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Dulce amenaza

Azúcar en la primera infancia: alertan que eleva riesgo de sufrir ansiedad en la adultez

La exposición durante los primeros 1.000 días de vida podría dejar efectos duraderos en el cerebro y la salud mental.

27.09.2026 13:16

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Los primeros años de vida constituyen una etapa de cambios permanentes, tanto para el organismo como para el cerebro. Durante este período, la alimentación no solo aporta la energía y los nutrientes necesarios, sino que también puede intervenir en procesos cuyos efectos se manifiesten mucho tiempo después.

Un nuevo estudio de la Universidad de Surrey en Guildford, Inglaterra, revela que la exposición al azúcar durante los primeros 1.000 días de vida de un niño aumenta el riesgo de desarrollar ansiedad en la edad adulta; además, el consumo de azúcar en la infancia puede afectar el desarrollo cerebral, observándose diferencias significativas en 11 de las 80 regiones del cerebro.

La exposición al azúcar que podría dejar huella décadas después

En este estudio único, investigadores de Surrey analizaron de qué manera el contacto con el azúcar durante la primera infancia puede repercutir posteriormente en la salud mental, los hábitos alimenticios y el desarrollo neurológico. Así, encontraron que las personas que no habían estado expuestas a cantidades significativas de azúcar durante la gestación ni en sus primeros dos años de vida presentaban un menor riesgo de desarrollar ansiedad.

Los investigadores han demostrado que la exposición al azúcar durante los primeros 1.000 días de vida puede influir en el riesgo de padecer varias enfermedades crónicas, como la diabetes, advierte la doctora Anna Navratilova de la Universidad IPB de Indonesia, quien dirigió el trabajo durante su estancia en la Universidad de Surrey.

“Dado que en trabajos anteriores hemos observado vínculos entre la preferencia por los alimentos azucarados y los problemas de salud mental, nos interesaba especialmente comprender si el consumo de azúcar en la infancia podría contribuir a la aparición de problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad, en la edad adulta”, añade.

Para profundizar en los resultados, el equipo estudió los datos médicos de más de 45.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, nacidos entre 1951 y 1956, período en el que el racionamiento de azúcar establecido tras la guerra todavía se encontraba vigente, hasta su eliminación gradual.

A partir de allí, los participantes fueron separados en distintos grupos: quienes estuvieron sometidos al racionamiento de azúcar durante el embarazo y hasta los seis, doce, dieciocho y veinticuatro meses de edad; aquellos que solo estuvieron expuestos durante la gestación; y un grupo de control integrado por personas de una edad similar nacidas cuando esas restricciones ya habían finalizado. También se incluyó un grupo de niños nacidos en Irlanda.

Más ansiedad y cambios en varias regiones del cerebro

Navratilova descubrió que las mujeres, en particular, tenían más probabilidades de desarrollar ansiedad. También se encontró una relación entre la exposición temprana al azúcar y la depresión, aunque esta asociación perdió fuerza al realizar el ajuste estadístico. Esto, según los investigadores, sugiere que la dieta durante la adultez podría influir en ese resultado.

Como parte del trabajo, publicado en la revista Translational Psychiatry, los científicos también cruzaron los datos de neuroimagen con la información correspondiente al racionamiento. El análisis mostró que 80 de las 139 regiones cerebrales estudiadas presentaban diferencias significativas en el volumen de materia gris entre los distintos grupos. Un análisis posterior detectó diferencias significativas en 11 de las 80 regiones cerebrales entre la mayoría de los grupos de racionamiento y quienes nunca estuvieron sometidos a él, entre ellas algunas zonas del cerebelo.

Los resultados también mostraron que quienes no habían estado expuestos al azúcar durante más tiempo —desde la gestación hasta los 24 meses de edad— manifestaban en la adultez una menor preferencia por los alimentos dulces. Además, los investigadores identificaron diferencias en esas preferencias entre quienes atravesaron el racionamiento y quienes no, lo que apunta a que la exposición temprana al azúcar podría tener consecuencias sobre la alimentación incluso décadas después.

“Lo que hemos descubierto es que el racionamiento de azúcar en la infancia está relacionado con una menor preferencia por lo dulce y un menor riesgo de ansiedad. A pesar del aumento del consumo de azúcar tras el racionamiento entre los participantes, los entornos nutricionales tempranos parecen tener una relevancia duradera para la salud mental”, explica el profesor Nophar Geifman, catedrático de Salud e Informática Biomédica en la Universidad de Surrey y autor principal.