De Barbieri llena salones: el psicólogo que habla de sobreprotección y celulares
“La prevención es el único camino”, dice el psicólogo uruguayo, 12 años después de su libro más vendido.
14.06.2026 09:25
Por María Noel Domínguez
manoeldominguez
Doce años después de publicar Educar sin culpa, Alejandro de Barbieri sigue llenando salones. Trescientas seis familias en una sola charla reciente, docentes que lo llaman desde Colombia, y ahora una editorial china que decidió apostar por su libro. El psicólogo uruguayo no habla desde la teoría: habla desde el consultorio, desde los liceos, desde las reuniones de padres en las cuales la angustia es el denominador común. En esta entrevista con Montevideo Portal, repasó la vigencia de sus ideas, el colapso del sistema de salud mental y por qué cree que la prevención es el único camino que queda.
¿Cómo llegó Educar sin culpa a China?
Fue una cosa increíble. Es muy reciente todavía. Plataforma Editorial, que tiene los derechos de Educar sin culpa en España, fue la que tramitó la edición con China. Yo llegué a Plataforma gracias a Irene Vallejo, la autora de El infinito en un junco. Nos escribimos por mail y me animé a preguntarle si conocía a alguien en España para colocar el libro. Ella me puso en contacto con ellos. El proceso con China fue lento, con comunicaciones intermitentes (reconozco que yo tampoco tengo mucha agilidad para responder). Un día me llegó un video por WhatsApp de Jordi, el director de Plataforma, con el libro ya impreso y traducido. Les pregunté cómo había surgido el interés y me dijeron que la temática era real para ellos. Es sorprendente, porque a veces creemos que los problemas son solo nuestros, o más de Uruguay o de Sudamérica.
¿Cuántos años tiene ya ese libro?
Tiene más de diez años, doce años hoy. Y los temas siguen siendo los mismos: la sobreprotección, las frustraciones, los celulares. En los últimos diez o quince años cambió la manera en que vivimos. El estrés, los padres que están menos presentes, los celulares que alteraron la capacidad de prestar atención a los hijos. Pero el libro tiene una base más filosófica, sobre el ser humano y el qué nos hace personas. Eso le ayudó a resistir.
Lo que llama la atención es que en estos doce años no avanzamos. Era una advertencia y era una realidad. Y se acrecentó la diferencia: más sobreprotección, menos presencia. Y no es solo por el trabajo, sino por no estar aunque estés.
Exacto. No estamos presentes emocionalmente. No estamos disponibles emocionalmente. Igual hay un par de cositas que me dan esperanzas. En el medio tuvimos la pandemia, que trastocó todo. Yo llevo más de treinta años como psicólogo. Cuando saqué el libro, tenía veinte años de profesión.
¿Qué pasa con el sistema mientras tanto?
Hace aproximadamente un año, la ministra declaró que había treinta mil personas en espera para acceder a un psicólogo o a un psiquiatra en el sistema de ASSE. El uno a uno está agotado. No se puede llegar de esa manera. El que puede ir a un psicólogo privado tiene un privilegio económico, y los psicólogos privados tampoco tienen horas disponibles. Por eso el foco tiene que estar en la prevención y en lo comunitario. Eso es lo que representa Educar sin culpa como propuesta. Se puede empezar en escuelas y liceos con talleres. No reemplaza la atención individual, pero abre un campo de trabajo en prevención de salud mental. En Colombia, por ejemplo, es ley que los colegios y escuelas, tanto públicos como privados, tienen que trabajar con las familias. Yo voy allá tres veces por año.
¿Por qué es tan urgente intervenir antes de los dieciocho años?
El 48% de los trastornos mentales se generan antes de los dieciocho años. Eso tiene una implicación directa: los padres, estando presentes, en calma, trabajando la autorregulación emocional, tienen la posibilidad de que sus hijos enfrenten la adolescencia y la adultez con mejor salud mental. Si no se logra que los niños se autorregulen, eso empeora en la adultez: más dificultades con la depresión, la ansiedad, el estrés y las adicciones. Lo que vemos hoy es violencia, bullying, uso problemático de las redes sociales.
