El deseo por lo dulce no es solo falta de voluntad o de control. Tiene una base biológica: el azúcar activa los centros de recompensa del cerebro de una forma similar a otras sustancias placenteras. De hecho, hay estudios científicos que muestran que a ratones de laboratorio les dieron agua con azúcar y agua con cocaína para elegir y se quedaron con la primera. Por eso, cuando aparece el antojo, puede sentirse urgente y difícil de ignorar.
El problema no está en los azúcares naturales presentes en frutas, verduras o lácteos, que el cuerpo necesita y procesa bien. El asunto son los azúcares añadidos: los que se incorporan durante el procesamiento de los alimentos y que aparecen, muchas veces de forma invisible, en productos que ni siquiera parecen dulces.
La Asociación Americana del Corazón recomienda que las mujeres consuman no más de 6 cucharaditas de azúcar añadida por día, y los hombres no más de 9. El promedio real, al menos en Estados Unidos, ronda las 17, informa Cleveland Clinic.
Reducir ese consumo tiene beneficios concretos: mejor digestión, menos fatiga, menos dolores de cabeza y menor nivel de estrés, según la misma fuente.
Cuando el antojo aparece
Beth Czerwony, dietista de la Cleveland Clinic, propone algunas estrategias simples para el momento en que la necesidad de algo dulce se vuelve difícil de ignorar.
La primera es no saltarse comidas. “Si no comés en todo el día, vas a llegar a tu casa con un hambre que va mucho más allá del hambre”, advierte. Ese es el momento en que las decisiones menos convenientes se vuelven más probables.
Antes de comer algo dulce, también vale la pena tomar agua. La sed y el hambre pueden confundirse, e hidratarse puede reducir la urgencia del antojo y evitar los picos de glucosa en sangre.
El movimiento físico también ayuda, aunque no tiene que ser intenso. Czerwony señala que actividades como el yoga, el tai chi o una caminata corta contribuyen a equilibrar las hormonas del hambre y a bajar el estrés, que es uno de los disparadores más frecuentes del antojo.
Hábitos para el mediano plazo
Para quienes buscan cambios más duraderos, la dietista apunta a algunos pilares básicos.
- Planificar las comidas de la semana y tener snacks saludables disponibles reduce la posibilidad de recurrir a lo dulce por impulso.
- Llevar un registro de lo que se come —aunque no sea con obsesión por las calorías— ayuda a identificar patrones: a qué hora aparece el antojo, qué lo precede, si es hambre real o costumbre.
- El sueño es otro factor que se subestima. La falta de descanso eleva los niveles de grelina, la hormona que regula el apetito, lo que hace que los antojos sean más intensos y más difíciles de resistir.
Czerwony también advierte contra una trampa común: eliminar grupos enteros de alimentos. “No elimines grupos alimentarios que no te están haciendo daño”, señala. Salvo indicación médica, esa restricción puede generar déficits nutricionales y, paradójicamente, más antojos.
Cuándo buscar ayuda
Si el consumo de azúcar se siente fuera de control, la recomendación es consultar con un profesional de salud. Un médico puede evaluar niveles de glucosa o colesterol, y en algunos casos existen tratamientos que ayudan a reducir el apetito. La primera línea, según Czerwony, es siempre la conversación honesta con quien te atiende.
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]