Contenido creado por María Noel Dominguez
Modo saludable

Decir cosas feas

Decir malas palabras nos hace más fuertes; estudio científico explica por qué

“Decir palabrotas es literalmente una herramienta sin calorías, sin drogas, de bajo costo y fácil”, dijo el investigador a cargo

23.01.2026 08:15

Lectura: 3'

2026-01-23T08:15:00-03:00
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¡No digas palabrotas! ¿Quién no escuchó esa frase alguna vez? De la madre, de la maestra o de cualquier mayor que estuviera cerca (y que cinco minutos después, muy probablemente, las estuviera diciendo). Pero todo cambia y una investigación publicada por la Asociación Americana de Psicología afirma que, en realidad, “decir malas palabras mejora el rendimiento al ayudar a las personas a sentirse concentradas y desinhibidas”.

Según el autor del estudio, Richard Stephens, PhD, de la Universidad de Keele en el Reino Unido, “en muchas situaciones las personas se frenan, consciente o inconscientemente, para no usar toda su fuerza”. Sin embargo, “decir palabrotas es una forma fácil de sentirse concentrado, seguro y menos distraído, y de ‘lanzarse’ un poco más”, agregó.

Estos efectos tienen potenciales beneficios para el rendimiento atlético, la rehabilitación y contextos que requieren coraje o asertividad.

El estudio fue publicado en la revista American Psychologist y responde a la pregunta sobre cómo nos ayudan las malas palabras y cuál es el mecanismo psicológico que se activa al lanzar algún improperio cuando estamos enojados, estresados o nerviosos, por ejemplo.

“Al decir palabrotas, nos liberamos de las restricciones sociales y nos permitimos esforzarnos más en diferentes situaciones”, señaló Stephens en el texto y recuerda que ya había algúnos estudios que mostraban que al decir malas palabras, las personas presentan “mejor desempeño en muchos desafíos físicos, incluido el tiempo que pueden mantener su mano en agua helada y el tiempo que pueden soportar su peso corporal durante un ejercicio de flexiones en silla”.

Nueva investigación sobre las palabrotas

A esos estudios anteriores, Stephens y su equipo le sumaron dos experimentos con 192 participantes que tenían que decir la mala palabra de su elección o una palabra neutra cada dos segundos mientras hacían flexiones de brazos. Al finalizar, respondieron preguntas sobre su estado mental en un cuestionario que los consultaba sobre “estados mentales relacionados con la desinhibición, como cuánta emoción positiva sintieron, qué tan divertida les pareció la situación, qué tan distraídos se sintieron y qué tan seguros se sintieron”.

Además, se analizó el “flow” que alcanzaron las personas durante el ejercicio. Este es un estado psicológico que se obtiene cuando las personas se sumergen en una actividad de forma placentera y concentrada.

¿Y qué mostraron los resultados? Que “los participantes que dijeron palabrotas durante la tarea de flexiones en silla pudieron soportar su peso corporal significativamente más tiempo que quienes repitieron una palabra neutra”, señala la publicación.

Los investigadores combinaron los nuevos resultados con los anteriores y de allí surgió que “esta diferencia podría explicarse por el aumento en los informes de los participantes sobre fluidez psicológica, distracción y autoconfianza, todos ellos aspectos importantes de la desinhibición”.

“Estos hallazgos ayudan a explicar por qué decir palabrotas es tan común”, dijo Stephens. “Decir palabrotas es literalmente una herramienta sin calorías, sin drogas, de bajo costo y fácilmente disponible cuando necesitamos mejorar nuestro rendimiento”, sostuvo.