En el libro usás la palabra “frustrar” y eso generó pánico.
Sí, y es una cita de Fernando Savater, no es mía. Hoy usamos otras palabras, como “frenar”. Pero los padres se siguen angustiando. En el libro está claro: frustrar no es pegar, no es agredir, no es maltratar. Es la presencia de un adulto que ayuda al niño a autorregularse: “No se le pega a tu hermano”. La gente confunde autocontrol con represión. El autocontrol es libertad. Yo elijo cuándo respondo. Ese es uno de los principales temas de trabajo con las familias hoy.
Fuiste pionero en hablar del aburrimiento, también en decir “abúrranse”.
Sí, aunque ese tema está en Economía y felicidad, que es anterior a Educar sin culpa. Del aburrimiento nace la creatividad. El vacío fértil. Hoy no se deja que los niños se aburran y cada vez les duran menos las cosas que hacen. Cuando mis hijas eran chicas, instauré una técnica que me habían recomendado algunos colegas: en esta casa hay dos horas de aburrimiento por fin de semana: una el sábado, una el domingo; yo anoto, vayan a aburrirse. Terminaban dibujando, inventando cosas. Claro que en esa época no estaba el smartphone. El desafío entonces era sacar la computadora del cuarto. El problema fue creciendo con el tiempo.
Y ahora se suma el ChatGPT.
Exacto. Cuando el cerebro todavía no terminó de formarse, el niño o adolescente en vez de buscar información va a ChatGPT y recibe el contenido ya elaborado. El riesgo es que no va a saber distinguir fuentes, no va a desarrollar pensamiento crítico.
Hablabas de la “tiranía del deseo”: padres que responden a toda demanda. Y eso genera niños que no toleran la frustración. Te han llegado consultas de madres cuyos hijos adolescentes tenían la mano levantada en clase, el docente no les dio la palabra y la propia madre fue a reclamarle al docente.
Sí. Y hay que separar. El docente es el que sabe si su hijo ya tiene la nota adecuada, si ya sabe el tema. Posiblemente, el alumno ya había respondido antes. No estudiamos siempre para dar la lección, estudiamos para saber el contenido. Las minifrustraciones de las que se ha ido eximiendo a los niños, sumadas a la ausencia de los padres, generan chicos que no toleran nada. Lo que los niños piden es atención, que equivale a amor. Necesitan paciencia, afirmaciones positivas y también límites claros con calma y firmeza: “Te dije que no; no es no, no me lo preguntes otra vez”. Eso les da el modelaje para que ellos también puedan autolimitarse. Las consecuencias de no haberlo hecho las vemos hoy: chicos de catorce o quince años haciendo bullying, con falta de empatía, con crueldades muy duras.
¿Y la autoridad del docente?
Se desdibujó. A los docentes de secundaria les cuesta más que a los de primaria mantener una autoridad sana. Hace poco hice una reunión con quince docentes en un liceo. Muchos se quejaban de que los alumnos no se autorregulan, no hacen silencio, se hablan gritando. Y en ese mismo liceo había un docente tranquilo que no tenía ningún problema de disciplina. Su regla era simple: no se come en clase, no se usa el celular, no hay falta de respeto. Le dije al grupo: “Acá tenemos un colega de ustedes que lo está resolviendo”. El desdibujamiento de la autoridad se confunde con autoritarismo. Y hay padres que tienen miedo de repetir la historia de violencia que vivieron con sus propios padres. Mi respuesta es: punto y aparte. Esta es tu historia. Decirle que no a un hijo no es repetir la historia. No todo dolor es trauma. Un trauma es un abuso, un maltrato, alguien que está recibiendo violencia de forma permanente.
En las charlas, hacés una dinámica especial con los docentes.
Sí. Cuando hay educadores y familias juntos, les pido a los docentes que se pongan de pie y a los padres que los miren. Y les digo: “Estos docentes dejan el alma en la cancha por nuestros hijos. Estos docentes conocen a nuestros hijos a veces mejor que nosotros, pero en otra área. No puede ser un psicólogo más importante que un docente, no puede ser un político más importante que un docente, no puede ser un psiquiatra más importante que un docente”. Y los aplaudo desde el público. La primera vez me salió de casualidad, en Paso de los Toros. Al llegar a casa me llegó un mail de la directora del liceo que decía: “Ale, hace treinta años que soy docente, nunca vi que aplaudieran a los docentes”.
