Bueno, bonito y barato

Armar puzzles, leer, jugar cartas o tejer: el valor de los hobbies que cuidan el cerebro

Varios estudios asocian los pasatiempos offline con menor riesgo de demencia y fragilidad en la vejez. La clave es la reserva cognitiva.

12.06.2026 13:05

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Montevideo Portal


Desde el crucigrama del diario al partido de truco con los amigos, pasando por el coro de la iglesia o la reunión de tejido semanal, el grupo que sale a caminar por la rambla o el taller de cerámica de los martes. Solo parte de una lista de actividades que durante mucho tiempo se vieron como simples “pasatiempos de viejos” y hoy tienen otra lectura, además de aval científico. Una creciente cantidad de investigación sugiere que esas actividades podrían proteger el cerebro y ayudar a envejecer mejor.

Dos artículos recientes publicados en el sitio The Conversation, firmados por investigadores que estudian el envejecimiento, repasan la evidencia sobre cómo los hobbies impactan en la salud cognitiva y física de las personas mayores. La conclusión es alentadora y accesible: no hay que encontrar el pasatiempo perfecto, sino uno que se disfrute y se pueda sostener en el tiempo.

El concepto central de buena parte de los estudios es el de reserva cognitiva. La idea es que la educación, el trabajo estimulante y las actividades mentalmente exigentes van creando más conexiones neuronales en el cerebro a lo largo de la vida. Y esas conexiones extra funcionan como una reserva. Es decir que las personas que tienen más desarrollada su reserva pueden lidiar mejor con los cambios que traen los años, o incluso con el daño cerebral de una enfermedad, antes de que aparezcan síntomas como la pérdida de memoria.

Freepik

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Los hobbies, según la evidencia, ayudan a construir y mantener esa reserva. Y lo hacen combinando varios ingredientes que cuidan el cerebro al mismo tiempo: el desafío cognitivo de aprender algo nuevo, la actividad física de moverse, la reducción del estrés y la conexión social, cuyo opuesto (el aislamiento) es uno de los factores de riesgo más fuertes de demencia en la vejez.

Los estudios que lo respaldan

En The Conversation citan, entre otros estudios, a una revisión que reunió múltiples investigaciones y encontró que las personas que participaban regularmente en actividades de ocio tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia. Los investigadores agruparon esas actividades en tres categorías, que se asociaron con menor riesgo:

  1. físicas (como caminar)
  2. cognitivas (como los rompecabezas)
  3. sociales (como sumarse a un club)

Un dato interesante: ninguna resultó superior, o sea que lo que parece importar es la participación, más que el tipo exacto de actividad.

Por otra parte, un estudio de gran porte realizado en Japón siguió a más de 22.000 personas sin demencia durante 11 años. Quienes declararon tener al menos un hobby en la mediana edad mostraron alrededor de un 19% menos de riesgo de desarrollar demencia discapacitante (que interfiere con la vida diaria o requiere cuidados) frente a quienes no tenían ninguno.

Otro trabajo, publicado en la revista JAMA Network Open, citado en el sitio, analizó a más de 10.000 adultos mayores de 70 años y encontró que ciertas tareas de alfabetización y pensamiento crítico, como escribir o resolver puzzles, usar la computadora o tomar clases, se vinculaban a una reducción del 9% al 11% en el riesgo de demencia. Las actividades creativas, como tejer o la carpintería, a cerca de un 7% menos. En este caso quedó marcado también que ningún hobby resultó el campeón: importa más la constancia y el disfrute que la elección de la actividad “correcta”.

No solo la mente: también el cuerpo

Los beneficios no se limitan a la cabeza. Un estudio que siguió durante 11 años a casi 13.000 adultos mayores de 70 años, en buen estado de salud al inicio, observó el efecto de 19 tipos de actividades cognitivas, sociales y culturales sobre la fragilidad, ese deterioro físico que vuelve a las personas más vulnerables a caídas, enfermedades y pérdida de autonomía.

Los resultados fueron modestos pero consistentes. Las actividades de estimulación mental (cartas, ajedrez, crucigramas, rompecabezas) se asociaron a una reducción de la fragilidad de alrededor del 4%, y las tareas vinculadas a la lectura y el aprendizaje (escribir cartas, usar la computadora, tomar clases) a un 2% menos.

Hubo además un dato curioso: las mujeres parecieron beneficiarse más, con una reducción de entre el 3% y el 6% en la probabilidad de volverse frágiles.

Los autores aclaran que no midieron el impacto de otros factores como el ejercicio o la alimentación, ya bien documentados, justamente para aislar el papel de las actividades sociales y de aprendizaje.

Cómo llevarlo a la vida cotidiana

La buena noticia de todas estas investigaciones es que las recetas son simples, baratas y, en muchos casos, placenteras. Entre las ideas que proponen los investigadores: mantener contacto regular con familiares y amigos, por ejemplo con un café mensual fijo en la agenda; priorizar actividades que ocupen la mente, como leer el diario, jugar al ajedrez o escuchar la radio; sumarse a un club afín a los propios intereses, sea de lectura, jardinería o tejido; y salir de casa, aunque sea para ir a la biblioteca, un museo o un restaurante.

Vale una aclaración: la mayoría de estos estudios son observacionales, por lo que no muestran una relación de causa-efecto. O sea: no prueban que armar un rompecabezas evite la demencia, sino que las personas con vidas más activas y conectadas tienden a envejecer mejor.

Se podría pensar que quienes ya están más sanos son, además, los que más se involucran en estas actividades. Pero como se trata de prácticas de bajo riesgo y muchas veces gratificantes, hay pocas razones para no incorporarlas. Al fin y al cabo, jugar a las cartas con los amigos ya era bueno antes de que la ciencia lo midiera.

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