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¿Team invierno o verano?

Baño de hielo tras entrenar: un estudio duda del beneficio... ¿Servirá más el calor?

Cuatro métodos mostraron distintas respuestas fisiológicas, pero ninguno logró una ventaja significativa en la recuperación muscular.

25.10.2026 20:35

Lectura: 4'

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La inmersión en agua fría es una estrategia de recuperación muy utilizada después del entrenamiento, pero nuevas investigaciones sugieren que podría no ofrecer mayores beneficios para recuperar la fuerza muscular que otros métodos basados en el calor.

Un estudio internacional, publicado en la revista Journal of Thermal Biology, investigó cómo diferentes estrategias de recuperación térmica influyen en la recuperación muscular después de un ejercicio que provoca daño muscular.

Investigadores del Reino Unido, Francia, los Países Bajos y los Emiratos Árabes Unidos, dirigidos por la Universidad del Este de Londres, analizaron si las intervenciones basadas en el calor alteraban distintos marcadores fisiológicos relacionados con el estrés celular y la reparación muscular, y si el frío o el calor contribuían a recuperar la fuerza muscular durante un período de 72 horas.

En la investigación participaron 40 adultos sanos y físicamente activos, quienes completaron un protocolo de ejercicio intenso diseñado para inducir daño muscular temporal y dolor muscular de aparición tardía.

Los participantes fueron asignados aleatoriamente a uno de cuatro grupos de recuperación: 30 minutos de inmersión en agua caliente a 42 °C; 15 minutos de inmersión en agua fría a 9 °C; 30 minutos de exposición al aire caliente a 30 °C o recuperación pasiva a temperatura ambiente.

Más tarde, los investigadores evaluaron los cambios en la fuerza muscular, el dolor percibido y distintos marcadores moleculares relacionados con el daño muscular y la inflamación durante las siguientes 72 horas.

Inmediatamente después del ejercicio, la fuerza muscular disminuyó aproximadamente un 36% en todos los grupos. Aunque esta capacidad se recuperó gradualmente durante los tres días siguientes, no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre las cuatro estrategias de recuperación.

Sin embargo, los distintos métodos produjeron respuestas fisiológicas diferentes. Los participantes que recibieron tratamientos térmicos mostraron una mayor expresión de la proteína de choque térmico 72 (HSP72), una proteína asociada con los mecanismos de protección celular y reparación muscular.

Además, las concentraciones de creatina quinasa-MB (CK-MB), un marcador que puede relacionarse con el daño muscular, regresaron a sus niveles iniciales más rápidamente en los grupos que realizaron recuperación mediante calor que en aquellos que utilizaron la inmersión en agua fría.

Estos hallazgos sugieren que las estrategias de recuperación basadas en el calor podrían influir en algunos de los procesos biológicos implicados en la recuperación tras un ejercicio que provoca daño muscular. Sin embargo, estos cambios fisiológicos no se tradujeron en mejoras significativas de la fuerza muscular ni en una reducción del dolor durante las 72 horas posteriores al entrenamiento.

La doctora Freya Bayne, profesora de Ciencias del Deporte y el Ejercicio de la Universidad del Este de Londres e investigadora principal del estudio, señala que la inmersión en agua fría sigue siendo una de las estrategias de recuperación más populares entre deportistas y personas físicamente activas. Sin embargo, los resultados obtenidos invitan a reconsiderar la idea de que esta técnica sea necesariamente la opción más eficaz para favorecer la recuperación muscular.

Según los investigadores, las intervenciones basadas en el calor parecen generar respuestas fisiológicas diferentes, relacionadas con la protección celular y los mecanismos de reparación. Aun así, es importante distinguir entre producir cambios a nivel biológico y conseguir una recuperación funcional más rápida: ambos fenómenos no siempre ocurren al mismo tiempo.

En definitiva, el estudio pone de manifiesto que la recuperación muscular es un proceso complejo en el que intervienen múltiples mecanismos. Aunque una estrategia pueda modificar determinados indicadores celulares, esto no significa necesariamente que permita recuperar la fuerza con mayor rapidez o disminuir las molestias musculares.

Por ello, los autores señalan que todavía se necesitan más investigaciones para comprender cómo influye la exposición repetida a las distintas estrategias de recuperación, cuáles son sus efectos a largo plazo y en qué circunstancias podrían ofrecer beneficios reales para el rendimiento deportivo.

Con información de Europa Press.