Seguro te cruzaste con algún video de alguien tocando suavemente la cabeza de otra persona y prometiendo “borrar” creencias limitantes o “bloqueos mentales” como si se tratara de archivos en un disco duro. O de algún famoso que recomiende las Barras de Access como lo mejor que le pasó en la vida. Hoy son tendencia absoluta y muchos las recomiendan, pero ¿realmente cumplen lo que prometen o caminan por el límite de la pseudociencia?
Las Barras de Access fueron desarrolladas por Gary Douglas en los años 90. Él es el fundador de Access Consciousness, un movimiento global que promete “transformar vidas”. La técnica se basa en el toque suave de 32 puntos en la cabeza. Esto, dice su creador, libera la “carga electromagnética de pensamientos, sentimientos y emociones almacenados en el cuerpo”.
Lo que sí es real
Lo dicen las Barras de Access, la biología y el sentido común: cuando alguien toca puntos específicos en la cabeza de otra persona de forma suave y rítmica, se activa el sistema nervioso parasimpático, que predomina en condiciones de reposo y digestión (opuesto al simpático, que es el que activa el modo alerta y huida ante el peligro).
Está demostrado que ese tipo de contacto físico reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y promueve un estado de relajación profunda similar al que se logra con una siesta reparadora o una sesión de meditación. Hasta ahí, las Barras de Access no tienen mayor originalidad.
Hay estudios científicos citados por medios internacionales que indican que se realizaron mapeos cerebrales durante una sesión de Barras de Access y se vio que las ondas cerebrales pueden bajar a frecuencias Theta, asociadas con la relajación profunda y la creatividad. Esto explica por qué muchos salen de la sesión sintiéndose “más livianos”. Pero, una vez más, es algo que también se puede activar cuando alguien hace masajes o mimos.
Lo que no tiene prueba científica
Aquí es donde la ciencia toma distancia de la técnica, que asegura que puede “resetear” los pensamientos o “reprogramarlos”.
La idea de que pensamientos, juicios o emociones se almacenan como “carga electromagnética” en 32 puntos específicos (que son las llamadas “barras”) no tiene sustento científico. El cerebro no funciona como un archivador que se vacía al tacto.
Un artículo publicado por la Universidad McGill de Canadá explica en forma bastante cruda de qué se trata este sistema: “Según la teoría, un terapeuta capacitado puede liberar nuestras limitaciones tocando suavemente estos puntos y permitiéndonos desarrollar todo nuestro potencial. ¿No ganas suficiente dinero? Eso es porque tu punto del dinero no ha sido estimulado por un terapeuta especializado”.
“Jeffrey Fannin, un psicólogo que afirma que todos estamos conectados ‘a través del entrelazamiento cuántico’, realizó otro estudio con Access Bars utilizando electrodos en el cuero cabelludo para demostrar que recostarse durante una hora y recibir un suave masaje produce relajación. Para quienes estén interesados, las siestas tienen el mismo efecto y son gratuitas”, agrega el artículo firmado por Jonathan Jarry, divulgador científico en la Oficina para la Ciencia y la Sociedad (OSS) de la Universidad McGill.
La distribución de estos puntos recuerda mucho a la “frenología” del siglo XIX, una teoría ya descartada que decía que la forma del cráneo determinaba la personalidad, agrega el texto.
“Confirmado” por sus creadores
Muchas de las investigaciones que circulan en redes para validar las barras han sido financiadas por la propia organización creada por Douglas o realizadas con muestras muy pequeñas (menos de 60 personas), lo que les quita peso ante la comunidad científica internacional.
En definitiva, como herramienta de bienestar complementario, las Barras de Access pueden ser excelentes para bajar revoluciones y combatir el insomnio o la ansiedad leve. No presentan mayores riesgos que hacerse un masaje o acostarse a dormir una reparadora siesta. La clave está en que no deben venderse como una cura médica o psicológica a patologías mentales, ni como alternativa a medicación psiquiátrica.
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