Se terminó la bolsa de la comida del michi. Abrís la nueva, le servís como siempre, pero él no come. Se acerca, huele, te mira y se va. Pasan las horas y lo que pensabas que era un capricho pasajero se mantiene: el gato no come nada. Incluso vuelve al plato, vuelve a oler y se va. Una situación así, que con un perro muy probablemente termine en unas horas con el animal devorando hasta la bolsa, con el gato es un asunto de extremo cuidado. 

Consultada por Modo Saludable, Carolina Torrado, veterinaria con posgrado en Medicina Felina de la Universidad de Salta, Argentina, y especialista en nutrición y gastroenterología en pequeños animales, explicó cómo se debe actuar y cuáles son los riesgos, ya que “los gatos son muy sensibles a las alteraciones digestivas”. Lo primero, indicó, es nunca cambiarles la comida de golpe.

“Si le hacés un cambio brusco de ración, no importa si es medicada o común, le va a producir diarrea y vómitos”, explicó. Esto ocurre porque “el tubo digestivo del gato se acostumbró a digerir esa formulación, ese tipo y calidad de proteína, esa cantidad y tipos de carbohidratos”.

Torrado, que dirige la veterinaria Ibiray, agregó que, por más que uno lea los ingredientes y se asegure de que es todo igual, para el animal hay una variación. “Por lo general, el origen es diferente, porque las raciones son de diferentes procedencias y el pollo, por ejemplo, es criado de manera diferente. Hay pollos de cría intensiva y otros de cría moderna, orgánica, que son libres de cortisol. Es una carne más palatable, más suave, pero aun así, no es intercambiable con la de otra marca. Cuando vos le cambiás la marca, le estás cambiando todo”, sostuvo.

Cambio de comida paulatino para gatos

Si el cambio no se da porque el gato rechace su comida habitual, sino por indicación médica o quizá porque esa marca que venía utilizando ya no está disponible, la mejor forma es hacer una transición paulatina. Torrado explicó que se debe hacer mezclando la comida que abandona y la nueva en el mismo plato. Las proporciones se van invirtiendo.

Sobre la porción diaria habitual, se debe hacer así:

El proceso entero lleva un mes y medio y en todo momento se debe controlar si el animal presenta vómitos o diarrea. En caso de que sí, la indicación de la veterinaria es retroceder un poco en las cantidades. “No hay que apurarse y, si no mejora, siempre consultar”, dijo.

Además, recalcó una diferencia de base entre perros y gatos. Si el perro no quiere comer y uno le deja la comida en el plato, el hambre ganará y la va a comer. Pero con los gatos eso no funciona. Y no se trata de malcriarlos, sino de evitar riesgos que pueden ser realmente graves.

Para quienes tengan gatos rescatados de la calle, “que tuvieron que arreglárselas comiendo lo que encontraban por ahí, el cambio de alimentación suele ser más sencillo”, agregó Torrado. “Pero los gatitos que vivieron siempre en una casa y siempre tuvieron un humano atrás dándole el alimento, son los más complicados para el cambio de alimentación”, describió.

Cuando no queda otra que cambiar de golpe

A veces la transición gradual no es una opción, ya que se discontinúa una fórmula, se demora una importación o una determinada marca se deja de vender a nivel local. Entonces, nos encontramos con que el gato rechaza de un día para el otro lo que venía comiendo o directamente no podemos conseguirlo y hay que solucionarlo pronto.

Lo que Torrado recomendó cuando no hay otra opción que cambiar de ración es pasar a una de mejor calidad que la que está comiendo actualmente. “La suelen aceptar sin problemas”, dijo. Ahora, el cambio inverso, o sea, pasar de una buena a una de gama baja, suele terminar en vómitos y diarrea intensos o directamente en que el gato rechace la comida.

Si esa opción no tiene éxito o si no hay ración ninguna para darle, la especialista recomendó pasar a comida casera, aunque sea por dos o tres días. La proporción que sugirió es 90% de pollo, 5% de verdura —zanahoria o zapallo— y 5% de hígado o corazón. “Siempre todo hervido, nunca carne cruda”, enfatizó.

Y aunque seguramente muchos lo estén pensando, lo que Torrado descartó de plano fue la lata de atún para consumo humano. “Pollo o carne de vaca y, por favor, ¡no compren latas de atún, que tienen una sal impresionante!”, advirtió. En caso de querer darle ese pescado —un menú que los gatos aman—, la opción es comprarlo natural y hervirlo, chequeando siempre que no tenga espinas, o comprar una lata de atún para gatos, que se vende en veterinarias.

De todos modos, ninguna de estas opciones puede transformarse en la dieta permanente. Son útiles para salir del paso hasta encontrar la nueva comida que se adapte al animal. Y un punto clave que marcó la veterinaria es que no se tome como un tema menor la presencia de diarrea o vómitos en gatos. Si ocurren, hay que consultar, dijo.

Cuántas horas puede pasar un gato sin comer

El motivo por el que no hay que dejarse estar cuando vemos que un gato no come es el riesgo de que desarrolle lipidosis hepática, una enfermedad que sobreviene cuando el animal realiza un ayuno prolongado. Esta patología se da porque, ante la falta de alimento, el hígado empieza a almacenar grasa. Como no la puede procesar, termina fallando y, si no es tratado rápidamente, puede derivar en un cuadro grave o mortal.

Los plazos que manejó Torrado son concretos: “24 horas sin comer es para consultar. 48 horas sin comer, es para salir urgente a la veterinaria”. Aunque el animal se vea bien, aclaró, ese tiempo sin comer implica un riesgo alto.

La mayoría de los gatos sanos se autorregulan con la cantidad de comida diaria. Sus dueños le ponen la comida en el plato y ellos la van administrando. Algo que no se puede hacer con los perros, por ejemplo. Pero es “muy importante mirar que el gato coma”, señaló la médica. Aunque parezca algo básico, recalcó que muchas veces un ayuno prolongado empieza sin que nadie lo note, justamente porque “el gato se maneja”.

Como suele suceder en los casos de mascotas y sus dueños, todos tienen su librito. Que “yo le cambié sin problemas”, que “el mío come lo que sea” o el viejo (y por suerte cada vez menos escuchado): “¡Es un bicho, qué tanta pavada!”. Lo cierto es que la medicina veterinaria avanza, estudia y conviene adecuarse a las recomendaciones para proteger la vida de nuestro compañero peludo, que no tiene otra opción que comer lo que le demos.