Por Patricia Vicente
En los últimos años se instaló fuerte la idea de “volver a lo natural” en la alimentación de perros y gatos. Mientras crece la oferta de raciones de alta calidad, con suplementos y vitaminas incluidos, y también de otras muy accesibles, pero con escasa trazabilidad, hay veterinarios que hacen un llamado a preferir la opción casera.
En esa línea, la médica veterinaria Carolina Torrado, que se especializó en dieta natural para perros y gatos, explicó qué hay detrás de esa tendencia y cómo hacer una transición segura en caso de tomar ese camino.
Su punto de partida es simple: “La ración es, para perros y gatos, igual que un alimento procesado para los humanos; no es algo que esté en la naturaleza”. De todos modos, aclaró que hay raciones muy buenas ya disponibles y otras que están llegando al mercado local, y apuntó que el problema no es solo de “ración sí o no”, sino qué tipo, qué calidad de proteína y qué impacto tiene a largo plazo en el organismo.
“La clave está en la proteína”
La especialista puso el foco en la materia prima, especialmente en raciones que son “demasiado” baratas: “Si se analizan, una máquina te dice que cumple un estándar de proteína, pero en realidad esa proteína puede ser 0% asimilable por el cuerpo del animal”. Incluso mencionó ejemplos extremos de subproductos (como plumas y otros desechos triturados) que pueden aparecer en alimentos de baja calidad. La bolsa puede decir “pollo”, pero eso no necesariamente significa que se use carne.
Si la proteína es de mala calidad, el animal puede estar “comiendo algo que parece completo”, pero que en realidad no cubre lo que más necesita. Tanto perros como gatos requieren una dieta muy centrada en proteína: “la necesitan para vivir”, dijo.
Torrado hizo una distinción importante: existen raciones mejores, con mejor proteína, suplementos y formulaciones más cuidadas, pero el problema es que siguen siendo un ultraprocesado, y apuntó a la humedad de la comida, algo determinante para perros y gatos. Hasta las de mejor calidad tienen ese punto en contra: entran “secas” al organismo y “el estómago tiene que hidratar y procesar ese alimento para formar el bolo alimenticio, lo que implica más trabajo digestivo”. Desde su punto de vista, con el tiempo esa menor humedad y ese mayor esfuerzo de procesamiento pueden impactar en órganos como riñones e hígado.
En cambio, con comida natural (cocida, no cruda), el animal recibe alimento con humedad. “Cumple la función de hidratación al pasar por el tubo digestivo y absorber nutrientes y se desecha un mínimo”, dijo. De hecho, cuando se hace el cambio a alimentación natural, se puede observar menos volumen de heces y, a veces, menor consumo de agua, apuntó.
Comida natural no son “sobras”
La veterinaria marcó una división clara: no es lo mismo prepararle al animal pollo hervido con verduras que darle lo que sobró de un guiso. Una cosa es cocinar para la mascota y otra, muy distinta, es darle lo que quedó de la cena, que tiene condimentos, frituras y, en muchos casos, verduras que no conviene que coman, como la cebolla.
Por eso insistió en el asesoramiento veterinario y mencionó casos de personas que, con la mayor buena voluntad, quisieron dar comida natural a sus mascotas y les servían polenta con zanahoria, por ejemplo. “Eso es puro carbohidrato”, marcó. Lo mismo para los casos de arroz con pollo o arroz con carne picada, en los que la mayor parte es de arroz y la menor de proteína. Eso está desbalanceado, recalcó.
Recomendaciones prácticas y qué evitar
- El consejo de base es: cocido, no crudo y no frito.
- Hervir es la mejor opción o, como alternativa, la plancha. Aunque esto le quita humedad a la carne.
- Evitar carne picada “de carnicería” por un tema de control de calidad. Torrado sugiere comprar el trozo (vacuno, pollo, cerdo) y picar/moler en casa.
- Sobre la textura de la preparación, algunos animales prefieren trocitos, otros algo similar al paté (en gatos, esto puede ser preferido).
- Proporción: mayoritariamente proteína; el arroz “puede estar o no, no es necesario”.
