Bailar, aunque sea mal, le hace bien al cerebro
La neurocientífica Nazareth Castellanos explica por qué es saludable y afirma que la danza podría formar parte de la medicina
24.06.2026 08:00
Montevideo Portal
Suena una canción y, sin pensarlo, algo se mueve: el pie que marca el ritmo debajo de la mesa, los hombros, apenas la cabeza. Casi nadie se queda del todo quieto. Ese gesto mínimo, tan común que casi ni lo registramos, es la punta de algo bastante más grande de lo que parece. Y así lo explicó la neurocientífica española Nazareth Castellanos, que acaba de publicar un libro titulado “El cerebro en danza”.
Castellanos, licenciada en Física, doctora en Neurociencia y directora de investigación del laboratorio Nirakara, escribió el libro a cuatro manos con Joaquín de Luz, exbailarín principal del New York City Ballet, quien cuenta su vida sobre el escenario, mientras ella, en sus palabras, traduce cada paso a la biología lo que está ocurriendo.
Cerebro en danza- libro nazareth castellanos
La científica pregona desde hace tiempo su mensaje sobre los beneficios del baile en el cerebro y en el cuerpo todo. De hecho, una de sus frases más conocidas es que “cuando el cuerpo baila, el cerebro sana”. Para Castellanos, bailar no pasa solo por el carril del arte, sino que lo considera una de las experiencias más completas que pueden tener los humanos.
La danza lleva a que el cerebro active al mismo tiempo las áreas motoras, las zonas de la emoción, la memoria, la atención y la recompensa, explicó.
Y tan convencida está de sus beneficios, que lo propone como una actividad que hay que integrar de forma continua a las escuelas y a las empresas. Así lo dijo en una entrevista en el programa La Ventana, de Cadena Ser, donde le recordaron que otro defensor de la danza como beneficiosa para el cerebro es el uruguayo Jorge Drexler, músico y médico.
“Desde el punto de vista neurofisiológico una canción bailable afecta más zonas del cerebro que una canción política. Y si tienes una canción que involucra emoción, poesía y movimiento, todo el cerebro vibra”, había dicho el uruguayo en una entrevista en Revista Diners.
La música nos mueve desde la cuna
Que la atracción por el ritmo sea innata no es una corazonada, afirmó Castellanos, que se apoyó en un estudio hecho en Hungría con recién nacidos. “Hay un estudio que se hizo en Hungría (en 2009), que fue pionero, y mostró que nuestra capacidad para bailar, nuestra tendencia a bailar, es innata”, dijo.
“Se hicieron estudios con neonatos a los que les ponían música y observaban qué pasaba en su cerebro. Evidentemente, ellos no se mueven porque todavía no tienen esa coordinación, pero algo en el cerebro ya reconocía que había como una respuesta innata ante la música y una respuesta de su cuerpo, que se preparaba para acompañar con el movimiento”, explicó.
Qué pasa en el cerebro cuando bailamos
¿Y qué gana el cerebro con el baile? Según Castellanos, hacerlo de forma regular mejora la actividad cerebral. “Bailar nos ayuda mucho al neurodesarrollo. Se ha visto que cuando bailamos de forma regular hay unas moléculas (...) que mejoran el crecimiento de la sinapsis (la conexión entre las neuronas). Entonces, esto hace que mi cerebro tenga más capacidad de reorganizarse, de aprender, de estar mejor”, indicó.
En su investigación con el bailarín Joaquín de Luz observó algo todavía más fino, según dijo en la presentación del libro. Al estudiar el cerebro del bailarín mientras se movía y, después, mientras se imaginaba moviéndose, calculó que su corteza somatosensorial (la zona ligada a la percepción del propio cuerpo) podía tener hasta más de 15 veces la representación neuronal que alguien ajeno a la danza.
Bailar “podría formar parte de la medicina”
Por otra parte, “se ha visto que bailar nos previene frente a enfermedades de salud mental”, dijo Castellanos y aclaró que se refiere a la “salutogénesis que podemos ir haciendo para generar mecanismos de resistencia para cuando haya momentos donde surja más estrés”.
“Pero luego ya en el contexto curativo, en el contexto clínico, se ha visto que el baile mejora los síntomas depresivos, la sensación de soledad, el estrés. Hay muchos estudios para Parkinson en diferentes etapas, es decir, que para mí sí que es algo que podría formar parte también de la medicina”, añadió.
De todos modos, recalcó que no habla de suplantar ningún tratamiento médico y que “no sustituye a la terapia”.
La vergüenza de bailar es aprendida
Hay un obstáculo que la neurocientífica reconoce y es la vergüenza. Si la tendencia a movernos es innata, ¿por qué a tantos les da pudor bailar? Su lectura es que ese freno se aprende, alimentado por la comparación constante con los que parecen llevar el ritmo en la sangre.
Pero Castellanos refuerza su posición y sostiene: “Hay muchos estudios que dicen que bailar, aunque bailes mal, es mucho más saludable”. Y eso es así, sobre todo, a medida que se cumplen años. Además, aseguró que “al cerebro le gusta más el baile que la vergüenza”.
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