objetivos del curso es que los alumnos puedan “diseñar y aplicar un plan personalizado de desconexión soberana y minimización de ruido digital”. En las clases, que son virtuales y grabadas, y se van liberando de a una por semana, se brindan técnicas para “analizar los impactos neurocognitivos y socioemocionales derivados de la hiperconectividad en la era digital” y en base a ello implementar una autorregulación.
Entre las herramientas que aporta este programa están también las técnicas de respiración consciente, una introducción al biofeedback y la evaluación de los espacios de estudio y trabajo para ser conscientes de qué tanto contacto tenemos con la naturaleza y de cómo aumentarlo puede beneficiar a nuestro bienestar emocional.
En esa línea, Beguerie mencionó la ecoterapia, un área todavía incipiente que parte de que “los seres humanos necesitamos la conexión con la naturaleza”, mientras “cada vez estamos en entornos más tecnológicos y menos naturales”. Ser conscientes de todo esto, dijo la docente, sirve para “volver a ser dueños de nuestro entorno y tener un poco de agencia en lo que está sucediendo en nuestro alrededor”.
Usar la tecnología sin dejarle la última palabra
La inteligencia artificial suma otra capa a la realidad de trabajo y vida conectada que llevamos actualmente. “Algo que sirve mucho con esto de la higiene es empezar a notar qué tanto delegamos a la tecnología, qué tanto dejamos de pensar, dejamos de recordar o de procesar pensamientos más complejos para que lo haga la tecnología”, sostuvo la psicóloga.
“A la mente le gusta gastar poca energía, entonces siempre va a buscar lo que le resulte más fácil de hacer”, recordó, y por eso conviene no delegar funciones complejas, “como hacer análisis críticos de lo que nos da la tecnología y ponerle un poco de pensamiento a eso que nos devuelve”. Lo resumió en una frase: “Que la última palabra no la tenga la tecnología”.
Todos estos temas se plantean en el curso, que, si bien no tiene clases en vivo, tampoco es asincrónico, ya que contempla la participación en foros, la realización de tareas de forma semanal y la entrega de un trabajo final. “Es bien interactivo. Tiene una parte que es más teórica, con información, y después tiene actividades prácticas más experienciales, porque la idea es que las personas vayan haciendo el análisis de su propio entorno y tomando decisiones para hacer cambios”, contó Beguerie.
Foto: Magnific
La psicóloga resaltó además el hecho de que sea abierto a público general, lo cual suma diversidad en edades, en experiencias y hace más rico el intercambio que se da en los foros y en la clase de consulta en vivo que se realiza sobre el final de curso para despejar dudas.
Cómo es el curso y quiénes pueden anotarse
- Modalidad: virtual, en la plataforma edX, con un módulo nuevo cada semana.
- Duración: 30 horas, organizadas en cuatro módulos.
- Clase en vivo: una sola, de consulta, hacia el final del curso.
- Público objetivo: estudiantes y personal de UTEC, y público externo
- Costo: gratuito.
Las inscripciones están abiertas hasta el 23 de octubre y se hacen desde la web de UTEC.
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