Torrado, que dirige la Clínica Veterinaria Ibiray, dijo que hay dos puntos técnicos “finos” a tener en cuenta:
- Calcio: La carne por sí sola no lo cubre y el huevo bien hervido o incluso la cáscara de huevo molida pueden sumarse. Pero, si se opta por esta suplementación, lo mejor es que un veterinario indique la cantidad justa, de acuerdo al peso del animal.
- Hígado: Es importante incluirlo en la alimentación de perros y gatos, pero también con cantidades cuidadas por un veterinario, ya que el exceso no es sano.
Hay lineamientos generales para perros y gatos, se puede hablar de una suerte de “dieta natural general”, pero lo mejor es consultar con el veterinario de cabecera, que puede evaluar contexto, estado físico y rutina del perro. En ese sentido, un punto que aparece mucho en la consulta es: ¿Qué pasa si la persona trabaja todo el día y no puede darle de comer cada pocas horas? En gatos, especialmente, la experta advirtió que no pueden quedarse muchas horas sin comer esperando por la vuelta del humano. Con la ración ellos se autoadministran, sin embargo con la comida natural no es lo mismo.
Para esos casos, propuso una forma de alimentación mixta, posible para muchas casas: desayuno natural, luego la persona se va a trabajar y deja el plato con ración durante el día, y al volver lo retira y le da una cena natural.
¿Cuánto lleva la transición?
A grandes rasgos, Torrado recomendó tomarse un mes como tiempo de transición de ración a comida natural, sobre todo en gatos. Los perros, dijo, suelen adaptarse más fácil y quizá se acorte el tiempo. Pero su consejo general es el mismo: no apurarlos.
Si se cambia de golpe, puede aparecer diarrea o malestar porque la flora intestinal no está acostumbrada. En ese caso, lo que hay que hacer es volver para atrás y retomar el cambio de forma más gradual y de la mano del veterinario.
En esa línea, llamó la atención sobre un caso especial que se puede dar con gatos. Si el felino toda la vida comió ración y de un día para el otro se le da comida natural y él no la quiere comer, no hay que dejarlo sin opciones. No se aplica allí el caso de que “ya va a comer cuando tenga hambre” y en los gatos “un ayuno prolongado puede ser grave”.
Los beneficios del cambio de comida
Torrado fue clara en este punto: no se pueden esperar milagros en una semana si el animal lleva años a ración. Los cambios se van a dar de forma progresiva, pero se verán claramente:
- En el pelo: Suele ser de lo primero que mejora (menos caída, mejor aspecto).
- En su conducta con la comida: más entusiasmo, menos ansiedad por horarios.
- En las heces: a menudo menos volumen.
- En su salud general: Mejoras claras en chequeos y análisis
Alimentos prohibidos o de alto riesgo para perros y gatos
Tanto en perros como en gatos hay que tener especial cuidado con que no coman o tomen lo siguiente:
- Cebolla y ajo.
- Uvas y pasas de uva.
- Chocolate.
- Huesos (cocidos o crudos): por riesgo de astillas o lascas y accidentes. La excepción es la rótula (hueso grande que se muerde y “jamás lo va a triturar o hacer lascas”, según su experiencia).
- Café, té.
- Bebidas alcohólicas (aunque parezca lógico, un día debió atender a un perro al que le dieron cerveza para tomar).
- Marihuana (lo mismo: aunque parezca lógico, suelen darse casos de animales que comen lo que los humanos fuman).
Un alimento que no está prohibido, pero que es mejor que no consuman por su alto contenido graso, es la palta, dijo Torrado.
Además, agregó una advertencia sobre los “huesitos blancos” tipo lonja que se suelen vender en comercios. Torrado dijo que ella, particularmente, no los recomienda. Para lograr ese color y durabilidad, tienen que tener conservantes y colorantes que seguramente no se pueden digerir, indicó.
Y un punto importante: ante vómitos, diarrea intensa, temblores, decaimiento o si comió una buena cantidad de algunos de estos alimentos, hay que consultar urgente. En gatos, si rechaza la comida de forma continua y el ayuno se prolonga, no hay que esperar para consultar al veterinario.
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