La investigadora Ana Inés Balza, de la Universidad de Montevideo, tiene un estudio sobre centros educativos y salud mental.
Sí. Su investigación identificó tres características comunes en los centros que logran mejores resultados en salud mental: normas claras, contención emocional e inclusión de las familias. En ese tercer punto, tanto públicos como privados fallan, salvo excepciones. Antes, yo daba una charla por institución, ahora me piden cuatro o les mando un programa de cuatro y hacen tres. La demanda creció.
¿Y los celulares? En shoppings y lugares públicos se ven niños muy chicos ya con uno en la mano.
SapiensLab estudió a dos millones y medio de jóvenes en ochenta y cinco países. La conclusión es que los jóvenes de hoy están peor que las generaciones anteriores a su edad. Ya no se puede decir de forma despectiva “millennials, no aguantan nada”. El problema es real y tiene causas concretas. Soy muy seguidor de Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa. Él propone, entre otras cosas, nada de celulares en la escuela hasta primero de liceo, nada de celulares en los centros educativos en general y más juego libre afuera. Brasil ya regularizó el uso de celulares en las escuelas. Chile también. Cuando alguien reacciona mal ante la palabra “prohibir”, yo le pregunto: “¿Vos le decís a tu hijo que pruebe cocaína a ver si le gusta? Si la pediatra dice que no puede comer azúcar, no come azúcar”. Hay investigaciones que muestran que regularizar el uso mejora la atención, la concentración y reduce el bullying.
¿Qué pasa con tener el celular cerca, aunque no se use?
Haidt cita una investigación en Noruega con tres grupos de adolescentes haciendo la misma prueba. El primero dejó el celular en la mochila en otro salón; el segundo lo tuvo en el bolsillo; el tercero lo tuvo arriba de la mesa. El grupo que dejó el celular afuera logró los mejores resultados. Tener el teléfono cerca genera pérdida de atención cognitiva constante: ¿vibró?, ¿es mi pareja?, ¿es un familiar enfermo? En Uruguay, el uso en centros educativos sigue siendo libre. Puede que lo regulen. Y hay un concepto que se volvió muy popular: el brainrot. El scrolleo de información que no alimenta. Ernesto Sábato lo decía en La resistencia: consumimos una información que no nos nutre. La consecuencia es que no sabemos qué hacer con el silencio, el aburrimiento, la pausa, leer un libro. Leer es, en sí mismo, una forma de mindfulness: estás ahí tranquilo, prestando atención al texto, sin responder el celular. Un autor chileno dice que, muy pronto, ver a un niño con un celular va a ser como ver a alguien con una caja de cigarrillos.
¿Y el rol de los adultos en todo esto?
Es el que también hay que reivindicar. Nos quejamos, pero no estamos sabiendo resolver como adultos. Byung-Chul Han, en La desaparición de los rituales, habla de la crisis de la comunidad y de los rituales colectivos. Los fines de semana ya no tienen dinámica de descanso, disfrute ni juego. Los niños necesitan aire libre, ponerse a prueba, intercambiar con otros niños. Padre cansado más hijo cansado, sin autorregulación, es reaccionar mal o no estar disponible emocionalmente. Los padres se quejan de que los hijos no cuentan nada. La respuesta es: el adolescente no cuenta porque el padre se enoja o grita. Si en algún momento el padre está tranquilo y disponible, el adolescente lo percibe y se acerca. A veces fue hace seis meses, pero lo vio ahí con una actitud de escucha y lo guardó.
Estás escribiendo un nuevo libro.
Sí, está en corrección, espero que salga pronto. El tema central es que la mente no está solo en el cerebro. Es una crítica a la mirada reduccionista y biologicista de lo mental. La mente está en los vínculos, en el cuerpo, en el ejercicio físico, en la meditación, en lo cognitivo, en lo espiritual. Una mirada más integral del ser humano.
Por María Noel Domínguez
manoeldominguez
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]