Contenido creado por María Noel Dominguez
Modo saludable

Un reto

Discapacidad en Uruguay: el reto de un país diseñado para algunos y no para todos

Desde la salud hasta el empleo, el entorno aún excluye a muchas personas con discapacidad en Uruguay.

02.12.2025 10:26

Lectura: 4'

2025-12-02T10:26:00-03:00
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En una guardia de emergencia, un llamado interrumpe la rutina. El paciente que describen no entra en ningún protocolo estándar. El peso supera los 200 kilos. No hay camilla adecuada, ni espacio privado para asistirlo. La logística se vuelve improvisación. El sistema no fue pensado para él. Ni para tantos otros.

En Uruguay, la obesidad mórbida es uno de los rostros visibles de una falla estructural: el entorno físico, sanitario y social no está diseñado para incluir a todos. La única ambulancia bariátrica del país, operada por UCM Falck, ilustra esa brecha. Tiene camilla extra ancha, rampas desmontables y puede trasladar hasta 300 kilos. Es una excepción que confirma la regla: cuando un cuerpo no encaja en lo previsto, es el cuerpo el que debe adaptarse.

“Cuando el entorno está pensado para otros, la vida cotidiana se vuelve más difícil”, resume la doctora Ana Mieres, especialista en emergencias médicas y primera mujer en ocupar el cargo de Directora Técnica en UCM Falck. Su diagnóstico trasciende lo médico: habla de arquitectura social, de sistemas hechos con un molde excluyente.

Del caso puntual al diseño estructural

El 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, pero el verdadero desafío está en los otros 364 días. Según el Censo 2023 y un informe del Ministerio de Desarrollo Social presentado en octubre, las cifras confirman que el acceso a derechos sigue desbalanceado:

  • 49% de las personas con discapacidad están empleadas, frente al 79% del resto.
  • El desempleo casi se duplica en esta población (14%).
  • En menores con discapacidad, el 50% vive con necesidades básicas insatisfechas, frente al 36% de quienes no la tienen.

La discapacidad tampoco se distribuye al azar: tiene mayor prevalencia entre mujeres, personas afrodescendientes y habitantes del norte del país. Rivera (7,7%) y Rocha (7,4%) superan ampliamente a Colonia y Maldonado (5,7%).

El ministro de Desarrollo Social anunció la creación de un Instituto Nacional de la Discapacidad para el próximo quinquenio, una demanda histórica de organizaciones sociales. Sin embargo, las soluciones no llegarán solo por decreto.

Más allá del gesto: empleo, dignidad y cambio de cultura

La inclusión laboral es clave para romper el ciclo de dependencia y vulnerabilidad. No por filantropía, sino por independencia económica. Así lo entienden desde la Fundación Bensadoun-Laurent, que desde 2014 trabaja en inclusión laboral con programas de formación, acompañamiento y concientización empresarial.

“Cuando una empresa integra personas con discapacidad, cambia la cultura interna. Se vuelve más humana y más rigurosa”, afirma Mieres, quien destaca la colaboración con la Fundación, que ya permitió la contratación de personas con discapacidad visual en UCM Falck.

Uno de los programas más concretos en esta línea es el Programa SÍ (Sumando Inclusión), lanzado en 2018, que combina formación técnica con prácticas laborales en empresas y apoyo profesional constante. Ejemplos como la capacitación en testing de software, con más de 150 horas de formación específica, muestran que la inclusión no se improvisa: se diseña.

El diseño es la verdadera inclusión

La Organización Mundial de la Salud estima que 1.300 millones de personas viven con una discapacidad significativa. En todo el mundo, la exclusión no ocurre por diagnóstico, sino por obstáculos: veredas sin rampas, formularios ilegibles, empleadores prejuiciosos, información inaccesible.

La Dra. Mieres lo resume sin eufemismos:

“La discapacidad no es un caso aislado. El problema aparece cuando el mundo se organiza como si esas personas no existieran”.

Por eso, el verdadero cambio no llegará solo desde la medicina, ni desde las campañas. Llegará cuando el diseño —de las ciudades, las instituciones, los servicios y las políticas— empiece a tener en cuenta a todos desde el principio.

“No es caridad. Es justicia”, cierra Mieres. Y en esa frase se condensa el desafío: pasar de la conmemoración a la transformación.