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Cómo duele

Dolor articular en invierno: qué hacer con el frío y las enfermedades reumáticas

El frío agudiza el dolor articular en las enfermedades reumáticas. Calor, frío, movimiento y señales de alerta, según especialistas.

21.07.2026 07:00

Lectura: 5'

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Hay personas que miden el frío por el termómetro y otras que lo miden por el dolor en sus manos. Para quienes conviven con una enfermedad reumática, las mañanas de invierno suelen comenzar con algunas pruebas: si los dedos les responden, si pueden abrir y cerrar las manos o si las rodillas acompañan al levantarse. Y algo que para todos puede ser un detalle mínimo como pelar una fruta para el desayuno o sostener el mate, para ellos es un logro.

Eso que se percibe cada invierno tiene sustento fisiológico. "Es algo que escucho constantemente", afirmó el Dr. Miguel Albanese, especialista en reumatología y presidente del Comité de Equidad, Inclusión y Ética de la Liga Panamericana de Asociaciones de Reumatología (PANLAR). "Las articulaciones poseen receptores muy sensibles a los cambios de presión atmosférica. Sumado a que el frío provoca vasoconstricción y aumenta la viscosidad del líquido sinovial, el resultado es un incremento de la rigidez y el dolor”, explicó.

Lo que no hay que hacer: quedarse quieto

"El error más frecuente, sin duda, es dejar de moverse por miedo al frío o al dolor", advirtió Albanese, y agregó que "ocurre exactamente lo contrario de lo que imaginan: el sedentarismo aumenta la rigidez, debilita la musculatura que protege las articulaciones y termina empeorando el dolor”.

Para el médico la clave es adaptar la actividad física a la situación actual, pero nunca suspenderla. De hecho, la Arthritis Foundation, organización estadounidense de referencia en la materia, recomienda para adultos con artritis y sin otras condiciones severas al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada más dos sesiones de fuerza, fraccionables en tandas cortas.

¿El calor alivia?

El calor húmedo relaja la musculatura y afloja las articulaciones rígidas porque dilata los vasos y mejora la llegada de sangre, explica la Clínica Mayo y entre sus recomendaciones para enfrentar el dolor por artritis. Aconseja usar almohadillas térmicas, baños o duchas calientes y la parafina, con una advertencia: no más de 20 minutos por vez y con cuidado de no quemarse.

Por su parte, Cleveland Clinic sugiere abrigarse apenas se sale del baño caliente para prolongar el efecto y ofrece una versión casera del calor húmedo: mojar un paño limpio, calentarlo unos segundos en el microondas, probar la temperatura, envolverlo en una toalla seca y recién ahí apoyarlo sobre la zona dolorida.

La hidrogimnasia en agua caliente es otra de las recomendaciones de los expertos de la Arthritis Foundation. Lo ideal, indican, es que se realice dos o tres veces por semana.

Cuándo el hielo funciona mejor que el calor

El calor tiene sus límites de acuerdo a la situación de la persona afectada. Por ejemplo, cuando hay una articulación hinchada, roja y caliente, ninguno de los dos reconocidos centros médicos lo recomienda. Por el contrario, sugieren aplicar frío en la zona, ya que este contrae los vasos, reduce la inflamación y enlentece las señales de dolor.

Además, el frío es útil después de practicar la actividad física. La regla que repiten ambas es no aplicarlo más de 15 minutos seguidos y nunca directo sobre la piel.

Medidas sencillas que cambian el invierno

Algunas de las recomendaciones que reúne la Arthritis Foundation en su guía para los meses fríos:

  • Abrigo en capas sueltas, con atención a cabeza, manos y pies: gorro, bufanda, guantes, medias abrigadas y calzado impermeable.
  • Guantes de compresión y calentadores para bolsillos y botas.
  • Calzado con buen agarre para veredas mojadas y bastón si el equilibrio está comprometido.
  • Adaptaciones domésticas: cierres de velcro, abridores de frascos y utensilios de mango grueso.

Sobre suplementos, esa misma organización señala que los omega 3 tienen el mejor respaldo en artritis reumatoide, mientras que con la glucosamina y la condroitina los resultados son mixtos y no hay pruebas de que alivien la artrosis de rodilla o cadera.

Advierte, además, que conviene consultar antes de empezar a consumir cualquiera de ellos, ya que varios interactúan con medicación de uso habitual. Como en todos los casos, la consulta con un profesional de la salud es la clave.

Las señales que conviene no dejar pasar

Distinguir la molestia estacional de un problema que requiere estudio es, para Albanese, el punto central. “Dolor que no mejora, rigidez matutina que persiste más de 30 minutos, hinchazón o enrojecimiento de una articulación, o fatiga intensa, son 'banderas rojas' para consultar al reumatólogo”, explicó.

Además, es clave tener en cuenta que ninguna de las medidas caseras reemplaza esa consulta: sirven para atravesar mejor los meses fríos, no para tratar la enfermedad de base.

El retraso en llegar al especialista es común. “Desde mis 17 años siempre me atendía con traumatólogo, pensando que era un problema óseo”, contó Sylvia, de la Asociación de Pacientes con Artritis Reumatoide del Uruguay (APARU). María, del mismo grupo, describió el después del tratamiento así: "Pude volver a tomar mate sin que me dolieran las manos”.