Por Patricia Vicente
“Abraza tu cuerpo. Lo que tu cuerpo expresa sobre tu hambre emocional” es un libro que inspira, pero que también lleva a cuestionarse y a cuestionarlo. Rosana Malvido, su autora, plantea que, en buena parte, lo que las mujeres gordas cargan a cuestas no son solo kilos, sino también (y más que nada) problemas no resueltos y traumas de la infancia. Y eso, afirma, es lo que las lleva a vivir sintiéndose mal porque su imagen no responde a lo que, desde niñas, les dijeron que era correcto y no se sienten merecedoras de lo bueno.
Para fundamentar el concepto de “hambre emocional”, la autora apunta a los primeros días de vida, cuando la alimentación era un acto intuitivo y biológico. “Cuando todos nacimos, lloramos y fuimos al pecho de mamá. Sabíamos que si llorábamos, obteníamos alimento y también sabíamos escuchar las señales de hambre del cuerpo, por lo que al estar saciados dejábamos de tomar”, explica Malvido.
“Pero, en determinado momento, a la mayoría de las mujeres, alguien nos dijo que no estaba bien la forma en la que estábamos comiendo, que estábamos gorditas y empezamos a hacer dieta”, sostiene. ¿El resultado? “En ese momento, la enseñanza fue ‘callemos nuestro sentir para acatar órdenes externas de cómo debo ser’”. Y esa desconexión, afirma, es la que lleva a que la ingesta de alimentos se comience a dar más por ansiedad que por hambre real.
Malvido no es médica, y lo aclara desde el inicio. De hecho, discute algunos postulados de la medicina en torno a este tema. Su abordaje, dice, es emocional e incluye aportes desde su lugar de coach y consteladora familiar, además de conocimientos que tiene por sus estudios actuales como terapeuta Gestalt. “Yo no vengo a predicar gordura”, asegura en el libro y en nota con Montevideo Portal agrega: “No participo de ningún grupo (militante), no me adhiero tampoco a esa idea de que está buenísimo estar gorda y, a nivel de salud, probablemente, no esté buenísimo”.
Lo que la autora plantea es que es posible amarse y aceptarse, aun con sobrepeso u obesidad, y a la vez apostar a una mejor calidad de vida. “Nos aceptamos como somos y vamos al gimnasio para sentirnos mejor, más fuertes, más saludables y vivir más años”, resume. Lo que remarca es que esa ida al gimnasio no es con el fin de adelgazar y ahí está la clave.
“Detrás de esa escueta palabra de nueve letras (adelgazar) se esconde un mundo de monstruos esperando ser liberados: la culpa, la rabia, la tristeza profunda, los deseos de dejar de existir y muchos más”, dice en su libro y asegura que una vez que se deja eso de lado, la persona accede a un espacio de sí misma donde “yacen otros personajes a los que conoces poco y nada: la verdadera alegría, la paz, el amor propio, el placer, la autoaceptación y el regocijo de estar presente y en paz contigo misma”.
¿“Libertad alimentaria” vs. salud?
Grijalbo
Uno de los puntos fuertes que plantea el libro es el concepto de libertad alimentaria. Ella afirma que “todos los cuerpos son perfectos”, que las dietas restrictivas son dañinas e ineficaces y apuesta por esa libertad, que define como “comer de manera libre, prestando atención a lo que mi cuerpo realmente quiere y necesita, y reconociendo también lo que tan solo deseo”. “En nuestra cultura obsesionada con las dietas, nos han hecho creer que desear un alimento solo porque nos brinda placer es algo malo”.
El mundo atraviesa una pandemia de obesidad y en Uruguay esta enfermedad es un problema de salud pública, ya que las cifras de sobrepeso y obesidad impactan desde la infancia. ¿Cómo se instala en ese panorama un llamado a comer sin una visión de salud? Malvido asegura que la restricción, el conteo de calorías y el control excesivo es, paradójicamente, lo que genera el descontrol. “Cuando empezamos a largar el control de lo que hay que comer y lo que no según los dictámenes externos, dejamos de comer tanto”, asegura.
