Dejar todo para el último momento: por qué algunas personas rinden mejor bajo presión
Una psicóloga explica qué hay detrás de quienes dejan las tareas para el final y cuándo la urgencia deja de ayudar.
Hay quienes organizan su agenda al detalle y empiezan todo con días de antelación e incluso terminan todo mucho antes de la fecha límite. Pero también están aquellos que dejan todo para el último momento, aunque saben que su vida se volverá un caos. A estos últimos se los suele tachar de vagos o desorganizados, pero la explicación puede ser otra.
Entrevistada por el portal Cuerpomente, la psicóloga española Leticia Martín Enjuto, explicó qué se esconde detrás de este comportamiento. “Cuando tenemos mucho tiempo por delante, una tarea puede no generar suficiente sensación de urgencia como para que nuestro cerebro la considere prioritaria”, dijo.
Para algunos, ese tiempo “de sobra” puede hacer más fácil la distracción o que el tiempo disponible se destine a hacer otras cosas. Pero la percepción cambia cuando el plazo está próximo y ahí tienen que salir corriendo. “La tarea adquiere importancia inmediata y aumenta la activación necesaria para empezar a actuar”, explicó.
Martín Enjuto agregó que en algunas la presión tiene la función de “motor”. “Necesitan sentir que el tiempo se acaba para conseguir entrar plenamente en la tarea”, señaló. Además, resaltó que, pese al caos, al tener el tiempo tan acotado, se logran disminuir las distracciones, se toman decisiones con mayor rapidez y se logra mantener la atención durante más tiempo.
Para la psicóloga, eso no implica falta de voluntad previa: “No es necesariamente que antes no quisieran hacerlo, sino que necesitaban un nivel de activación mayor para pasar de pensar en la tarea a ponerse realmente con ella”.
Cuándo la presión deja de ayudar y empieza a perjudicar
Rendir bien bajo presión, sin embargo, no siempre es bueno. “Veo mucho en consulta que el hecho de que alguien rinda bien bajo presión no significa que trabajar siempre a última hora sea recomendable”, señaló Martín Enjuto. La diferencia, según planteó, está en el costo: “Una cosa es que la proximidad de una fecha límite ayude a concentrarse y otra que la persona necesite llegar constantemente al límite para poder funcionar”.
La psicóloga dijo que eso puede provocar ansiedad, agotamiento, problemas de sueño “o una sensación continua de ir corriendo detrás de las obligaciones” y se puede terminar generando un patrón perjudicial.
Por eso propuso poner el foco en lo que ocurre cuando aparece la presión. “Si esa persona consigue organizarse, concentrarse y completar la tarea sin que exista un coste importante para su bienestar, probablemente estemos ante una determinada forma de funcionar. Pero si necesita vivir permanentemente con prisas, angustia y sensación de descontrol, conviene preguntarse qué está dificultando el inicio de las tareas”, sostuvo.
Fechas límite intermedias: una posible solución
Para quienes se cansaron de funcionar así, la psicóloga ofreció una recomendación práctica. “Una herramienta que suelo considerar útil en estos casos es crear pequeñas fechas límite antes de la fecha real”, explicó.
Según se detalló en la entrevista, la idea es dividir el objetivo en pasos más pequeños y asignarles sus propios plazos, de modo de generar cierta sensación de urgencia sin esperar hasta el último momento y reducir la carga de estrés que supone hacerlo todo a las corridas.
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