Mientras se empiezan a sentir los primeros fríos del año, conviene prepararse para la llegada de resfríos, gripes y dolores de garganta. Y más allá de medicamentos y tratamientos médicos, que deben ser siempre la primera opción, hay un recurso que suele ser el preferido por muchos cuando la tos se instala: los caramelos de propóleo y miel.
El propóleo es una sustancia resinosa que las abejas utilizan para proteger sus colmenas frente a microorganismos, y que es rica en compuestos antioxidantes y bioactivos que se asocian con efectos antimicrobianos y antiinflamatorios, según detalla la Revista Digital Universitaria de la UNAM.
Por su parte, la miel aporta una textura que recubre y calma la mucosa irritada. La Organización Mundial de la Salud reconoce su uso como una opción para aliviar la tos en infecciones respiratorias leves, especialmente en niños mayores de un año, por su efecto protector de la mucosa.
Qué aportan los caramelos de miel y propóleo
Según describe la Revista Digital Universitaria de la UNAM, el propóleo puede ayudar a combatir microorganismos y reducir procesos inflamatorios. En formato caramelo, además, se suma un efecto mecánico: al disolverse lentamente, estimula la salivación y mantiene la garganta hidratada.
Ese mecanismo, que es más físico que farmacológico, es parte clave del alivio, ya que más saliva implica menor sequedad y menor irritación en la garganta al tragar o hablar.
Cómo hacer caramelos caseros de propóleo
La receta, que publica el sitio Excélsior, es sencilla y permite evitar aditivos innecesarios. Según la guía, estos son los ingredientes básicos para unas 20 a 25 unidades:
1 taza (250 ml) de miel natural pura
2 cucharadas de azúcar (25 g)
1 cucharada de agua (15 ml)
1 cucharada de jugo de limón (15 ml)
10 a 15 gotas de extracto de propóleo (se vende en tiendas de productos naturales)
Para prepararlo, se necesita una olla o sartén antiadherente, una espátula y moldes de silicona o papel encerado. El sitio apunta que el proceso es más cercano a hacer un caramelo tradicional que a una preparación “medicinal”, y que la clave está en el punto de cocción.
Para empezar, hay que colocar la miel, el azúcar y el agua en una olla a fuego bajo. Revolver constantemente durante unos 8 a 10 minutos hasta que la mezcla se vuelva más espesa. A medida que la mezcla se calienta, comienza a formar burbujas. En preparaciones de este tipo, el punto de caramelo duro se alcanza aproximadamente entre los 140 y 150 °C, lo que permite que solidifiquen correctamente.
Una vez alcanzado ese punto, se retira del fuego y se agrega el extracto de propóleo junto con el jugo de limón y se mezcla bien para integrar. Ya con el preparado pronto, se puede verter en porciones en moldes o sobre papel encerado para dejar enfriar y que solidifiquen.
Cómo consumirlos y qué tener en cuenta
Estos caramelos funcionan como un recurso puntual para molestias leves, pero no son un medicamento. Es importante tenerlo en cuenta. Al dejarlos disolver lentamente, prolongan el contacto con la garganta y potencian el efecto calmante.
Algunas consideraciones fundamentales:
La miel no se recomienda en menores de un año, según advertencias de organismos sanitarios internacionales como la Organización Mundial de la Salud.
El propóleo puede generar reacciones alérgicas en personas sensibles a productos apícolas.
Los caramelos no reemplazan tratamientos médicos si hay infección, fiebre o síntomas persistentes.