La autora ilustra esto con una anécdota personal que desafía a la “cultura de la dieta” y a lo que recomiendan los médicos y la ciencia: “Mi cuerpo y mi corazón de verdad disfrutan del helado de Mantecol y he aprendido a aceptar y valorar esos deseos sin culpa”.
Es fino el límite entre esta postura y la militancia por el llamado body positive, que en muchos casos deriva en estilos de vida poco saludables, pero la autora aclara que la clave de su postulado es que la aceptación del cuerpo no se choca con buscar una mejor calidad de vida. “Nos aceptamos como somos y vamos al gimnasio para sentirnos mejor, más fuertes, más saludables y vivir más años”, dice.
Ella rechaza que en la sociedad actual “ser flaca sea un privilegio” y apunta a que lo importante para un cuerpo es ser funcional. Además, critica que el sistema médico muchas veces es “pesocentrista”, ignorando que una persona delgada puede estar enferma y una gorda puede tener analíticas perfectas. En ese punto plantea sus dudas: “Tuve amigas que eran profesoras de yoga e influencers de vida natural y fallecieron de cáncer rapidísimos que se las llevaron. No comían carne, no tenían un gramo de más... Si el cuerpo es funcional y no tenemos grandes dificultades para llevar adelante nuestra vida cotidiana, no veo cuál es el problema”.
“No hablo de obesidad mórbida, pero no estoy segura de que la gordura en sí misma sea consecuencia de enfermedades. Tengo mil ejemplos de personas delgadas con enfermedades tremendas: presión alta, colesterol, y yo nunca tuve nada de eso y siempre fui gordita”, agrega en la entrevista con Montevideo Portal. Y acota que atiende en constelaciones familiares y en procesos de coaching “a personas muy delgadas que se sostienen en base a mandatos y restricciones y miles de dietas o a los procedimientos de moda, como el Ozempic, pero no lo hacen porque se quieren, sino para agradar”.
Los padres y la niña interior
Como marca la autora en el libro, la obesidad en la adultez se vincula a traumas o problemas no resueltos de la infancia, que derivan en heridas profundas a la autoestima. En muchos casos fueron los padres los que las ocasionaron, aunque sin intención de dañar. Ella aclara que no busca juzgarlos, sino algo más profundo: “Que podamos entendernos a nosotras mismas para luego elegir conscientemente un nuevo rumbo capaz de cambiar el curso de nuestra realidad y nuestro destino. Cuando eso sucede, es muy probable que soltemos las armas o dejemos de sobreproteger a nuestros padres”.
Malvido asegura que lo ha consultado con especialistas y “todos los trastornos de la conducta de la alimentación significan que hubo trauma en la infancia de las personas”. Por eso, entre los ejercicios que se plantean en “Abraza tu cuerpo”, hay varios destinados a “sanar a la niña interior”.
Sanar la relación con el cuerpo
La escritora invita a dejar de ver al cuerpo como algo que se tiene que arreglar todo el tiempo o que es una máquina defectuosa. “La verdadera transformación no está en cambiar la forma del cuerpo, sino en sanar la relación con él”, reflexiona. “(El cuerpo) es una maquinaria perfecta. Más allá de que tengamos órganos que funcionan mejor o peor y que tengamos una enfermedad, él siempre va a buscar la sanación, siempre va a abogar por el equilibrio. Entonces, el hecho de que nosotros tengamos sobrepeso habla de un maltrato que le hemos dado”, señala.
Desde su punto de vista, el autocastigo y la vergüenza nunca fueron herramientas efectivas para la salud a largo plazo. Por el contrario, como plantea en el libro, el amor propio es el verdadero motor del cambio. Además, en cuanto a la alimentación, apunta: “Cuanto más nos amamos, menos veneno nos vamos a dar”.
Su propuesta es dejar de luchar contra la balanza para empezar a escuchar qué emociones se tapan con comida. En el libro plantea una serie de preguntas y ejercicios que pueden ayudar a quien lo lee a descubrir sus propios traumas no resueltos o cuestiones arrastradas desde la niñez que terminan en un atracón, por ejemplo.