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Cirrosis e hígado graso: ¿cómo afecta la hora de la última comida del día?

Picotear después de la cena o ya en la cama se asocia a un 36% más de riesgo de hígado graso y a un 28% más de cirrosis.

19.10.2026 09:41

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Durante años, la advertencia contra el picoteo nocturno apuntó casi siempre a los efectos que podría tener en la balanza o en el corazón. Pero ahora se sabe que la visita a la heladera después de cenar o el snack que acompaña la serie de última hora de la noche tienen efectos importantes en un órgano del que generalmente nos acordamos solo cuando algo anda mal: el hígado.

Las personas que comen después de la cena o una vez que ya se acostaron tienen un riesgo del 20% al 30% mayor de sufrir en todas las formas de enfermedad hepática, en comparación con aquellas que no lo hacían. Así afirma un análisis de casi 200.000 personas seguidas durante alrededor de 16 años, que publicó la Oregon Health & Science University de Estados Unidos.

El estudio fue publicado por la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology y apuntó que las enfermedades consideradas fueron el hígado graso, cuyo nombre técnico actual es enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, y la cirrosis, una afección grave en la que el hígado queda extensamente cicatrizado.

“Algunos estudios habían insinuado esta idea, pero este es uno de los primeros análisis a largo plazo que establece explícitamente la conexión con el hígado graso”, dijo Robert Wilechansky, hepatólogo especializado en trasplante hepático y autor principal del trabajo, citado por Science Daily.

Qué es el hígado graso y cuándo se vuelve grave

Cuando se acumula un exceso de grasa en el hígado, el cuadro puede avanzar en algunos casos hacia la inflamación, el daño hepático y, finalmente, la cirrosis. Según la OHSU, el hígado graso afecta hasta al 30% de la población de Estados Unidos. La mayoría de quienes lo tienen, sin embargo, nunca llega a una cicatrización avanzada.

Wilechansky lo puso en perspectiva: “Es importante recordar que, de las personas que desarrollaron hígado graso, solo una pequeña fracción desarrolla formas graves de la enfermedad, como la cirrosis hepática”. Y agregó: “Aun así, la gran conclusión es que limitar la ingesta de calorías hasta varias horas antes de acostarse podría ser beneficioso”.

Los datos provinieron de tres grandes estudios que siguen a enfermeras y profesionales de la salud en Estados Unidos. Ninguno de los participantes tenía enfermedad hepática al comenzar, y todos completaban cada pocos años cuestionarios sobre su alimentación y estilo de vida. Según el trabajo, la relación con comer tarde se mantuvo aun después de considerar el peso, las calorías diarias, el alcohol, la diabetes, el tabaquismo, la actividad física y la calidad de la dieta.

Foto: Magnific

Foto: Magnific

El reloj interno del hígado

Una de las explicaciones posibles está en los ritmos circadianos, los procesos biológicos que regulan el sueño, el metabolismo y otras funciones a lo largo de un ciclo de aproximadamente 24 horas. El hígado es especialmente sensible a ellos, porque procesa nutrientes, regula el azúcar en sangre y administra cómo el cuerpo almacena y usa la energía. Comer cuando el organismo se prepara biológicamente para dormir podría interferir con algunos de esos procesos, señaló la OHSU.

El interés de Wilechansky por el tema surgió en parte de lo que se sabe sobre quienes trabajan de noche: las personas cuyos horarios laborales chocan con el ciclo natural de sueño y vigilia tienen tasas más altas de obesidad y enfermedad cardíaca. “Sabemos que el hígado está muy sintonizado con los ritmos circadianos del cuerpo”, dijo. “Por eso nos interesa cambiar el horario de las comidas de una manera que pueda marcar una diferencia en la salud sin modificar la composición de lo que la gente come”.

En la misma línea se expresó Andrew McHill, coautor del estudio y profesor asociado especializado en fisiología del sueño y circadiana en la OHSU. “Vemos una y otra vez que el horario de los comportamientos, ya sea el sueño, la alimentación o el ejercicio, realmente importa”, afirmó.

“Por ejemplo, demostramos que comer durante la noche, cuando el reloj biológico interno promueve el sueño, reduce la capacidad del cuerpo de metabolizar los alimentos con la misma eficiencia y puede terminar llevando a la obesidad, la diabetes y ahora a una mala salud del hígado”, afirmó.

Experimentos previos en animales ya habían señalado al hígado como uno de los órganos más vulnerables al desajuste entre las horas de comer y de dormir, agrega Science Daily.

¿Cenar más temprano puede proteger el hígado?

Los investigadores remarcaron que el análisis fue observacional: encontró una relación entre los hábitos y la salud del hígado, pero no comprobó que cambiar el horario de las comidas prevenga la enfermedad.

Esa es justamente la pregunta que busca responder un nuevo estudio clínico de la OHSU, en el que participa Wilechansky y que está reclutando voluntarios. El equipo va a monitorear directamente los horarios de las comidas y evaluar si adelantarlas produce mejoras medibles en personas que ya tienen hígado graso.

La idea resulta atractiva por un motivo práctico: para algunas personas, cambiar cuándo comen podría ser más sencillo que transformar lo que comen. “Nuestros hallazgos se suman al creciente cuerpo de literatura que vincula los patrones de alimentación a última hora de la noche con resultados metabólicos y hepáticos adversos”, escribieron los autores.